Monitor Nacional
El peligro de preguntar
Divisadero | Eduardo Gonzalez
4 de mayo de 2016 - 6:36 pm
columna
¿Cuál es la esencia de la incomodidad y la reacción violenta de los gobernantes frente a los cuestionamientos periodísticos?

Ayer 3 de mayo se conmemoró el día internacional de la libertad de prensa. Una celebración, que al menos en México, en muchos casos es el día de las dos mentiras porque no tenemos garantizada la libertad de informar, ni tampoco la de informarnos; y en muchos casos los medios de comunicación no son dignos de llamarse “prensa”, pues más bien funcionan como pasquines y tribunas electrónicas al servicio de las elites poseedoras del poder. Son hartas las voces oficiales y oficiosas que empujan porque en México tengamos una “prensa” a modo de los poderosos. Una prensa que busca tener un rico filón en el negocio de “informar”.

En este contexto, el ejercicio periodístico realizado en nuestro país resulta una profesión de altísimo riesgo. La incomodidad que genera a los poderosos escuchar algunas de las preguntas planteadas por los periodistas, frecuentemente producen reacciones violentas que van desde las amenazas, el despido de su trabajo, la tortura, hasta el asesinato o la desaparición de los comunicadores o sus familiares.

De acuerdo con cifras del Programa de Agravios a Periodistas y Defensores Civiles de Derechos Humanos, dependiente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, del año 2000 a la fecha se han registrado 113 homicidios de periodistas, 20 desapariciones, y 49 atentados contra medios de comunicación. En lo que va de 2016, han sido asesinados seis periodistas. Estas cifras están en concordancia con el reporte de la organización Amnistía Internacional (AI), que señala a México (único país de América Latina en esa lista) como uno de los países en que más se persigue a los comunicadores, junto a Camerún, China, Turquía, Tailandia, Rusia y Azerbaiyán; en consecuencia nuestro territorio es uno de los países más peligrosos del mundo para los profesionales de los medios de comunicación (La Jornada, 4 de mayo de 2016).

La esencia del ejercicio periodístico es preguntar. Cuestionar de manera inteligente para obtener la información necesaria para explicar los sucesos  cotidianos. La pertinencia y profundidad de las preguntas están directamente relacionados con el grado de irritación que experimentan los poderosos; así como con el desvanecimiento de la seguridad de los comunicadores. Las preguntas inteligentes obtienen respuestas pertinentes, pero también acorralan a los cuestionados, quienes en la mayoría de los casos reaccionan violentamente.

¿Cuál es la esencia de la incomodidad y la reacción violenta de los gobernantes frente a los cuestionamientos periodísticos? ¿Qué tanto quieren ocultar las autoridades de todos los niveles y partidos políticos? ¿Por qué se irritan frente a las preguntas sobre el origen de sus exorbitantes fortunas personales?

¿Por qué la mayoría de ellos encuentra en las herencias familiares las explicaciones a su veloz enriquecimiento a su paso por el ejercicio gubernamental? En realidad quieren seguir usando el poder con total opacidad para beneficiarse aún más de los privilegios de “gobernar”. Tal vez suponen que los votos recibidos en las urnas, para aquellos quienes al menos aparecieron en las boletas, se significan como un “cheque en blanco” para ser utilizado en su beneficio.

Estoy convencido que un amplísimo número de nuestros “gobernantes” cumplen a cabalidad con las características de la kakistocracia (el gobierno de los peores), de ello y de su bajísima calidad intelectual, emana su intolerancia hacia los cuestionamientos.

A no dudar, se impone seguir cuestionando a los gobernantes, a los dueños del dinero, a los poseedores del poder. Una sociedad informada necesariamente es una comunidad más libre.

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