Monitor Nacional
Es tu culpa, por ser mujer
El legado de México | Cassandra Murillo
14 de abril de 2016 - 6:38 pm
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La cantidad de feminicidios se ha vuelto cada vez mayor, y parece que la alerta continuará por un largo tiempo

El pasado 8 de febrero se declaró al estado de Jalisco en alerta de género por la cantidad de feminicidios perpetrados (La Jornada, 2016). Hoy, después de más dos meses la situación ha empeorado. La cantidad de feminicidios se ha vuelto cada vez mayor, y parece que la alerta continuará por un largo tiempo.

La Organización de las Naciones Unidas Mujeres define feminicidio como “muerte violenta de mujeres, por razones de género, ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión”.

No es sorpresa ver cada día en las noticias, que se cometió un asesinato en contra de una mujer, o hablar de secuestros, golpes y tortura hacia el género femenino. Frente a esta situación, no tardan en aparecer las recomendaciones por parte de la sociedad, tratando de cuidar a sus hijas, sobrinas, amigas, etc., donde se intentan crear “estrategias” para aquellas que se ven envueltas en una enorme vulnerabilidad debido a su condición. . . ser mujeres.

Haciendo parecer que ser mujer es un delito que deben de pagar si es que no cumplen con las expectativas de una sociedad con tendencias machistas y de doble moral.

Es irónico observar cómo una parte de la sociedad se enfoca en que la mujer sea “respetada” con prácticas comunes como dejarla pasar primero, abrirle la puerta, saludarla de beso, etc. Mientras otra parte, que en ocasiones termina convergiendo en la misma, recrimina a toda aquella que no cumpla con el guion y rol que la sociedad le ha dado.

Es indignante que al saber sobre un feminicidio violación, las primeras preguntas que vienen a la mente son respecto a lo que la mujer hizo para merecer haber sido atacada. Se le recrimina por no haberse quedado en su casa en la madrugada, por ir vestida “provocativamente”, o por no haberse cuidado lo suficiente. Pero. . . ¿porqué?, ¿qué pasa en la sociedad que en lugar de reaccionar frente a un acto tan repudiable intente encontrarle una justificación?, la respuesta se encuentra en las prácticas más comunes.

Anteriormente, mencioné las recomendaciones que se le hacen a la mujer para que no sea tan vulnerable, y que desde el punto de vista de aquellos que sí las quieren proteger, parecen lógicas, viables y necesarias. Sin embargo, hacer esto es intentar tapar el problema; es decirle a la mujer que no se busque que la maten o agredan.

Dándoles prácticas de defensa como salir con un silbato en la noche para alertar si van a sufrir un ataque, o que aprendan a defenderse porque lamentablemente la vida cotidiana marca como normal que exista una alta posibilidad de ser atacada. Pero, no nos detenemos a pensar ¿de dónde viene esto?, ¿de dónde saca su raíz este gran cáncer social?. Y, lamentablemente no queremos hacerlo porque implicaría voltear a ver nuestras propia actitudes, que parecen inofensivas y triviales, pero que son las que generan este fenómeno.

Es muy fácil sentirse “bien” por no ser tú quien comete el crimen, y sentirse “mal” al leer una noticia que trate sobre esto, pero después volver a la vida común olvidando lo que pasa en la sociedad, porque, no es tan fácil voltear a ver que este mal se expresa en las acciones más comunes que nosotros mismos hacemos. Expresiones como nena, vieja, fácil, zorra, puta aparecen a diario en un lenguaje que parece no notar que están ahí y utilizarlas con una facilidad sin ver, o querer ver, sus verdaderas implicaciones.

Además, conversaciones cotidianas que se dan en el trabajo, escuela, casa, etc., evidencian el poco valor que como persona se le da una mujer.

Dentro de estos espacios, me parece increíble escuchar pláticas donde hombres y mujeres discutan sobre lo “fácil” que una niña es, lo “zorra” que es, y por consiguiente, disminuyen su valor como persona, porque, una niña que no actúa como está establecido merece que se le digan palabras como estas, merece que no se le respete, porque ella no se da a respetar, porque su valor como persona se redujo; pero, no se escucha una recriminación hacia los hombres que estuvieron con ellas, por el contrario, se justifican con la idea de que son hombres, es su instinto, es “normal”, y cuando se comentar sobre esto, ocurre un efecto contrario, donde el hombre será visto como un campeón, “crack”, entre otras expresiones que incitan y felicitan dichas acciones.

También, se escuchan frases donde la supuesta inferioridad femenina se ve expuesta, oraciones como: “esa que va manejando de seguro es mujer”, “claro tenía que ser vieja”, “deja de llorar, parecer niña”, aparecen a diario en diferentes contextos, donde no nos detenemos a pensar el verdadero significado que tienen, asumiendo que ser llamado mujer por automático es malo.

De manera que la sociedad, es decir, todos nosotros, inconscientemente las reproducimos, porque lamentablemente, es lo “común”, porque por desagracia es “normal” leer noticias sobre feminicidio a diario, porque se ha vuelto parte de la vida normal que una mujer deba de tener más cuidado, que aprenda no sólo a defenderse sino a “evitar provocar que la agredan”, ya que “es su deber”.

Haciendo y aprendiendo las prácticas para combatir un problema que tiene su raíz en otra parte y que por lo mismo no encontraran su solución en en estas prácticas; porque el problema no está en la “capacidad” de una mujer por poder defenderse de un ataque, sino que el problema se origina desde la crianza, en la escuela, en la casa, en la calle, donde no se enseña a respetar a la mujer por su valor como persona, sino la manera en la que su comportamiento encaja o no en lo que la sociedad acepta.

No se enseña a entender que si ella dice no, es no, que si ella no quiere no se le debe de obligar, entender que la mujer no puede estar atrapada en una caja para que sea la única manera de no ser atacada. Pero sobretodo, es entender que esas pláticas que parecen tan comunes tienen un impacto en la manera en que pensamos y nos dirigimos; que esas expresiones que no suenan a machismo, lo son y esas prácticas “comunes” apoyan a la idea de que la mujer es inferior y que ciertas acciones bajan su valor como persona, de tal manera que merece ser atacada verbal o físicamente por no comportarse como debería, de manera que el ser agredida es su culpa, por ser mujer.

Si en verdad queremos cuidar a las mujeres, si en verdad queremos que esta situación termine, lo primero está en revisar nuestras propias acciones, pláticas, relaciones, etc. y entender que en manera nosotros mismos estamos involucrados en la solución a esta violencia generada dentro de la misma sociedad, y que lamentablemente sin darnos cuenta y con acciones comunes hemos justificado e ignorado la grave situación que se vive.

Dejando que el problema escale de tal forma que la mujer debe de luchar por no ser atacada y que sea la culpable de los mismos ataques que recibe.

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