Hasta siempre, Huberto Batis

Ciudad de México.- Esta mañana despertamos aún con la triste noticia confirmada por la noche; uno de los grandes de la literatura, un maestro que nos dejó mucho y del que tenemos demasiado por aprender, Huberto Batis, había muerto a la edad de 83 años víctima de una afección cardiaca.

Nacido en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 29 de diciembre de 1934, a los 50 años tomó la dirección del suplemento cultural Sábado, iniciado por Fernando Benítez en el diario Unomásuno, que vio desfilar las letras, colaboraciones y traducciones de jóvenes escritores que más tarde cumplirían la meta de una carrera literaria. Fue académico de su alma mater, la Universidad Nacional Autónoma de México, en Lengua y Literatura Hispánicas por 57 años forjando a más de una generación con su inconfundible genialidad.

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Pieza clave en el periodismo cultural, Batis impulsó y dio pie a muchos escritores a lo largo de sus años a cargo del suplemento, quienes con el cariñoso apodo de “El Maestro” reconocieron que éste gigante fue un pilar indispensable para su obra literaria. Durante 2006 aparecieron cuatro libros de su autoria: La flecha en el arco, La flecha en el aire, La flecha en el blanco y La flecha extraviada.

Mi primera revista la comencé el primer semestre de la carrera y duró siete años. Fue una revista que hice con mi amigo Carlos Valdés y se llamó Cuadernos del Viento. En el primer número publicamos a puros estudiantes: Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco de la Facultad de Derecho, Eduardo Lizalde de Filosofía y el único que desentonó fue Tomás Mojarro, que era chofer de un militar… Así comencé como editor.

– Huberto Batis

Para 2015 al conmemorar su jubilación de las aulas, se publicaron homenajes de sus alumnos en diversos medios, como Retrato Hablado en Excélsior, uno de los que causó mayor interés al describirlo como un formador “irreverente y rudo”.

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“Pronto, muy pronto, cualquiera con dos dedos de frente y muchas ganas de trabajar aprendía que detrás de esa coraza de endemoniado estaba un hombre de una sabiduría desmedida, una persona generosa para compartir sus conocimientos y su experiencia. Tremendo, sí, con quienes no respondían a sus lecciones, pero amable, divertido y hasta dulce con aquellos discípulos y colaboradores suyos que mostraban, si no talento, sí al menos los arrestos y el ánimo para navegar en su barco.”

– Ignacio Padilla

Como editor y durante la polémica década de los 60, Batis dio su apoyo a escritores que más tarde pertenecerían a la corriente de La Onda como José Agustín y Parmenides García Saldaña, además de a otros como Jorge Volpi, Pedro Ángel Palou, Enrique Serna, Guillermo Fadanelli y Xavier Velasco.

El gruñón irascible que sin más montaba en cólera, escondía tras su escritorio un alma sensible y pura, a la que se sumaba un gran sentido del humor propio de aquellos que destacan por una vertiente de talento imparable. Encontró en el conocimiento compartido una forma de celebrar la vida y el arte que hoy nos deja un genio convertido en leyenda y referente obligado de nuestra cultura.

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Por citar a más están sus trabajos de investigación, los gratos recuerdos en los suplementos culturales y la sombra a la que cobijarse siempre que se desee iniciar en el prodigioso mundo de los imaginarios literarios sin dejar de lado la constante labor con el periodismo mexicano.

Hasta siempre, Batis.