Ver más de Emprende seguro

Hipotecas de amor

Una parte importante del patrimonio de una pareja, después de convivir algunos años, es su casa o departamento, al llegar a la edad madura es común que mis clientes me digan que estos abuelitos, si  bien tienen un patrimonio, no tienen dinero para hacer frente a los gastos extraordinarios que se les presentan, es más, en algunos casos cuando no tienen pensión, no tienen dinero para hacer frente a la vida diaria; llega entonces la ayuda de sus hijos, quienes se cooperan para que los abuelitos tengan una vejez digna, esto es pesado tanto para los hijos como para los papás, y es que ya lo decía Jovita «Niño, cuando el hijo le da al padre, llora el hijo y llora el padre».

Sin una buena planeación, la frase más recurrente es «Nunca pensé que iba a llegar este momento», los abuelitos de pronto se dan cuenta  que no pueden comerse los ladrillos que tanto trabajo les costaron durante toda su vida activa, tampoco pueden vender la casa, pues además de ser el lugar donde viven representa una gran cantidad de recuerdos «¿Cómo me voy a salir de la casa de toda mi vida?» decía la mamá de Caro, mi amiga que vende bolsos afuera del colegio, y seguía viviendo sola en una casa de cuatro recámaras.

Queda a los hijos ayudar de la mejor manera a sus padres, esto representa una obligación para los hijos, porque al momento de ayudar a sus padres apenas inician su vida económica o bien están en las etapas que más dinero se necesita para la educación de sus hijos.

Por favor, no me vayan agarrar a tuitazos (frase moderna que sustituye a agarrar a franelazos), estoy claro que la acción de ayudar a sus padres es una acción de amor y hay que hacerla con gusto, Garcilaso dice «Por mi jefecita, ¡todo! porque me dio la vida»; el tema es el impacto económico que tiene en esta generación -la que ayuda- destinar dinero a la generación anterior -la que los ayudó en su momento-, es decir, no mejoramos⬦

En ocasiones sólo es uno de los hijos quien ayuda a sus padres, pues es el que puede, y poco a poco, de ser una ayuda se convierte en compromiso a los ojos de los otros hijos, por supuesto, al final de la vida los padres reparten la herencia entre todos los hijos por igual (mi corazón se acongoja).

Ante esta situación, se me ocurre (porque consejos no doy), lo que llamo «Hipoteca de amor», esto es, mediante un contrato de voluntad expresa «se vende» la propiedad de manera virtual al hijo que esté en posibilidades de ayudar a sus padres, así se cumple la primera condición de dar liquidez sobre un bien que tienen. En el contrato se expresa la voluntad de que la casa mencionada seguirán ocupándola los padres hasta su fallecimiento, y así se cumple la segunda condición, los padres no quieren salir de la casa de toda su vida. Se define  también que el hijo entregará ayudas (pagos a cuenta) a sus padres conforme ellos lo necesiten, así se cumple la tercera condición, los padres no tienen que pedir nada, están usando sus propios recursos y su autoestima aumenta. Finalmente, si el dinero del bien se acaba antes, entonces entrará la segunda palabra de la hipoteca, será una hipoteca de amor y los seguirás ayudando para que tengan una vejez digna.

¿Qué puedes hacer hoy por esa persona mayor que serás dentro de unos años? Consulta a tu asesor para que cuentes con un excelente plan de retiro.

Nos leemos la próxima semana en «Emprende Seguro».