El periodismo en la nueva era digital y sus retos

Esta semana la fotografía de Julian Assange detenido por la policía de Reino Unido, recorrió el mundo. En 2006, Wikileaks y su fundador cambiaron al mundo, la revelación de los datos del Gobierno y la colaboración con los medios, transformó a la industria. Desde ese momento y durante casi 10 años el periodismo gozó de una gran credibilidad y reconocimiento, principalmente en los medios digitales. Lamentablemente, hoy el periodismo se encuentra en un periodo de profundo cambio y definiciones. El periodismo está siendo amenazado por diferentes frentes: el tecnológico, la desinformación, el acoso y la violencia sistemática en varias partes del mundo. Por ello, los periodistas deben iniciar una seria reflexión sobre los retos que tienen en puerta y las posibles soluciones.

 

Retos del periodismo

 

  1. La desinformación

 

Este viernes, el periodista Jorge Ramos acudió a la mañanera del Presidente, Andrés Manuel López Obrador. En este ejercicio periodístico citó una serie de datos del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública mismos que de acuerdo con el Presidente no eran los mismos que él tenía. La sorpresa vino hacia la tarde cuando el periodista Raymundo Rivapalacio informó que los datos estaban siendo manipulados para cuadrarlos con la información presentada por Presidencia. Éste es sólo un ejemplo de cómo los gobiernos están inventando, creando “alternative facts” para su beneficio. Pareciera que el fenómeno Trump está siendo replicado por los gobiernos de todo el mundo para acallar y confundir a la sociedad. La desinformación es la plaga del siglo XXI y el periodismo es la única vacuna que tenemos en contra de ésta.

 

  1. La violencia y el acoso

 

Siguiendo el caso antes mencionado, a los pocos minutos del desencuentro entre AMLO y Jorge Ramos. Los activistas digitales de MORENA incendiaron las redes, memes, críticas e insultos en contra de Jorge Ramos e inundaron Twitter. Lamentable éste no es un hecho aislado, es una práctica constante. Sin embargo hasta el momento ninguna red social ha querido tomar cartas en el asunto. Internet está hecho de patrones y ningún aspecto de las redes se salva de ello, por lo que no debería existir una enorme complejidad en rastrear esas cuentas que constantemente se dedican a acosar a periodistas y a quienes opinan distinto. El problema pareciera ser más un tema de negocio, pues dar de baja todas esas cuentas sería un mal negocio para las redes.

 

  1. La automatización

 

Esta semana se dio a conocer que ocho medios ingleses habían sido los primeros en adquirir un sistema automatizado de generación de notas. La automatización del trabajo periodístico es algo que viene planteándose desde hace tiempo, algunos medios como el New York Times han hecho algunos ejercicios. Todo parece indicar que la tendencia es transitar hacia ese nuevo esquema. El gran dilema que emerge es que, en un mundo donde existe cada vez mayor desinformación, ¿cómo podemos evitar que la manipulación gubernamental llegue a contaminar las nuevas redacciones digitales? El reto aún es enorme y sus consecuencias podrían ser muy peligrosas. No vamos a detener el progreso tecnológico como se intentó con la destrucción de las máquinas en el siglo XIX. Más bien, los periodistas tienen que ayudarnos a que las nuevas redacciones continúen siendo espacios críticos que informen a la sociedad.

 

La digitalización llegó al mundo con la promesa de una mayor apertura y transparencia. Algunos activistas como Julian Assange intentaron desafiar al sistema y apresurar esta transformación. No obstante, la realidad mundial ha cambiado y pareciera que la humanidad está volviéndose cerrada e intolerante. La libertad de expresión y de prensa cada día se ven más acorraladas por el odio y la manipulación. Esta nueva realidad está orillando al periodismo a convertirse en una de las profesiones más peligrosas del mundo. Ante esta realidad es necesario que la industria digital, especialmente las redes sociales, tomen cartas en el asunto. Comprometiéndose a garantizar que sus plataformas sean espacios libres de violencia y acoso.

 

“Democracy dies in darkness”, Washington Post