Monitor Nacional
Érase una vez un Hoy No Circula…
Termostato | Gabriela Navarro
12 de abril de 2016 - 8:09 pm
HNC-MN
Es claro que las medidas para mejorar la calidad del aire podrían ser tratadas de manera distinta

En marzo de este año, como una pesadilla de la que los capitalinos no pueden despertar, Mancera anunció que a partir del 5 de abril y hasta el 30 de junio todos y cada uno de los vehículos que transiten por las 16 delegaciones de la Ciudad de México y también los 18 municipios mexiquenses conurbados dejarán de circular un día a la semana y un sábado de cada mes, de acuerdo al color de calcomanía que corresponda según el programa Hoy No Circula.

Unos días más tarde la cosa se puso interesante, pues Mancera, tal vez en un intento fallido por agradar a los de conciencia más verde y a aquellos muy preocupados por la salud, dijo que si la contingencia continúa no sería un día a la semana que los autos no circulen, sino dos (más un sábado de cada mes). Los únicos autos que pudieron esquivar la pedrada son los de transporte escolar, de pasajeros, de residuos peligrosos y los que den servicio de seguridad pública y protección civil, por supuesto. Ya han pasado poco más de 10 días desde que se implementó esta medida por contingencia ambiental, los capitalinos están furiosos y a raíz de sus anécdotas de terror muchos nos hemos preguntado, ¿es esta la movida correcta? Valorémosla un momento.

Empezamos con el pie izquierdo.

El programa Hoy no Circula (HNC) comenzó a finales del ’89 como una restricción solamente aplicable a la quinta parte vehicular por un día de lunes a viernes. Después del ’97, se comenzó a premiar a los automovilistas cuyos autos tuvieran un convertidor catalítico; los autos fabricados después del ’93 fueron candidatos a estar libres de restricciones siempre y cuando pasaran las pruebas de verificación. Mientras tanto el transporte público olvidado por el programa, no fue sometido a ningún tipo de prueba o mejora importante.

Los números proyectados para el 2003 indicaban que el 20% del total de automóviles no estarían en circulación diaria, pero la realidad es que sólo se restringió la circulación al 7.6% del total de automóviles. ¿Acaso la SEDEMA fue demasiado optimista? No exactamente. Sus cálculos tal vez hubieran sido los correctos de no ser por un pequeño factor: el ingenio mexicano. Bueno, en realidad podemos atribuirlo al pésimo sistema de transporte público de la Ciudad de México y a las ganas tan grandes que tuvieron los capitalinos de no tener que hacer uso de ese mal transporte. La solución de los ciudadanos fue comprar más automóviles que cumplieran con las características establecidas en el programa HNC.

¿Cómo llegamos hasta acá?

Ahora bien, en la ciudad había más autos que podían circular libremente de los que había antes, lo que generó que el tráfico vehicular se multiplicara provocando menos movilidad, más ruido y más consumo y quema de combustible, resultando en más y más contaminación. ¿Recuerda el transporte público que el HNC dejó olvidado en un rincón? Bueno, pues ahí lo dejaremos una vez más. En respuesta a los inesperados índices tan bajos que presentaba el programa, se decidió en 2008 que los sábados se implementaría el HNC sabatino, el que conocemos hasta ahora.

En 2015 apostaron por modificar un poco el programa, pues se dieron cuenta que la edad del automóvil no era un índice certero de cuánto podía o no contaminar el auto, decidieron tomar como indicador exclusivamente los niveles de emisión del mismo. Finalmente, llegamos a las medidas temporales vigentes al día de hoy.

Por fin se acuerdan del transporte público.

Por si fuera poco en un comunicado difundido por Facebook, el Sistema de Transporte Colectivo Metro recién anunció que, muy oportunos, a partir del sábado 16 de abril cerrarán temporalmente tres de sus estaciones (Insurgentes, Moctezuma y Boulevard Puerto Aéreo), esto debido a una “primer etapa de modernización”, donde se hará la “renovación total de taquillas, pisos, muros, plafones, instalaciones eléctricas e iluminación, así como sistema de voceo y circuito de videocámaras”. A bonita hora, señor Mancera.

Me puedo imaginar a Mancera diciendo “Oh pues, ¿quieren o no que les mejoremos el transporte público?”, a lo que yo le respondo: claro que toda la ciudad quiere que mejore el transporte público, la cuestión es que lo ha querido y pedido desde mucho antes que comenzara la contingencia, y tomando en cuenta su buena reputación con construcciones de Líneas de Metro, probablemente quede mal.

Buena intención, mala ejecución

Nadie niega que el problema de contaminación en la Ciudad de México se está saliendo de las manos y necesita atención inmediata, pero también es claro que las medidas para mejorar la calidad del aire podrían ser tratadas de manera distinta.

El primer paso es una renovación real del sistema de transporte público (medida que ya deberían haber tomado desde años atrás), incorporándolos a las regulaciones y procesos de verificación del HNC, pues hablamos de camiones que visiblemente van soltando la humareda de contaminantes y poco más de 130 mil taxis que en su mayoría son viejos y están en mal estado, y que aun así les han permitido circular.

Si tomamos en cuenta que los impuestos ciudadanos son los que permiten el mantenimiento, la infraestructura y el buen uso de los servicios de transporte y movilidad (llámese pavimentación, semáforos, cajones de estacionamiento, parquímetros, policías de tránsito, etcétera.), con el HNC se les está privando a los ciudadanos de este derecho, pues ellos siguen pagando impuestos de tenencia y verificación sin obtener el beneficio completo. Hablamos entonces de una redistribución negativa del ingreso.

La Ciudad de México ciertamente hace mal en tomar medidas pensadas para ciudades de primer mundo. El caos generado en estos pocos días es solamente reflejo de la ineficiencia y la poca planeación a futuro que caracteriza a la ciudad y al país en general. Esta es la ocasión perfecta para que la ciudadanía se involucre y comience a ofrecer propuestas que den solución a las malas maniobras del HNC, esperemos que el espíritu de la participación ciudadana no se ausente por esta vez.

Gabriela Navarro.

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