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Equidad de género

La equidad de género aun no penetra en todas las áreas de la sociedad, me llamó la atención comprobar que tampoco en las PyMES (en las que se supone la igualdad de ingresos refiere a igualad de derechos), lo que ahora voy a conversar contigo enfatiza que los esfuerzos de igualad apenas inician⬦

Me encontraba de viaje buscando una clase de sombrero muy especial, incluso en el raro mundo de los sombreros ’que inexplicablemente cada día se usan menos’, hablaba de un sombrero de «cuatro piedras», para más referencia, el que usaba el General Francisco Villa. Con una actitud y empatía a toda prueba, Viviana ’la chica que me atendió en la tienda en la que estaba’ me aclaró que no había molde para un sombrero de «cuatro piedras», me explicó que no hay tantos clientes que usen ese sombrero y mandar hacer un molde sería incosteable, le expliqué que era para una dinámica que requería para mi conferencia al día siguiente a las 09:00 h, ya había visitado muchas tiendas, en todas recibí una negativa a mi solicitud, en cambio, en la tienda donde trabaja Viviana obtuve una solución ’de esas que todas las PyMES desean’ aunque esto implicaba tener una respuesta en tiempo y forma ante una solicitud realizada en domingo pasado el mediodía. Viviana me dijo:

’No hay manera de usar las prensas para hacer el sombrero, tendrá que ser una «obra artesanal», haré una especie de «dibujo» de las piedras en la copa del sombrero, una por una, así podré resolver su problema.

Me dolió en el alma cuando dijo que las prensas sólo las manejan los hombres, sí, en estos tiempos de igualdad de género, de marchas contra la violencia intrafamiliar… Viviana concluyó su explicación diciendo:

’No sé por qué es así, si todo lo hacen las máquinas, pero aquí así es, por eso estoy estudiando para ser maestra, pienso que esa es mi vocación, pero mi pasión está aquí en hacer los detalles de los sombreros.

Yo no podía creer lo que escuchaba mientras ella afirmaba que «aquí así es, yo no puedo hacer sombreros porque las prensas sólo las manejan los hombres», más me dolió cuando ’con un aire de resignación’ me dijo:

’Los hombres no quieren que yo repare sus sombreros, cuando llegan a la tienda y se dan cuenta que yo me encargaré de sus sombreros preguntan: «¿Ella es quien lo va a reparar?», entonces dejan muy claro que no desean que una mujer repare su sombrero.

Parecía que había retrocedido un siglo, nunca pensé que la discriminación se diera de esa forma, es más, Viviana aclaró que casi nunca quedan satisfechos los clientes cuando ella los atiende, la expresión que usó fue: «Me hacen muinas para no quedar contentos, nunca entienden que una mujer les puede asesorar sobre cuál es el mejor sombrero que les queda de acuerdo a su tipo de cara».

Fue tal su dedicación y consejos que daba a sus clientes que decidí adquirir un sombrero especial, aunque esto significó que tendría que regresar al día siguiente. Solícita, me mostró tal cantidad de estilos que me resultó imposible tomar la decisión correcta, me probé sombreros de vestir, de playa, para el rodeo, para la ciudad, etc., ella platicaba mientras seguía elaborando mi sombrero de «cuatro piedras», me dijo:

’Yo puedo «hormar» sombreros, sólo que no me dejan, sé que el negocio ha aumentado desde que trabajo aquí ’estoy seguro de que así ha sido, sólo de verla’ sin embargo, por ser mujer no me lo reconocen.

Le prometí que hoy escribiría sobre este tema, pues no podía creer que esta situación fuera real, ella me miró mientras sus ojos se humedecían (como diciendo para sus adentros: «aquí así es»). Le pedí que me orientara acerca de mi próxima adquisición, dijo que ahora se usa más el sombrero copa bonanza, así que, si lo que yo quería era verme como todos, sólo bastaba adquirir uno con ese tipo copa, pero si lo que yo quiero es ser especial, comprara un «roba vacas», ese es un sombrero diferente (además de que según ella va más con mi estilo), ella prometió que me vería diferente al resto.

Me explicó que ella se dedica a los detalles ’obviamente sin que los hombres se enteren’, llegó entonces otro cliente y me mostró con orgullo su sombrero, me dijo que él prefiere gastar un poco más en un buen sombrero, como el que traía puesto (tenía 16 años con él). Ella siguió conversando, dijo:

’Me gusta ese sombrero gris que escogió, pero el negro lo hace resaltar y lo puede combinar con más ropa y zapatos. Disfruto mucho lo que hago: poner los forros y las toquillas, saber cuál es la mejor para el cliente, pero siento que no me dejan, porque aquí así es.

Nos leemos en la próxima semana en «Emprende seguro», espero que aquí las cosas no sean así⬦