Monitor Nacional
Estado Islámico: no es religión, son nuevas estrategias de combate
Opinión | Luciano Quadri Barba
19 de enero de 2016 - 9:52 am
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¿Podría ser que el terror desarrollado por los “débiles” musulmanes radicales sea la estrategia más efectiva para contener las opresiones que occidente ejerce en Medio Oriente?

De vez en cuando el marxismo se reinventa. Atinadamente lo ha hecho David Harvey al describir la urbanización del capital y otros autores sobre las nuevas teorías neo marxistas sobre densificación urbana, por cierto, tema fundamental hoy para dilucidar ciudades sustentables y métodos eficaces en materia de adaptación al cambio climático. Personalmente, y aunque me considere un profundo liberal, considero que el fanatismo religioso no es más que una lucha clásica por el poder; un método de dominación que desarrolla técnicas de opresión como manipulación,  tipos de “guerrilla” –para efectos de este artículo terrorismo- debido a los atrasos tecnológicos de los Estados o grupos en desacuerdo con la geopolítica en turno. La guerra “normal” producida desde las falanges griegas hasta el control de los mares por los británicos y los estadounidenses aparentemente no tiene igual en cuanto a poder militar, hasta que el terrorismo de unos cuántos pusilánimes astutos que rompieron las reglas clásicas de la guerra pusieron en jaque a Occidente utilizando a civiles como blancos y escudándose en ellos.

A lo largo de la historia euroasiática, un arco y una flecha eran las “armas de destrucción masiva” para el medio oriente y el Asia central. Los macedonios, romanos, mongoles, otomanos y europeos flanquearon y asediaron a los nómadas centrales, sin embargo, la indomable Bactria, hoy Afganistán, nunca pudo ser controlada. Ni siquiera la expansión soviética pudo someter a los escurridizos afganos. La guerra de guerrillas, la escarpada geografía, los páramos desérticos y las cordilleras como murallas hicieron de esta región un lugar indeseable para invadir y conquistar.

Los 300 que enfrentaron a cientos de miles de persas en las Termópilas triunfaron moralmente por una gran estrategia militar impecable, entrenamiento y armamento modernísimo para la época. Los dos mil británicos que contuvieron y derrotaron a 25 mil zulúes en Sudáfrica lo hicieron por los mismos elementos anteriores; igual los valientes rusos de Stalingrado en 1945. Vietnam es otro ejemplo de nación que utiliza el concepto de “guerra de guerrillas” al igual que México.

¿Podría ser que el terror desarrollado por los “débiles” musulmanes radicales sea la estrategia más efectiva para contener las opresiones que occidente ejerce en Medio Oriente? Sin ahondar en la deplorable moral de los atentados que acostumbran, ha sido una técnica de guerra que desde hace varias décadas ha ido consolidando un choque de civilizaciones como S. Huntington predijo. Y se ha estado fortaleciendo al grado de que hoy existe un Estado Islámico con capacidades y armamento suficientes como para sobrevivir día a día los embates de las potencias aliadas.

Los drones, portaviones y bombarderos Sukhois rusos no han hecho mella en la desmembrada Siria oriental ocupada por los extremistas. Por el contrario, el Estado Islámico se extiende como un fantasma por todo el mundo amenazando con estallar cualquier Starbucks o forma de vida occidental. Una paranoia terrible que pudiera ser una nueva estrategia de guerra que culmine en el aislacionismo de las naciones occidentales aliadas.

Habrá que considerar al terrorismo como una estrategia de guerra efectiva y desarrollar nuevos mecanismos para que Occidente y Rusia puedan ganar esta batalla. El sistema de ataque y defensa del Estado Islámico es frustrante y va ganando.

Independientemente de los diversos análisis históricos que explican el caótico rompecabezas del Medio Oriente en el que toda las súper potencias han participado a través de la historia, es decir, en vez de seguir señalando culpables que justifiquen este conflicto de terror, EE.UU., el Reino Unido, Rusia, Francia, Alemania y la Liga Árabe debieran extender la diplomacia y estrategias militares hacia mecanismos de defensa mucho más radicales –porque paradójicamente el E.I. lleva la ofensiva-.

Lo interesante de esta escalada estratégica es que tal vez no tenga nada que ver con bombardeos y cierres de fronteras sino con astucia diplomática y con contraterrorismo psicológico que desintegre al Estado Islámico y lo funda con los Estados árabes circundantes más progresistas.

De vez en cuando, entre siglos, la guerra se reinventa, pero algo es constante; la crueldad aumenta exponencialmente y el exterminio va sucediendo a las conquistas territoriales.

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