El regreso de Videgaray

El nombramiento de Luis Videgaray Caso como nuevo canciller representa la primera acción, y por tanto la primera derrota, del “gobierno⬝ de Enrique Peña Nieto en respuesta a la próxima toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos el 20 de enero. Es importante recordar que presuntamente fue Videgaray quien promovió y concertó la visita de Trump. Prueba de esto fue la pronta renuncia del que se presume es el presidente de facto,tras la alta impopularidad de la visita del presidente electo estadounidense. Está demás decir que la mencionada visita fue un error notable de la administración peñista. Sin embargo, nombrar secretario de Relaciones Exteriores a alguien tan sólo por su supuesta cercanía con el vecino del norte no es un error menor.

Para comprender la medida del desacierto, resulta necesario saber en qué consiste la cercanía del recién nombrado titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) con el futuro titular de la Casa Blanca. La versión que circula en los medios de información es que Videgaray contactó al yerno de Trump, Jared Kushner, quien se sabe que también es un asesor de confianza del magnate, por medio de un amigo mutuo de Wall Street. Así, la apuesta de la administración peñista para manejar no sólo la relación bilateral con Estados Unidos, sino también las relaciones exteriores en su conjunto, se basa en un intermediario desconocido. Vaya error el de Peña Nieto al suponer que Trump cambiará su política hacia México por una precaria cercanía del canciller con su yerno.

Ahora bien, probablemente el principal error de este nombramiento reside en la (falta de) experiencia de Videgaray. Dado que en palabras de él “no es un diplomático, viene a aprender⬝. Sin duda, genera incertidumbre que en su primer discurso como titular de la SRE el señor secretario afirme no conocer el trabajo para el que ha sido designado. En un mundo ideal, los titulares de las Secretarías de Estado serían los más doctos en su profesión; no obstante, y por razones evidentes, no siempre es así. Y esto no es necesariamente negativo, en ciertas ocasiones es mejor tener a un político eficaz que lidere a un grupo de expertos que a un erudito que no sepa de política. Pero de eso a que el canciller afirme que viene a aprender, hay un largo trecho.

Finalmente, no se puede excluir de la discusión el hecho de que el Presidente nombre a su canciller en función de la relación con Estados Unidos. Ya que la llegada de Videgaray a la SRE responde únicamente a la esperanza, inocente por decir lo menos, de que sepa llevar las relaciones con Trump a buen puerto. Sin embargo, resulta una acción que expresa un mensaje de subordinación. En lugar de reaccionar con dignidad a los insultos y ataques de Trump y resaltar la soberanía nacional, Peña Nieto tomó la decisión de nombrar a su canciller para buscar el favor de quien nos utilizó como chivo expiatorio para su campaña. Incluso hay quien dice, y me incluyo, que la llegada de Videgaray a la Cancillería representa el primer nombramiento de Trump. Y eso que ni siquiera ha tomado protesta.

Estoy cierto que la política exterior de México debería regirse con dignidad y soberanía y no como subordinados de quienes gobiernan allende el Río Bravo. Si bien es cierto que llevar una buena relación con Estados Unidos es indispensable para nuestro país, también lo es que existen otros medios diplomáticos para hacerlo sin ceder cabalmente a sus presiones. Por eso y mucho más, el nombramiento del amigo de Peña Nieto en la SRE será una mancha más en el negro expediente del peñanietismo que pasará a la historia.