Monitor Nacional
El nuevo Embajador de México en Washington: la promesa de la rendición de cuentas
Portada | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
9 de septiembre de 2015 - 11:30 am
Miguel Basáñez Ebergenyi-MN
Miguel Basáñez puso muy alto las aspiraciones que tiene para México, asegurando que el país debe pertenecer al G8 y no sólo al G20

El 2 de septiembre de 2015, el Senado de la República ratificó al nuevo Embajador de México en Washington: Miguel Basáñez Ebergenyi, personaje con una trayectoria notable. Conoce la política, la academia y la sociedad civil.

El nombramiento dividió a las fuerzas políticas. Antes de la ratificación, el 28 de agosto de 2015, en una reunión de las Comisiones Unidas de Relaciones Exteriores y de Relaciones Exteriores de América del Norte, presididas por Gabriela Cuevas y Marcela Guerra, respectivamente, el PAN y el PRD enfatizaron la demora en el nombramiento, mientras el PRI, en clara defensa de Basáñez, expresó el voto a favor para su ratificación. Llamó la atención el acuerdo no escrito generado entre Basáñez y Cuevas: visitas regulares al Senado por parte del primero. El mayor contacto entre los Embajadores y la Cámara Alta es un incentivo para mejor evaluar la política exterior, facultad constitucional de los Senadores.

Miguel Basáñez puso muy alto las aspiraciones que tiene para México, asegurando que el país debe pertenecer al G8 y no sólo al G20, realidad que sustenta tomando en consideración la importancia de la actividad económica de los mexicanos en territorio nacional y en los Estados Unidos. Su discurso incita a pensar que será un Embajador con un perfil “fuerte”, adjetivo que ha caracterizado más bien a los representantes diplomáticos de Washington en nuestro país a lo largo de la historia.

Una de las críticas al perfil de Basáñez es su falta de experiencia diplomática. Sin duda alguna, la diplomacia es una labor que requiere de una gran preparación, pero también de una importante capacidad para generar acuerdos y buscar el mayor beneficio para la nación a través de decisiones y acciones estratégicas. No haber ocupado algún sitio en Embajadas o Consulados o no formar parte del Servicio Exterior Mexicano no significa una ausencia de perfil para bien representar a México en el exterior. El Embajador ha aseverado que tiene 20 años de participar en la diplomacia ciudadana; sería adecuado que su argumento de defensa se transforme en un claro compromiso y, en consecuencia, abrace las demandas de los mexicanos como su principal motor de acción, pues en todo momento deberá recordar que no representa al gobierno de Peña Nieto, sino al Estado mexicano.

El nuevo Embajador se va de México con un sin número de peticiones por parte del poder legislativo y el poder ejecutivo: la encomienda de proteger a los mexicanos; fortalecer los vínculos económicos, energéticos, educativos; revisar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre otras. Pero, también parte con el compromiso de volver para rendir cuentas, porque no hay una verdadera defensa del interés nacional, si los representantes en el exterior no buscan como fin último el bienestar los mexicanos.

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