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El que tranza, no avanza

Afra Raymond, activista que ha luchado contra la corrupción en Trinidad y Tobago se encontraba a las afueras de Wall Street. Al voltear a ver al lado contrario de donde el venía en la acera observó a una mujer con una pancarta que decía:“Si no estás indignado, es porque no has prestado atención⬝. Dicha frase estaba dirigida al rescate que había hecho el gobierno de Estados Unidos  a empresas como Fannie Mae, Freddie Mac, City Grup, JP Morgan y otras tantas instituciones en 2008. Afra Raymond un año después estaría viviendo algo similar, cuando la empresa CL Financial quebró y el gobierno de Trinidad y Tobago compró 35 mil millones de dolares de “activos basura⬝. Esta acción puede ser interpretada como una medida para evitar una depresión económica, sin embargo, la compra de “activos basura⬝ de CL Financial se llevó de manera secreta y Afra, al ejercer su derecho de acceso a la información fue denegado con una pregunta: ¿para qué necesitas esa información?

La corrupción en México no es un hecho nuevo, es algo que hemos visto de manera generalizada desde el virreinato en la Nueva España.  Sin embargo, últimamente ha sido un tema que se ha posicionado en la agenda pública y ha puesto en el ojo de la sociedad civil a todos los niveles de gobierno. Tales son los casos de la casa blanca de Enrique Peña Nieto, los gobiernos de César Duarte en Chihuahua, de Javier Duarte en Veracruz, de Roberto Borge en Quintana Roo, el escándalo de OHL y Apolinar Mena Vargas, entre otros. El enojo de la sociedad civil fue manifestado a través de las casillas el 5 de junio pasado, en el cual únicamente cinco estados serán gobernados por el Partido de la Revolución Institucional (PRI). Este despertar de la sociedad y rechazo a la corrupción deriva de un descontento social generalizado.

La oferta de la corrupción se basa en la codicia empresarial y también del hombre común, aquel que ofrece dinero por dos razones: por convicción o por coacción. Por otro lado, la demanda de la corrupción se basa en los políticos, burócratas o aquellos servidores públicos que tienen un poder discrecional. Como en anteriores ocasiones lo han señalado especialistas del Banco Mundial, el hecho de que exista mayor burocracia implica mayor corrupción.  

La pregunta central es: ¿el sistema nacional anticorrupción podrá poner fin a ella? Me parece que no, si no se toma en cuenta también al hombre común que comete actos de corrupción y las razones por las cuales las llevan a cabo. Dotan de nuevas facultades a la Auditoría Superior de la Federación y al Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa, sin embargo, ¿dónde queda el hombre común?, ¿se limita únicamente a una responsabilidad penal o administrativa?, ¿quién va a perseguir los actos de corrupción a nivel local?, ¿el sistema nacional anticorrupción no es un sistema burocrático? Son aún muchos interrogantes que quedan, sin embargo, puedo concluir que si no se ataca la oferta, la corrupción no podrá erradicarse.

¿Qué podemos hacer para evitar la corrupción? Debemos comenzar por intentar cambiar nuestra mentalidad, debemos tener en cuenta antes de querer tomar la salida fácil a una obligación que con ello podemos afectarnos o a terceras personas. Debemos comenzar por generar conciencia a las nuevas generaciones de que el pago para obtener un beneficio a cambio, jamás será más beneficioso que poner las cosas en orden. Debemos comenzar a levantar la voz cuando veamos actos de corrupción y señalarlos, debemos también levantar la voz cuando intenten coaccionarnos para llevar a cabo actos de corrupción. Todo esto implica dejar atrás el pensamiento de épocas de la revolución de que “el que no tranza, no avanza⬝ y cambiarlo por “el que tranza, no avanza⬝.