Monitor Nacional
Fidel Castro Ruz
Opinión | Eduardo Gonzalez
29 de noviembre de 2016 - 12:07 pm
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Desde el triunfo de la revolución cubana, Castro se empeñó en levantar una sociedad donde el valor de la autodeterminación, la no intervención y la independencia fueran los pilares

Como los grandes personajes de la historia, Fidel Castro Ruz posee varias facetas. Tantas como los sentimientos encontrados que genera entre sus detractores y sus partidarios. La mejor forma de entender y aprehender al comandante es mirando la revolución cubana con sus presencias y sus ausencias; con lo construido y lo que deberá levantarse; con lo realizado y lo pendiente de urgente resolución para oxigenar la vida política y económica de la isla. Resulta imposible poner a Castro de un solo lado de la historia, mirarlo con una sola lupa, su figura fue tan grande que ocupa varias aristas del devenir latinoamericano y mundial en los últimos sesenta años. Sin más, la historia latinoamericana del último medio siglo no se entiende sin Fidel Castro y la revolución cubana.

A lo largo de sesenta años, aún retirado del poder, Fidel Castro proyectó y colaboró para construir una sociedad donde sus habitantes, a pesar de los escasos recursos y el permanente acoso militar, político, económico y comercial de Estados Unidos, tuviesen acceso a una vida digna donde estuvieran cubiertas sus necesidades básicas de educación, salud, cultura, deporte y esparcimiento en un contexto de independencia. No es fácil lograr eso a cien millas de la Unión Americana, y bajo un sistema socialista que rechazaba la Casa Blanca.

Desde el triunfo de la revolución cubana, Castro se empeñó en levantar una sociedad donde el valor de la autodeterminación, la no intervención y la independencia fueran los pilares para soportar la nueva organización sociopolítica y económica instaurada en la pequeña isla caribeña a partir de enero de 1959. El proyecto se edificó salvando varios escollos, desde los más de seiscientos treinta intentos de asesinato, la crisis de los misiles, la invasión a Bahía Cochinos, la puesta en marcha de la ley migratoria conocida como Ajuste Cubano, la caída del muro, hasta la desintegración de la Unión Soviética, y la enfermedad del comandante que lo retiró del gobierno en 2006 luego de estar al frente de la isla 47 años.

Si bien, fueron muchos los logros alcanzados bajo su mandato, también es cierto que algunos pendientes no fueron resueltos. Por ejemplo otorgar mayores libertades políticas en la isla para que la oposición se manifestará y dejará en claro los caminos por los cuales quería caminar. La constante presión de Estados Unidos volvió al régimen cubano en un actor con bajos niveles de tolerancia a las ideas políticas diversas. Estoy cierto que lejos de debilitar al régimen de la isla, la apertura política para la libre participación de la oposición hubiese fortalecido aún más al gobierno castrista. Hoy lo podemos ver con las reformas económicas puestas en marcha por el presidente, Raúl Castro y la normalización de las relaciones diplomáticas con Washington. Para mirar por el retrovisor de la historia la obra de Fidel Castro, se impone voltear a ambos lados de su vida para tener una visión más completa y acabada de sus logros y fracasos.

En el XVII Congreso del Partido Comunista de Cuba, el comandante pronunció su último gran discurso, en él dejó en claro su visión y sus ideas: “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos, como prueba de que en este planeta si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos”.

Fidel Castro muere, pero queda un pueblo cubano repleto de dignidad y valor, armas suficientes para defender el legado más grande que deja el comandante: la revolución cubana.

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