Monitor Nacional
Enfrentar el vacío
Portada | Andrea Martinez
5 de agosto de 2015 - 3:32 pm
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La nada ha sido descrita como la raíz de nuestra existencia por varios pensadores

Los seres humanos dedicamos mucha parte de nuestro tiempo intentando mantener nuestras vidas bajo control. Predecimos el clima, la economía, nuestro comportamiento, nuestras preferencias, todo para tener una mejor idea de lo que va a suceder. No hay nada que provoque más angustia que la incertidumbre.Estudiamos y trabajamos para construir un futuro estable, minimizando los riesgos e intentando asegurar lo que se pueda en nuestras vidas. El no saber es un vacío. La incertidumbre es una nada profunda y negra donde nada se ve y nada se toca. Desesperación y angustia nos causa no saber nuestro destino,  no saber qué tan vulnerables somos, y sin embargo no hay espacio más libre y más certero que encontrar al vacío de frente. La incertidumbre es parte de nuestra existencia. Heidegger y Freud dirían que nuestros esfuerzos se enfocan a evitarla pero que no hay nada más humano que nuestro terror al ese vacío existencial incierto. El vacío revela nuestra vulnerabilidad y nuestra pequeñez como seres humanos. La religión, cualquiera que sea, se empeña en protegernos de la incertidumbre proveyéndonos de un ser supremo que lo ha decidido todo de antemano, o de una vida después de la muerte que intenta contestar una pregunta cuya respuesta más probable es “no hay nada”.

La nada ha sido descrita como la raíz de nuestra existencia por varios pensadores. Freud relata distintos casos en sus pacientes, cuya ansiedad se basa mayormente en su miedo a ser nada, a saber nada. La terapia psicodinámica de Melanie Klein describiría al bebé recién nacido como ya consciente de su terror a dejar de existir, sus alaridos producto de la proyección de su ser, desesperadamente afirmando su existencia. Para Klein el infante intuye el vacío y se aferra a su madre como objeto primordial de su apego.  En su libro El Ser y el Tiempo, Heidegger describiría a la nada como la base de la existencia, y años después, Jean Paul Sartre, respondiendo a Heidegger y Hegel, en su obra El Ser y la Nada, propondría a la nada como parte intrínseca y estructural de nuestro Ser. Lo que sus análisis tienen en común es que la nada es considerada parte del existir humano, el opuesto de la existencia pero sin el cuál la misma es imposible. La nada es origen y destino, pero también es esencia. El darse cuenta que el vacío que tanto se intenta evadir es parte de uno mismo, es lo que nos causa terror y angustia.

La presencia de la nada como aspecto estructural del existir también se da en otras culturas como el Budismo y el Taoísmo en China y en Japón. En concepto de sunyata en el Budismo Zen apunta a que todo está permeado por un vacío. Por otro lado, wu, en el Taoísmo significa no-existencia, no-posesión. En la tradición Taoísta, la nada es elemento esencial de cualquier acción. La razón de la existencia es la no existencia y viceversa, a partir de nada se crea, a partir de nada se existe. El Tao, o la interpretación del cosmos taoísta traducida como “el camino, el curso”, incluye ambos momentos como esenciales para la continuación de la naturaleza.

Además de luchar con la aceptación de que vivimos al borde del vacío, la nada también se puede ver como un espacio a ser creado, un espacio para afirmar la libertad. Soren Kierkegaard, existencialista católico, describe a la angustia que nos causa el “no-ser” como nuestro encuentro con la libertad. De forma similar, Jean Paul Sartre concuerda con Kierkegaard y apunta a la angustia como la apertura de posibilidad para tomar una decisión. La nada nos provoca angustia porque nos recuerda que antes que nada, existe posibilidad. Sartre ejemplifica esto con el estar literalmente al borde de un abismo, y explica que el miedo no surge del abismo, sino del darnos cuenta de que la posibilidad de aventarse hacia él recae en nosotros: Yo puedo ser un ser que ya no es ser, o puedo ser de otra manera.

Para Sartre y Heidegger el negar el vacío y la nada como parte de nosotros mismos es negar la naturaleza de nuestro Ser. Heidegger acusa de inauténticas a aquellas personas que viven el día a día cumpliendo con sus horarios, con las expectativas sociales, asegurando que todo sea igual para no tener demasiados riesgos. El individuo se esconde detrás del promedio para olvidarse de lo que realmente es: nada. Los horarios no tienen valor real, ni las expectativas sociales, pero es más fácil sumergirse en ellas que enfrentar a la nada. Sartre lo llama “mala fe”, el mentirse a si mismo sobre su propia naturaleza. Su ejemplo es el mesero pretendiendo ser mesero, calculando todos sus movimientos, jugando el papel que le toca jugar en la sociedad como ella misma lo espera. Para Sartre, el cumplir con nuestros roles sociales a la perfección es no darse cuenta de las posibilidades y los límites de nuestra existencia. Escapamos a nuestro ser y sin embargo continuamos siendo. La libertad y la nada son un vacío al centro de nuestra existencia, en ellos radica posibilidad, terror y angustia. Cuando seamos presentados con la oportunidad de experimentar tales aspectos esenciales en nosotros, tal vez podamos hacer un esfuerzo para no escapar, no evadir, y contemplar la nada desde dentro, hasta que nos llegue una respuesta.

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