El rostro de la Latinoamérica indígena del siglo XXI

En Latinoamérica, los grupos indígenas han sido históricamente relegados, invisibilizados y negados como parte de la realidad socio-cultural contemporánea latina. Como región, estamos acostumbrados a exaltar el pasado indígena y apropiarlo como nuestro, pero solemos negar su realidad actual; una realidad inmersa en la pobreza, la desigualdad y el subdesarrollo.

Un censo realizado por la CEPAL en 2010 estimó que alrededor de 45 millones de personas indígenas vivían en la región latinoamericana; representando el 8.3% de la población total de la región. Siendo Guatemala (41%), y Bolivia (62.2%) los países con mayor presencia indígena; y Brasil (305), Colombia (102), Perú (85) y México (78) los países con mayor cantidad de pueblos indígenas. Es interesante destacar que a pesar de que Brasil cuenta con este título, en dicho país se concentran la mayor cantidad de pueblos indígenas en peligro de desaparición, de manera física o cultural.  

Los grupos indígenas se enfrentan a una situación que el Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas denomina como una injusticia perpetua. Aún en la actualidad, los grupos indígenas padecen de las consecuencias de las injusticias históricas, desde lo que alguna vez fue la colonización con la desposesión forzada de sus tierras y sus recursos, la opresión, la discriminación y el rechazo. De la misma manera, en el contexto contemporáneo, estos grupos han sufrido las consecuencias de un sistema capitalista que obliga a los países que buscan crecer económicamente a explotar sus tierras, su gente y a dejar de lado el desarrollo igualitario y transversal de la ciudadanía; y no solo esto, sino que en la búsqueda de este crecimiento, los Estados les han denegado ampliamente su propio derecho al desarrollo.  

La situación de pobreza y desigualdad que viven los grupos indígenas es una situación que se ha perpetuado y sistematizado; de acuerdo al informe “Latinoamérica indígena en el siglo XXI” del Banco Mundial, el 9% de las personas pertenecientes a grupos indígenas viven con menos de $1.25 dólares al día, 24% con menos de $2.5 y un 43% con menos de $4 dólares por día. En cuanto al acceso a la educación, el mismo reporte arroja que una persona que forma parte de una comunidad indígena, tiene menor posibilidad de asistir a una escuela de nivel primaria o secundaria.

El mismo reporte del Banco Mundial habla sobre una situación alarmante que muchas veces se pasa por alto: los problemas relacionados con el desplazamiento de población indígena hacia la ciudad. Esto crea nuevos retos para el desarrollo urbano, pero también problemas de exclusión. Casi la mitad de la población indígena de América Latina ahora vive en áreas urbanas; sin embargo, las políticas y programas de desarrollo de los Estados están diseñados en su mayoría, para el ámbito rural de los grupos indígenas. Las políticas públicas de los Estados han dejado de lado el fenómeno del desplazamiento, lo que causa asentamientos irregulares sin acceso a servicios básicos. Esto se ve reflejado en que la probabilidad de que un hogar indígena en zonas urbanas tenga piso de tierra y no tenga acceso a electricidad, es seis veces más alta que el de los grupos no indígenas.

Se puede decir, pues, que el desarrollo social y económico de los grupos indígenas no se ha dado de manera paralela al resto de los ciudadanos latinoamericanos, y claramente no se han visto beneficiados de la misma manera, siendo relegados del desarrollo capitalista de los Estados latinos. Los grupos indígenas son una parte fundamental de la cultura y sociedad latinoamericana, una parte que ha sido histórica y estructuralmente olvidada y negada. Sus voces son sumamente importantes para el desarrollo transversal y paralelo de la región, y es necesario comenzar a verlos como lo que son: una parte fundamental de la sociedad, cuyas voces son necesarias para el progreso igualitario de la sociedad latina.