Ver más de Opinión, Perspectivas

El recuerdo de un 19-S de 2017

El recuerdo de un 19-S

Por Mariana Rodríguez

Hace dos años, el martes 19 se septiembre a penas pasaban las 13 horas (para ser exactos las 13 con 14 minutos) cuando un sismo de 7.1 grados sacudió el centro del país y reavivó los recuerdos de quienes vivieron en carne propia la tragedia de 1985, aunque para algunos más, fue nuestro primer sismo de gran magnitud y las secuelas que dejó a su paso nos marcó para siempre.

Los primeros minutos después del desastre fueron como un bombardeo, noticiarios en televisión y radio reportando edificios colapsados, incendios, fachadas desplomadas, pidiendo a modo de servicio a la comunidad informes sobre la situación en equis o tal lugar. Personas en la calle o en redes sociales tratando de contactar a sus familiares, avenidas con autos detenidos convertidas en un mar de gente, helicópteros sobrevolando la ciudad… vaya, era como un Apocalipsis con la tensión permeando en el ambiente.

Sin embargo, la respuesta de los mexicanos ante las adversidades no se hizo esperar y apenas transcurridas un par de horas la ayuda comenzó a desbordarse. Hay quienes dicen que las redes sociales no sirven para nada, pero ese día fue el recurso más importante con el que contamos para informarnos, movilizarnos y colaborar.

Brotó la solidaridad, sobraban los centros de acopio, los alimentos para los voluntarios que ayudaban en las zona cero a quitar escombros, motociclistas, automovilistas o taxistas que ofrecieron sus vehículos para transportar víveres, herramientas e incluso personal médico a donde se necesitaba. Estas escenas en medio del caos eran la dosis de esperanza que todos necesitábamos en silencio.

Pero hoy a dos años de lo sucedido ¿qué nos queda? La hermandad con la que los mexicanos sin importar color de piel o clase social se unieron para levantar el centro del país a penas duraron un par de semanas. Los reclamos a las autoridades en turno perdieron vigencia. La insistente rendición de cuentas de los recursos que llegaban al país (llámese económicos o físicos) se extinguieron.

Ya nadie recuerda a las familias en Tlalpan, en Oaxaca e incluso en Morelos que continúan viviendo en casas provisionales o de campaña por el daño que sufrieron sus viviendas; a los fideicomisos que nacieron con el fin de beneficiar a estos grupos, se los tragó la tierra, nadie sabe qué destino tuvieron.

Juramos que tenemos memoria, pero lo cierto es que solo para lo que nos conviene. Sí, el mexicano será muy solidario y muy luchón, pero lo cierto es que su doble moral es tremendamente proporcional a sus virtudes.

De ese 19 de septiembre de 2017 solo nos queda el amargo recuerdo de la tragedia, el terror de la alerta sísmica (que al menos nos volvió un poco más precavidos) y el vago recuerdo de un puño en alto que decía #FuerzaMéxico.