Ver más de No te enchiles wey

Eso que llaman «viajes de placer»

Yo no sé tú, pero no hay viaje que haga que no empiece con los nervios desatados, enloquecidos y mosqueado con mi mujer la sioux, con los niños, con quien inventó el veraneo, el aceite de oliva, la sandía, con⬦ arranco el coche, pongo la primera, segunda, tercera y a toda pastilla hasta que pasan 20 o 30 kilómetros y me calmo. Y no hablo de un viaje a la Luna o a Júpiter, no, que va, sino de una simple excursioncilla, por ejemplo a Castilla, a pasar unos días a un pueblo de Don Quijote de la Mancha y nada más.

No sé, debe ser algo intrínseco con el ser humano o será el temperamento latino, ni idea. Lo que sí sé es que lo planificas todo el día anterior para salir a las 10 de la mañana⬦ pues imposible, siempre pasa algo; que si no aparecen unos zapatos, que si el niño quiere agua, que si falta un bolso, que si el bañador, que si las toallas⬦ yo que sé, algo siempre pasa. Y aunque todo esté perfectamente organizado, milimetrado, calculado, e incluso todo metido en el coche, y estés ya dispuesto para salir pasa lo que tiene que pasar.

¿Y qué es lo que pasa que tiene que pasar? Pues que empiezas con las paranoias de si habré cerrado el butano, que si la luz, que si el agua⬦ pero lo peor no es que entres en casa y lo revises todo, no, eso sería la felicidad; sino que como tontiño que eres, en cuanto sales de casa te preguntas. « ¿Pero seguro que habré apagado el butano?».

Y lo peor de todo es que sabes perfectamente que sí, que lo has apagado porque recuerdas incluso el movimiento que hiciste con la mano para desconectar el tapón de la bombona, pero nada, aunque te pusieran un vídeo, vuelves a entrar y otra vez a la condenada cocina y, en efecto, claro que lo apagaste, y cuando vas a salir, a repasar de nuevo la luz, el agua y por momentos piensas «¿pero qué pasa, me voy de viaje o estoy haciendo una inspección de la casa, pero soy periodista o un empleado de Instalaciones Martínez, especialistas en luz, butano y agua y todo al alcance de su mano?».

Y cuando has hecho como cinco comprobaciones cierras la puerta, pero tío ¡¡¡cómo la cierras, que la vas tirar!!!; ¡¡¡pero so bestia, cuántas vueltas quieres darle a la llave, que son dos, como siempre, o es que hoy van a ser 600!!!!. Y al final, el toque delicado, ese que cualquiera que te vea exclamaría: «¡¡¡será animal!!!», un empujonazo por si abre que a punto estás de destrozarla.

Yo te lo juro que hay viajes que estoy por veranear en el descansillo de casa, montar allí una tienda de campaña y cuando me dé el punto de descerebre entrar e inspeccionar todo de nuevo: la luz, el agua, el butano⬦

Pero es que esta demencia en los viajes es como una persecución porque cuando ya llevas 50 kilómetros recorridos, tu mujer dice: «¿Habré apagado la plancha?». «¿Qué plancha?», preguntas acongojado, y te responde, «pues cual va a ser, la de planchar⬦». Y comentas, «pero si no planchaste nada», y te contesta «¿estás seguro que no planché nada?».

Y tú, que has apagado el butano como veinte veces, cuarenta la luz y unas 3.000 el agua, dices con toda naturalidad, «claro que no estabas planchado anda, no te preocupes».

Y mientras lo dices, te lo juro que por momentos te imaginas un incendio del copón, todos tus vecinos con quemaduras de segundo grado, vendados hasta los pies y diciendo: «La culpa es del periodista ese, el Guisande que⬦» Y para entonces entras en una curiosas metamorfosis; estás convencido de que todo quedó perfecto, controlado, y si ibas hacia un pueblo de la Mancha, más feliz que una perdiz, aceleras el coche y como si las quemaduras son de quinto o sexto grado exclamas: «¡¡¡De vacaciones, familia, ancha es Castilla!!!».