¿Hasta dónde llegan los apoyos económicos internacionales en el Superciclo Electoral Latinoamericano?

América Latina celebrará ocho elecciones presidenciales: Chile, Honduras, Costa Rica, Paraguay, Colombia, México, Brasil y, eventualmente, Venezuela. Hace poco varias de las influencias se reunieron en el World Economist Fórum en Sao Paulo, muchos de los intereses de la antigua guerra fría a un se viven en América.  Rusia Y EEUU cuidan de sus intereses, el hemisferio sabe que Venezuela representa un peligro en la zona por el apoyo de economías Comunistas y la economía entrante de China, que sigue prestando dinero a Maduro aun sabiendo que su modelo no es prospero, pero con los recursos de PDVSA como garantía. Muchas de las elecciones están influenciadas económicamente por fuerzas oscuras de estas dos potencias y así como hay apoyo de capital, tratan de que sus elecciones no sean intervenidas en cualquier ataque cibernético-electoral cuidándose uno de otro.

Estas elecciones tendrán lugar en un contexto económico de bajo crecimiento, según estimaciones del FMI: un 1,7 % para el 2017 y un 1,9 % para el 2018. Proyecciones que presentan una doble lectura. La buena noticia es que todo pareciera indicar que la región dejará atrás dos años seguidos de crecimiento negativo (y seis de desaceleración continua), la mala noticia es que estas bajas tasas de crecimiento ponen en riesgo las importantes conquistas sociales logradas durante la pasada década en materia de empleo, disminución de los niveles de desigualdad y reducción de la pobreza.

Este superciclo electoral ocurre, además, en un momento en que, cae el apoyo a la democracia y aumenta la insatisfacción con ella, todo combinado con un bajo nivel de confianza en las elecciones, Buena parte de estas elecciones se caracterizan por un alto grado de incertidumbre. Debido al bajo nivel de popularidad de muchos de los actuales gobernantes, es probable una tendencia más proclive a la alternancia, salvo quizás en Honduras, Paraguay y en algún otro país. La reelección inmediata pareciera tener posibilidades solo en el caso de Honduras y, tal vez, en Venezuela. Costa Rica, Colombia y Brasil tienen regulada la segunda vuelta. La alta fragmentación de los partidos políticos y la irrupción de un mayor número de candidaturas independientes (fenómeno que viene cobrando gran fuerza en varios países) incrementan las posibilidades de que los presidentes que resulten elegidos no cuenten con mayoría propia en el Congreso, lo que anticipa una gobernabilidad compleja. Los graves escándalos de corrupción, potenciados a escala regional por Lava Jato y Odebrecht, y vinculados con la cuestión del financiamiento político ilegal, junto con la inseguridad ciudadana, serán temas muy presentes en la mayoría de las campañas, este conjunto de elecciones será clave para evaluar la calidad de la democracia y la integridad de estos procesos en América Latina. Este Súper -Ciclo electoral cobra aún mayor relevancia dado que coincidirá con las legislativas de medio período de los Estados Unidos y con el anunciado relevo de Raúl Castro de la presidencia del Consejo de Estado en Cuba.

La tensión entre la nueva agenda de esta clase media  y el sentimiento de frustración y temor a perder lo alcanzado o a no poder seguir consumiendo y progresando al mismo ritmo de los últimos años, aunado a la insatisfacción por la baja calidad de los servicios públicos, la inseguridad ciudadana y los graves escándalos de corrupción, están produciendo un estado de malestar generalizado y una falta de confianza hacia las élites (políticas, empresariales y sindicales) que sin dudas tendrán un fuerte impacto en los resultados de estas elecciones.

Brexit, Trump y Macron son tres ejemplos de este fenómeno a escala global. Todo pareciera indicar que la maratón electoral que vivirá la región en los próximos dos años podría llegar a producir reacomodamientos políticos de similar intensidad en varios países de la región.