Monitor Nacional
El ser humano hecho para dar y servir
Por la libre y con amor | Yadira Arzate
12 de mayo de 2017 - 12:57 pm
columnayadira-monitor
Muchas escuelas, preocupadas por desarrollar valores como la solidaridad, se unen a esta labor altruista tan importante en nuestra sociedad

Cuando se es niño, es difícil entender el significado de la palabra pobreza. Aunque en casa se tengan carencias, se aprende a vivir con lo que hay. Mi refrigerador no estaba lleno de comida y mis hermanos y yo estudiamos siempre en escuelas públicas. Teníamos solo un televisor en casa y vivíamos en un departamento con una recámara grande donde dormíamos cuatro. Realmente fuimos muy afortunados. Éramos una familia de clase media baja. Pero, independientemente de la pobreza o carencias que muchos tuvimos en nuestra infancia, la propuesta de este artículo es referirme a la pobreza del prójimo. En mi vida de estudiante nunca tuve la oportunidad de ayudar a alguien necesitado haciendo uso de mis recursos y habilidades. Mis papás daban limosna de vez en cuando a un mendigo en la calle o les daban ropa que ya no usábamos.

Hoy en día se han creado muchas asociaciones preocupadas por ayudar al prójimo: personas en situación de calle, enfermos, personas de la tercera edad, niños, etc. Veo que también muchas escuelas, preocupadas por desarrollar valores como la solidaridad, se unen a esta labor altruista tan importante en nuestra sociedad.

En el mensaje que el papa Francisco ofrece en la XXIX Jornada Mundial de la Juventud en 2014, menciona la importancia de preocuparnos por los pobres (incluye en su discurso a los pobres de espíritu): “…tenemos que preocuparnos de ellos, ser sensibles a sus necesidades espirituales y materiales. A vosotros, jóvenes, os encomiendo en modo particular la tarea de volver a poner en el centro de la cultura humana la solidaridad”.

La riqueza humana que se genera al desarrollar la solidaridad en las escuelas universitarias es realmente interesante: alumnos ya casi adultos que dedican tiempo a investigar qué problema social van a atender, de esta manera entran en contacto directo con su sociedad y sus necesidades. Eligen una asociación civil que ya esté enfocada en alguna de estas necesidades y entran en contacto con sus autoridades. Proponen alguna estrategia para mejorar el apoyo, o bien desarrollan algún método para mejorar las condiciones de la población a la que se ayuda.

Estos ejercicios aportan un enorme beneficio a corto y largo plazo que muchas veces los jóvenes no perciben inmediatamente. Involucrarse con su sociedad los sensibiliza y los inserta ya en la responsabilidad social de participar en el desarrollo de un país más equilibrado y justo. El dar sin recibir a cambio más que unas gracias, alimenta el alma y fortalece la autoestima pues da al ser humano la capacidad de doblar esfuerzos por un bien común.

El ayudar al otro no sólo beneficia al desfavorecido, nos ayuda a todos. Dice el papa Francisco también: “…los pobres no son sólo son personas a las que les podemos dar algo. También ellos tienen algo que ofrecernos, que enseñarnos…”.

Todo el aprendizaje que se hace presente en la acción social provoca una hermosa dinámica que fortalece al ser humano en todos los sentidos, ayudar es algo que está en nuestra esencia. Nunca perdamos la oportunidad de ayudar al otro pues la belleza y la grandeza de Dios se manifiesta desde el momento en que dos seres se dan la mano para dar y recibir, y la sonrisa que brota en ese momento no tiene precio.

TAGS: ,