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El reto de una educación de calidad en América Latina

Por Paula Hernández 

Durante la década del 2000, la mayoría de los países en la región de América Latina lograron avanzar de manera considerable en cuanto a desarrollo social, crecimiento económico y, en menor medida, reducción de pobreza, generando un contexto favorable para el progreso de la educación. La UNESCO señala que “el foco en los aprendizajes es esencial porque releva el desarrollo efectivo de las potencialidades de los estudiantes que les permitan ejercer sus derechos, participar en la sociedad y tener una experiencia de vida digna”. Sin embargo, los niveles persistentemente altos de desigualdad y pobreza, así como la elevada proporción de personas que viven en áreas rurales, plantean dificultades adicionales para la expansión de la educación de calidad en la mayor parte de la región.

Según SERMARNAT la tasa neta de matriculación se puede definir como el “número de alumnos en las edades normativas inscritos para cursar el nivel o tipo educativo del que se trate, respecto a la población de la misma edad, expresado en porcentaje. Según la División de Estadística de las Naciones Unidas (UNSD, por sus siglas en inglés), la región de América Latina ha logrado aumentar su tasa neta de matriculación para la primera infancia de 52% al 66% entre 2000 y 2011, lo que demuestra el esfuerzo de la región por aumentar el número de niños que puedan tener acceso a una educación. Por otro lado, esto indica que todavía queda un largo camino por recorrer antes de que toda la población infantil en Latinoamérica tenga acceso a programas preescolares.

Mientras tanto, no cabe duda de que falta una mejor calidad de educación en la región. Los resultados del examen PISA, por sus siglas en inglés, (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) realizados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) demuestran que los estudiantes de América Latina obtuvieron resultados muy bajos. Chile obtuvo el puesto 51 de 65 países con mejor desempeño en la región y Brasil, la potencia económica de la región, se ubicó en el puesto 58, mientras que Perú ocupó el último lugar.

Como muchos casos con pruebas educativas estandarizadas, la metodología de PISA puede ser cuestionada. Varios críticos señalan que pocos países latinoamericanos participan en la prueba debido a que sólo participan jóvenes de 15 a 16 años, aparte de que no toma en cuenta la diversidad de contextos educativos dentro de los diferentes sistemas escolares de distintos países o regiones.

En otro examen internacional realizado por la UNESCO y el más importante de la región, TERCE (Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo), América Latina ha demostrado una incrementación en su puntaje entre 2006 y 2013. El TERCE, que abarca 15 países latinoamericanos (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay) además del Estado de Nuevo León en México, evalúa a niños en diferentes etapas de desarrollo y observa el contexto de cada escuela, ofreciendo un enfoque más completo que el sistema de evaluación de PISA.

Aunque ha incrementado paulatinamente el porcentaje de niños con acceso a la educación en la región, el principal desafío de América Latina sigue siendo la calidad de la educación, según el estudio del Banco Mundial, Profesores excelentes: Cómo aumentar el aprendizaje de los estudiantes en América Latina. En base a las observaciones de las escuelas, las aulas y los maestros en diferentes países de la región, el estudio indica que los estudiantes latinoamericanos pierden en promedio un día de clases semanalmente debido al uso ineficiente del tiempo por parte de los maestros (2015).

La prueba SERCE-2006 del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación de UNESCO proporciona la mejor información comparativa regional del desempeño académico de los alumnos de educación primaria. En ella participaron 16 países y se evaluó a los alumnos de tercero y sexto en lectura y matemática, y de sexto en ciencias. Aunque este tipo de evaluaciones mide un rango amplio de habilidades y conocimientos, un criterio básico de equidad sugiere focalizarse en los alumnos que no alcanzan un nivel mínimo de logro definido para su edad o grado y que corren alto riesgo de quedarse crónicamente rezagados en su proceso formativo.

Los resultados de esta investigación demuestran fuertes desigualdades en calidad de educación entre países. Por ejemplo, en Cuba, el 7% de los estudiantes del tercer grado no alcanzaron el nivel II de desempeño, mientras que en Panamá esta proporción fue de 49% y en la República Dominicana de 78%. Un gran factor que influye en esta desigualdad de calidad es la tasa de alumnos por profesor. En la región de América Latina y el Caribe, esta tasa fue bastante cercana al promedio en el año 2013, comparándola con otras regiones del mundo. En educación primaria la tasa fue de 18 alumnos por profesor y en secundaria de 15 alumnos por profesor.

Otro factor que contribuye a mejorar la calidad de educación es contar con profesores preparados y especializados. Para esto, se necesita asegurar que los profesores tengan las oportunidades para obtener su certificado como profesional en la docencia, así como mejorar sus condiciones laborales para fomentar e impulsar a la población a estudiar. Según los datos de la Revisión Regional 2015 de la Educación para Todos, el promedio de los 25 países con profesores certificados en educación secundaria en 2013 fue de 72%, con un 100% educadores titulados en Cuba y Bermudas.

El tener acceso a una educación de calidad permite que jóvenes latinoamericanos adquieran competencias para obtener mejores oportunidades en el mercado laboral. Según el comunicado de prensa de la UNESCO, “uno de cada doce jóvenes de América Latina y el Caribe no ha terminado la enseñanza primaria y carece de competencias para encontrar trabajo”, es decir, más de ocho millones de latinoamericanos entre 15 y 24 años necesitan buscar vías alternativas para poder adquirir las competencias necesarias para obtener acceso a un empleo digno y acceder a una “vida próspera”.