Monitor Nacional
Hashtag Habla Bien de Guerrero
Calidad de humano | Enya Sandoval
28 de abril de 2016 - 1:50 pm
columna
Con el apoyo del Gobernador, se le “pidió” a la prensa que guardara silencio acerca de los hechos de violencia en el estado

Playita con chicas con bikinis por todo el lugar. Una cerveza bien fría bajo el sol. Conciertos masivos para los jóvenes que van a vacacionar. La fiesta que nunca va a parar. Desaparecidos. Pobreza extrema aislada. Asesinatos más frescos que el pan que se compra en las mañanas. Corrupción. Desamparo total. Playas hermosas rodeadas de arena que quema las plantas de los pies de quienes ahí habitan.

Guerrero, tierra de nadie: Estado que se desmorona entre cadáveres que brotan como flores en un jardín, drogas, crimen y pobreza. Los ciudadanos temen salir a las calles, a tal grado que varias escuelas han cancelado clases por incansables sucesos de violencia. Lo que alguna vez fue joya de turismo nacional, hoy se cae por pedazos a punta de balazos. La luz del gobierno apunta a una idea ridícula de censura a la prensa para promover el turismo ante semejante pesadilla. Con más razón de hacerlo, los eventos de las últimas semanas solo son las heridas abiertas del estado que ha tratado de esconder en oscuridad total.

La indiferencia proveniente del Gobernador del Estado, Héctor Astudillo, da mucho de qué hablar. En recientes declaraciones a Radio Red, afirmó que sí, Acapulco tiene sus problemas, pero que las circunstancias son “normales”. La balacera que sacudió a Acapulco el 24 de Abril del presente año se suma a una de tantas que van en este año. Dos días después, otro enfrentamiento dejó un saldo de, al menos, tres personas en Ometepec. Con 80 muertes reportadas en el mes de febrero, la duda que sobresale es cuántos cuerpos más deberán caer hasta que el gobierno realice un cambio a profundidad en su estrategia política, más humana e inclusiva, que permita a gran parte del estado hundido en la pobreza total salir de su situación con vida.

#HablaBienDeAca es un proyecto difundido por figuras privadas en el estado de Guerrero, con la intención de devolver la fama al estado y evitar que su ineficiente sistema de seguridad no cause también la baja de la economía en el sector turístico. Con el apoyo del Gobernador, se le “pidió” a la prensa que guardara silencio acerca de los hechos de violencia en el estado, específicamente en los municipios turísticos, destacando las cosas buenas que, según Astudillo, deberían prevalecer en primera plana.

Evidentemente, las muertes no se pueden disminuir con las estrategias a base de fuerza electas por Astudillo. Se han usado recursos de la marina para lograr contener estas olas de violencia que azotan de manera cotidiana al estado. “Enfrentar como se tenga que enfrentar la delincuencia organizada” con “algo más moderno”, fueron las palabras en otra entrevista con Grupo Imagen. El enfoque del Gobernador apuesta completamente al refuerzo de la policía en las zonas más populares, olvidando al resto del estado hundido en la miseria total.

¿Cómo se pretende esconder un ambiente de guerra en una zona turística? Los días pasan, crecen las protestas, se tensa el ambiente. Las pruebas de una mala administración persiguen a la sociedad. La misma policía se ha visto envuelta en delitos en contra los derechos humanos. La revelación de un video que muestra a tres agentes de seguridad torturando a una joven hace unas semanas solo deja pensando al país quién es realmente el malo en esta película de terror actuada en la vida real. Cabe añadir que el video fue revelado un día después de que Peña Nieto declarara en Alemania que en México se respetan los derechos de toda la gente. Este tomó lugar en Guerrero a principios de febrero de 2015.

Ayotzinapa no se queda atrás. La desaparición de 43 estudiantes, el pasado septiembre de 2014, creó protestas a nivel mundial. Con varias “investigaciones” llevadas a cabo por organismos de gobierno, el paradero de estos estudiantes continúa siendo un misterio. La justicia tardía en este caso sigue presente. Aún después de casi dos años del suceso, las autoridades se ven incompetentes e indiferentes, no mostrando resultados concretos y tratando de esconderlos con otros cadáveres. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) trató de aportar asistencia técnica al caso de los normalistas desaparecidos con el objetivo de concluir el caso Ayotzinapa y no únicamente dejarlo sepultado como una verdad histórica. El gobierno se ha negado a recibir avances de investigación por parte del GIEI. La disposición de las autoridades para apoyar las investigaciones estuvo disfrazada; no había interés en participar, se les negó el acceso a ciertas zonas y no se les otorgó una prórroga de estancia en el país para continuar. Así mismo, integrantes de GIEI declararon: “Hay sectores que se han sentido amenazados por la asistencia técnica internacional que ponía en duda el manejo gubernamental del caso”. Finalmente, desertaron.

Guerrero, además de no tener vacancia en temporada alta, es también el segundo estado más pobre en la república. Favoreciendo la miseria, se encuentran también “maestros”, si es que se les puede llamar así, que se oponen a implementar la nueva reforma educativa en escuelas públicas, dejando a una generación completa ignorante, y en ocasiones, analfabeta. La falta de oportunidades a gran escala ha hecho de Guerrero el estado del cual más migrantes salen a Estados Unidos, abandonando tierras y propiedades, desamparando comunidades enteras. El descuido a industrias como la agricultura o el comercio en esos municipios fomenta las condiciones de pobreza que se mantienen a flote.

Hablar bien de Acapulco es imposible. Detrás de sus playas hay un sinfín de muertes. Si Astudillo planea crear estrategias para que el turismo no caiga en picada, lo mejor será enfocar sus políticas públicas a otros sectores causantes de tanta inseguridad. Si son estos eventos algo “normal” durante su tiempo en la gubernatura, entonces no me queda más que decir que no es el “normal” que merecen los habitantes de Guerrero. Sí, es un estado repleto de cultura, de diversidad, de buenos ratos, pero todo eso se opaca con la inevitable incertidumbre ante la inseguridad. No son los rebeldes. No son los narcos. Son las consecuencias del abandono y el abuso. Son las consecuencias de la injusticia, de considerar la miseria un negocio político y no tomar en cuenta las necesidades de un estado que pide a gritos justicia, oportunidades de progreso y amparo legal.

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