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Es momento de mejorar el sistema educativo mexicano

Desde nuestra independencia, México se ha enfrentado a diversos obstáculos. Cada uno de ellos, lo ha dotado de características presentes hasta hoy en nuestros días. México se encuentra en un constante declive, la violencia es parte de nuestra vida y la corrupción se encuentra en su máximo apogeo. A tal grado que México, en Índice de Percepción de la Corrupción del 2016 realizado por Transparencia Internacional, obtuvo la calificación de 30/100 en una escala donde 0 es sinónimo de altos niveles de corrupción (IMCO, 2016). Sin contar que son pocos los mexicanos  que culminan sus estudios y las escuelas no son suficientes, un ejemplo es la educación media superior, la cual tiene una cobertura de 66.7%, de manera que cerca de 528 mil jóvenes se quedan sin estudiar (SEP, 2011).

Algunos de los padres se deslindan de la educación de sus hijos. La mayoría de los profesores son mal remunerados e incluso menospreciados. Las escuelas están decadencia y cuentan con bastantes puentes –sin contar que un viernes de cada mes se suspenden las clases, debido a las juntas de los profesores-. Tal como señaló Claudio González, presidente de Mexicanos Primero, los que reciben la peor educación son los pobres, ya que las comunidades indígenas y rurales tienen las peores instalaciones y docentes menos preparados (como se citó en Becerril, 2014).

La educación es la base de cualquier sociedad. Si tomamos en cuenta los puntos anteriormente expuestos nos damos cuenta de que el sistema educativo mexicano deja mucho que desear. Después de todo, la mayoría de las instituciones mexicanas egresan estudiantes y no ciudadanos comprometidos, debido sobre todo a su mal o nulo programa de ética y ciudadanía. Es por esto que el sistema necesita mejorar. Si se tomaran en cuenta aspectos del sistema educativo japonés y se adoptaran en el nuestro, probablemente se podría observar un progreso en la educación mexicana.

Actualmente, el sistema educativo mexicano, tal como lo describió Dresser, está enfocado en crear jóvenes apáticos que se hinquen delante de la autoridad, entrenados para obedecer en vez de actuar, educados para memorizar en vez de cuestionar, entrenados para aceptar los problemas en vez de resolverlos (como se citó en UCOL, 2014). Sin contar que se nos está entrenando en la complacencia, resignación y justificación gubernamental.

Es por esto que deberíamos adoptar el objetivo primordial del sistema educativo japonés, que es la formación de ciudadanos seguros de sí mismos, en una nación democrática, que respeten los derechos humanos y sean amantes de la paz y la verdad (Fuiji, 2015). A diferencia de México, la mayoría de las escuelas japonesas están enfocadas a la enseñanza de valores morales, actitudes y en el desarrollo de la personalidad-carácter (Agencia YEA, 2012). Entre las materias que se estudian en Japón y no en México se encuentran las tareas del hogar, un programa de estudios integrados que incluye voluntariado desde la escuela elemental, y cursos de educación moral (Miravalles, 2016). Sin contar que todas sus actividades están pensadas en desarrollar la capacidad de resolver problemas, trabajar en equipo y colaborar por un fin común (Ramírez, 1993).

En Japón, antes de cuarto grado no se presentan exámenes, ya que no se juzga el conocimiento o el aprendizaje, sino que se les enseña a ser buenos ciudadanos. No sólo en base a teoría sino a través de acciones. Tal es el caso de la colaboración en tareas de limpieza en aulas y baños o servir las comidas. Hay que tener en cuenta que si esto se replicara en México, la mayoría de los alumnos se quejaría con sus padres y estos a su vez, con las instituciones. Mientras en Japón se enseña a cuidar de los espacios públicos y limpiar lo que uno ensucia, a los mexicanos se nos ha enseñado a esperar que la persona del aseo se encargue de limpiar lo que ensuciamos. Asimismo, a todos los estudiantes japoneses se les proporciona almuerzos saludables cocinados de acuerdo a un menú estandarizado desarrollado por cocineros calificados y profesionales de la salud (Carmi, 2016). Mientras que en México esto depende de los alumnos, sin contar que varios estudiantes de escuelas públicas no llevan lunch ni mucho menos dinero para aforar uno.

El calendario escolar japonés cuenta con menos vacaciones que en México,  las cuales abarcan del 20 de julio al 31 de agosto en verano, diez días entre diciembre y enero y otros diez entre marzo y abril (Miravalles, 2016). Si este calendario se aunara a un programa de alimentación dentro de las aulas escolares, las familias que apenas alcanzan para lo básico, tendrían asegurada una de las comidas de sus hijos por un mayor periodo escolar. Sin contar que se podría abarcar un mayor contenido, mezclar actividades extracurriculares o incluso disminuir la cantidad de tarea ya que se contaría con mayor tiempo dentro del ciclo escolar.

Hoy en día, las instituciones mexicanas necesitan fomentar la aplicación del conocimiento en la vida diaria y la búsqueda de soluciones a problemas específicos. Es por esto que, sin pretender elevar el sistema educativo japonés a la categoría de modelo adaptable y exportable a cualquier país, se debe hacer hincapié en las virtudes que han sido exaltadas con anterioridad y adoptarlas al sistema educativo mexicano.

Urge aumentar la cantidad y calidad de instituciones educativas para tener más egresados, sobre todo a nivel preparatoria. Como en Japón, donde el 98% de los graduados ingresan a la preparatoria (Web Japan, s.f., p. 3). También se debería valorar más el trabajo de los maestros –como en Japón, donde es una de las profesiones mejor pagadas del país (Fuiji, 2015)-, y aumentarles su paga para motivarlos a que realicen mejor su trabajo, ya que de ellos depende el futuro de México. Asimismo el gobierno debería de crear nuevas y mejores escuelas no sólo en comunidades urbanas, sino también en las rurales para darles un acceso a la educación más equitativo.

Al llegar a este punto, hemos identificado las áreas de oportunidad que tiene la SEP. Además, hemos contrastado nuestro sistema con el sistema educativo que se utiliza en las instituciones japonesas y los graduados que de estas egresan. En vista de esto, nos damos cuenta que si adoptáramos algunas medidas del sistema educativo japonés en el mexicano lograríamos grandes avances. Entre ellos, respetar más el trabajo que realizan las personas dedicadas al aseo y así mismo a cuidar más los espacios públicos; aumentar la participación ciudadana en procesos democráticos;  y proporcionar una alimentación idónea al alcance de todos los estudiantes que les enseñe a comer saludablemente disminuyendo así los riesgos de obesidad y diabetes. En definitiva, se necesita replantear el sistema educativo mexicano ya que al ser base de nuestra sociedad, debería ser capaz de egresar a una mayor cantidad de mexicanos y sobretodo empezar a egresar ciudadanos comprometidos con el futuro de nuestro México.