Monitor Nacional
Gasto de calidad
In-Pulso SocioPolítico | Maria E Plaza
6 de julio de 2015 - 9:27 am
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Una estructura programática participativa es el canal fortalecido de las democracias en su máximo apogeo. A falta de esta herramienta en nuestro país, es importante tomar en cuenta y hacer valer nuestra opinión con otro mecanismo también vital para las democracias: la rendición de cuentas. El mismo gasto público indisciplinado y la ingeniería social que ha minado nuestra economía…también han desgarrado el tejido social de esta tierra. Stockwell Day

Regularmente, como ciudadanos en construcción, no recibimos los incentivos adecuados para interesarnos del todo en los asuntos de nuestro gobierno; quizás por no encontrara métodos participativos que nos involucren del todo en las decisiones de nuestros representantes, o quizás nos sumamos a otros aspectos muchos más noticiosos (y comerciales) que hace que nos interesen más unos asuntos que otros. Nada tiene de malo, bienvenida la pluralidad.

Sin embargo, me parece importante compartirle y puntualizar que, con fecha del 30 de junio de 2015 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer como su propuesta de Estructura Programática a emplear en el proyecto de Presupuestos de Egresos 2016. No deje de leer sólo por lo fuerte que puede sonar la palabra Hacienda, o porque puede parecer que nada de lo que este documento presenta nos involucra: nada más erróneo.

Esta propuesta de estructura programática (aquí se la comparto: http://www.hacienda.gob.mx/EGRESOS/PEF/programacion/programacion_16/1_av_PyP_Inv_ene_may_2015.pdf) puede contener algunos elementos propios de nuestro interés, para conocer y analizar un poco más las acciones gubernamentales de nuestro país, ahí nuestro reto para constituirnos como verdaderos ciudadanos.

Entonces, ¿Estructura Programática?, sí, vital para todo gobierno que utilice programas como fin de su gestión pueda construir un presupuesto y erogar un gasto con una estructura de planeación a mediano o largo plazo, en general y para puntualizar su importancia, se trata del futuro de la gestión pública y social del país.

Esta estructura no sólo es un fin económico en sí, integra también objetivos característicos de cada gobierno y funciones de cada programa; en general, una planeación, a la que no estamos del todo acostumbrados. Refleja los objetivos del gobierno y también los retos que tiene este mismo en el ejercicio del gasto encaminado a los programas que lo conforman.

Hasta aquí, es importante puntualizar que la propuesta y presentación de este documento es apenas el comienzo; falta la negociación, la integración, la socialización, su aprobación por la Cámara de Diputados y por supuesto, su ejercicio completo. Sin embargo, la noticia está encaminada a conocer cómo se perfila la forma del gasto del gobierno para el próximo año.

Las cifras (repetidas) se generalizan sólo en mencionar la reducción del 22% de los programas que están hoy en día en funcionamiento (por darles un atributo de que algo hacen además de sólo existir) y que ha generado cierto revuelo en muchas de sus tomas de decisiones, entre ellas, el recorte al gasto para los Organismos Internacionales de los 92 en los que México es parte. Sin duda, el análisis de todo el texto es obligadamente necesario,  esperemos que nuestros próximos diputados ya lo estén estudiando….¿será?

Esta reducción, para la mayoría de los analistas que lo han mencionado, lo refieren meramente a un reflejo económico del país. Desde otra perspectiva no sólo se encamina a este obviado resultado. Si bien, una reducción del gasto, como se planea en esta estructura programática, puede llevar a la eficiencia del gasto público, esto no es más que un atributo de un índice mayor que podemos llamar la calidad del gasto público: no es cuánto se tiene, sino en qué y cómo se gasta.

La calidad del gasto público incluye, además de la eficiencia de su ejercicio, objetivos de crecimiento económico en el fortalecimiento de la equidad distributiva, ambos se miden multidimensionalmente, donde se involucran los logros macroeconómicos de un país y una adecuada política fiscal; para una evaluación más cercana a la realidad de cada país, su método debe incluir, necesariamente, indicadores compuestos cualitativos y cuantitativos; se deben analizar cuestiones más complejas, incluida la calidad de vida de los ciudadanos, y unidades de medida propias para lograrlo. Un reto nada sencillo para el contexto nacional e internacional que vive y enfrenta nuestro país.

Esperando el documento final, dentro de un par de meses, me permito por el momento hacer la siguiente reflexión del documento propuesto:

Aciertos

  • La flexibilidad de la estructura programática es deseable para los gobiernos, dados los contextos múltiples que día con día enfrenta. Ciertas fusiones programáticas que presentan en el documento ayudan a esta flexibilidad. Punto a favor.
  • Conformar una estructura programática con responsables de su gestión de es un acierto también de esta propuesta.

Desaciertos

  • Presentarlo sin los indicadores (obligados) de impacto sobre los programas, para conocer las bases de la toma de decisiones; es decir, un estudio de la incidencia de los resultados obtenidos en los programas. Punto en contra.
  • Los costos-beneficios de los programas no son sólo económicos, este error nos ha llevado a caminos distintos entre sociedad y gobierno y también, a grandes errores. Punto en contra.

Entonces, lo político y social de la estructura programática propuesta para el próximo 2016:

Lo político: que exista en lo político una administración pública profesional y que tome en cuenta objetivos y estrategias es un reto muy valorado para el fortalecimiento del país y de su crecimiento. Sin embargo, si estas herramientas se utilizan sin un sustento de referencia (un análisis costo beneficio, FODA, Matriz de Resultados, etc, etc) y sólo con fines meramente electorales, corremos el peligro de mezclar dos situaciones importantes en el fortalecimiento de nuestra democracia y, en todo caso, arruinarlas. La negociación para estos casos es obligada y natural en el escenario político, en pro de no dañar el crecimiento del país, fuera de todo interés político que pueda surgir.

Lo social: una estructura programática participativa es el canal fortalecido de las democracias en su máximo apogeo. A falta de esta herramienta en nuestro país, es importante tomar en cuenta y hacer valer nuestra opinión con otro mecanismo también vital para las democracias: la rendición de cuentas, no sólo en su perfil económico, también, en la forma con la que se toman decisiones desde nuestro gobierno. El ahorro y la eficiencia del gasto público son necesarios, las decisiones de cómo hacerlo adecuadamente sin mermar en el tejido social incumbe a todos.

Nos queda mucho que reflexionar sobre este tema en las próximas semanas, también para quienes conformarán la próxima legislatura desde la Cámara de Diputados, a estudiarle entonces.

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