Monitor Nacional
Ética Pública
In-Pulso SocioPolítico | Maria E Plaza
5 de abril de 2016 - 1:35 pm
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No hay nada de moralino en esta opinión; sí, mucha aprobación a las herramientas ciudadanas de participación y transparencia

A lo largo del pasado siglo, el desarrollo político en su versión occidental estuvo conformado bajo una visión de gobierno generalizada en un régimen: la democracia.

Este tipo de gobierno implica una apertura natural a la participación de las y los ciudadanos. Sin embargo, a pesar de los múltiples esfuerzos que ha costado la instauración de este régimen en varios países, parece ser que la principal fortaleza del mismo, es decir, el actuar ciudadano, se encuentra en problemas.

La red de corrupción que han expuesto los “Papeles de Panamá” demuestra que no importa la condición de la democracia en la que se encuentre un país, la verdadera fuerza, de cualquier sistema político, se encuentra en el comportamiento de sus ciudadanos, principalmente de aquellos que han accedido a espacios de poder. Este proceso se basa en los derechos y obligaciones de la ciudadanía, mismo que no estaría completo si no se vincula con la Ética en el servicio público.

Quizás suene un poco descabellado esta relación, pero en el marco de la credibilidad, el gobierno abierto, la información e incluso la gobernanza, la Ética Pública (como la conceptualizaremos) debe presentarse en los momentos de mayor crisis del régimen democrático, una carga expuesta en tres niveles:

1. Entes gubernamentales: en el desarrollo positivo de las acciones que se encuentran a su resguardo (información, confidencialidad, eficacia, eficiencia).

2. Servidores públicos: bajo el mandato leal de un uso adecuado de los recursos públicos y de su reputación.

3. Sociedad en general: participando activamente, bajo el Estado de derecho, de sus derechos y responsabilidades.

Estos tres niveles deben interactuar entre ellos positivamente y retroalimentarse en un marco de transparencia, todo ello con el fin de erradicar, lo mejor posible, la corrupción, elemento que merma las instituciones y los lazos de confianza. Es aquí en donde aparece la Ética Pública como la base de las conductas, los criterios y los valores en los que se sustenta la democracia. Lo que lastima a las y los ciudadanos a nivel internacional en este contexto de los “Papeles de Panamá”, son las pocas herramientas con las que contamos para evitar estos actos frente a una Ética Pública minimizada en todos los sentidos.

Y, por cierto, no hay nada de moralino en esta opinión; sí, mucha aprobación a las herramientas ciudadanas de participación y transparencia.

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