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El nuevo rostro de la fuerza política norteamericana: el ímpetu de un movimiento estudiantil

#Marchforourlives #neveragain

Tan sólo la semana pasada escribía sobre la importancia de la marcha estudiantil del 14 de marzo en Estados Unidos para poner fin a la violencia armada; una marcha que demostró los quiebres de la ciudadanía norteamericana pero que también evidenció un despertar sin medida entre aquellos que realmente buscan un cambio, una marcha que probó que la minoría silenciada ya no sería enmudecida. Ahora, tan sólo diez días después, miles de personas volvieron a inundar distintas ciudades del país, bajo el título de “Marcha por Nuestras Vidas”. Si la primera marcha del 14 de marzo mostró la fuerza implacable del movimiento, ésta última del pasado 24 de marzo, demostró que no hay oposición que les detenga; tanto que el brazo ultraconservador del país teme por la seguridad de sus intereses.

Desde las campañas iniciales del entonces candidato Barack Obama, no se había visto que dicha ala ultraconservadora entrara en el pánico en el que viven hoy. Se sienten amenazados por una multitud de liberales de todos los orígenes étnicos que saben cómo organizarse y transmitir un mensaje, que saben cómo manejar los medios y las redes sociales, y que no tienen otro interés más que el de terminar con el debate de las armas. Temen porque no tienen la más mínima idea de cómo callarlos. Porque la fórmula mágica que les había funcionado a los ultraconservadores tantas masacres atrás ya no les sirve: su modo de convencer a los civiles portadores de armas de ignorar las muertes, de olvidar los rostros de los caídos, su contra narrativa de la necesidad de más armas en los salones de clases para los profesores, la frase de es “muy temprano para politizar la tragedia”.

Y es que la fuerza ultraconservadora no sólo se topa con los miles que buscan poner fin a la violencia armada, sino que también se encuentran con aquellos que forman parte del movimiento en contra de la brutalidad policíaca, quienes el 27 de marzo demostraron su inconformidad y enojo tras el asesinato de Stephon Clark en Sacramento.

Pero la razón por la que la derecha extrema muestra su inseguridad de manera tal, no es tanto por el miedo a una marcha en contra de su preciada Segunda Enmienda; sino que es más por el miedo a una generación de líderes políticos americanos que se comienza a mostrar más, como la joven Emma González. Miedo a una generación a la cual tantas veces se refirieron como únicamente inmersos en las redes sociales. Miedo a que en algún momento, estos miles de jóvenes tendrán el poder político de votar; una imagen terrorífica para todos aquellos que dicen formar parte del discurso ultraconservador, como lo es el actual presidente Donald Trump.