Monitor Nacional
¿Filosofar o soldar?: o si Peña Nieto estudiara filosofía
Simposios Migrantes | Andrea Martinez
9 de diciembre de 2015 - 5:10 pm
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A mí me gusta decir que la filosofía es deporte para el cerebro, como las matemáticas. Crea hábitos de análisis, crítica y cuestionamiento

El mes pasado, el senador estadounidense Marco Rubio hizo una declaración que ofendió a aquellos que formamos parte del estudio y/o la profesión dentro de las humanidades. Al defender la educación vocacional, Rubio declaró “los soldadores ganan más dinero que filósofos. Necesitamos más soldadores que filósofos.” La reacción por parte de profesores de filosofía en Estados Unidos no se hizo esperar. Corrigieron a Rubio sobre sus datos, ya que aunque en Estados Unidos al entrar soldadores y filósofos al mercado laboral ganan lo mismo, a lo largo del tiempo, los filósofos sobrepasan a los soldadores por casi 20 mil dólares por año. Pero más importante que eso,  los filósofos apuntaron a dos fallos en el argumento de Rubio. Número uno: la dicotomía que marca el senador entre entrenamiento vocacional y filosofía es arbitraria. No necesariamente trabajos físicos están peleados con el pensamiento crítico. Uno no excluye al otro, aunque los filósofos tengamos mala fama de no pararnos del escritorio. Simon Critchley, un renombrado académico de la filosofía continental contemporánea narra para el New York Times como él tuvo ambas posibilidades: soldar o filosofar en su juventud, y después de casi perder una mano en la maquinaria de un taller, terminó en la universidad estudiando filosofía. Para Critchley, la filosofía muchas veces no comienza en el escritorio, o contemplando las estrellas (como Tales de Mileto), sino a partir de caídas o fracasos que nos hacen reflexionar y repensar nuestro futuro.

Y número dos: el valor del cheque no determina mi valor como persona, o el valor de mi profesión. Para el senador Marco Rubio tiene más valor el soldar que el contemplar y reflexionar basándose en una reducción del valor del trabajo al valor monetario. Efectivamente, los filósofos no construimos edificios, ni salvamos pacientes, ni generamos maravillosos teléfonos celulares o leyes de reforma, pero no por eso nuestro trabajo tiene menos valor. El valor de la filosofía y de las humanidades, aunque abstracto, radica no sólo en el producto, sino en el proceso. En nuestra sociedad moderna queremos ver resultados, dinero, producto, sin darnos cuenta que el proceso mismo tiene igual relevancia. Para el filósofo, la pregunta tiene el mismo valor que la respuesta,  y las preguntas que nos hacemos no por ser milenarias han perdido su relevancia para la especie humana. Por ejemplo, ante los atentados de París nos preguntamos ¿Cuál es nuestro entendimiento de Dios? ¿Qué poder debe tener la religión? ¿Somos los seres humanos morales por naturaleza o tenemos la moral sólo como una fantasía? ¿De dónde proviene el odio a aquél distinto a mí? Etc. Las preguntas sobre nuestra percepción de la realidad, justicia, ética, verdad, religión, conocimiento no tienen fecha de expiración, y la historia demanda que cambiemos y revisemos nuestras respuestas. La filosofía cuestiona verdades, analiza argumentos, deconstruye suposiciones, imagina nuevas formas de ver la realidad con base en un proceso lógico. Al escuchar a nuestros jóvenes políticos pienso que mucha falta les hace leer a Platón, Aristóteles, Kant. Si no los convierte en mejores personas, si no logra una reflexión sobre sí mismos y su sociedad, tal vez por lo menos sus capacidades discursivas mejorarían y definitivamente no tendríamos a un presidente que no logra articular respuesta alguna cuando se le pregunta de libros.

A mí me gusta decir que la filosofía es deporte para el cerebro, como las matemáticas. Crea hábitos de análisis, crítica y cuestionamiento que se vuelven parte de nuestra manera diaria de pensar.  Estudios han corroborado en Francia que niños que estudian filosofía en la preparatoria tienen mejor desempeño en los exámenes de admisión universitarios. Asimismo, enseñar a pensar filosóficamente a niños en la primaria es un buen predictor de un mejor desempeño en matemáticas. Anthony Grayling, filósofo fundador del New College of Humanities en Londres afirma que la filosofía debe ser obligatoria en las escuelas, pero añade que incluso en ámbitos laborales como el de negocios y empresas, los filósofos son más capaces de generar problemas complejos y de encontrar soluciones creativas. Si creían que los filósofos no tenemos nada que ver con los negocios y que alucinamos con tener habilidades fuera del aula, aquí hay algunos ejemplos de famosos empresarios con carreras en filosofía: Carly Fiorina (anterior CEO de Hewlett Packard), Gerald Levin (anterior CEO de Time Warner) Patrick Byrne (CEO de Overstock.com), Stewart Butterfield (fundador de Flickr), Peter Thiel (fundador de PayPal), Reid Hoffman (fundador de LinkedIn), Alex Trebek (host de Jeopardy!),  Wes Anderson (director de cine), entre muchos otros.

Si por mi fuera, jamás dejaría las aulas. El trabajo con los estudiantes me enriquece diariamente y el ver su proceso de aprendizaje y su crecimiento como pensadores libres e independientes es de las satisfacciones más grandes en mi vida. Hace ya una década, cuando aún estudiaba psicología, decidí tomar una optativa de Filosofía de Medios Masivos. Aunque ya había tenido incursiones en la filosofía, nada me marcó como esa clase. Descubrí que la filosofía no sólo era metafísica, la cueva de Platón y el eterno retorno de Nietzsche, sino que tenía una aplicabilidad real al mundo que nos rodea y parte de mi pasión es demostrar justamente eso, que los filósofos no vivimos en las nubes, sino que estamos realmente interesados en entender nuestras vidas y su contexto. La filosofía puede crear individuos con una capacidad reflexiva y abierta para que sea explotada más allá de las aulas. No es que necesitemos más filósofos que soldadores, pero necesitamos más filosofía en nuestras vidas, dentro y fuera de las escuelas, como diría Grayling “para enseñarnos a reflexionar sobre el sentido que tenemos como ser humanos, de nuestra sociedad y de nuestro lugar en el mundo”.

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