Monitor Nacional
El migrante no nace, se hace: El Festival Corea y la representación de centroamericanos
Mar de Memorias | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
29 de diciembre de 2015 - 11:50 am
Festival Corea-MN
Hay otras representaciones y apropiaciones que tienen cabida en México y que se relacionan

Piense el lector en breve instante, la imagen que causa la palabra migrante; acaso un retrato de éxito flagrante; o una foto de miseria y peligro alarmante.

Son dos las historias que enseguida escribo, para despedir el año y precipitar la reflexión. Una orquestada por el gobierno, otra por la población. Ambas son necesarias de acuerdo a los actores, aunque por diversas razones: la primera, promueve el conocimiento sobre las tradiciones coreanas para mejorar la imagen nacional; la segunda, juega con la identidad del migrante centroamericano para obtener recursos económicos y, en algunos casos, cometer actos delictivos.

La conmemoración es el tiempo en que miden su existencia la sociedad y sus grupos. La Embajada de Corea en México, el Centro Cultural Coreano y la Fundación Corea organizaron la edición 2015 del Festival Corea, con el objetivo de “acercar y difundir la cultura y las artes…entre la audiencia global”. Un par de realidades hicieron especial esta celebración anual: por un lado, este año se festeja el 110 aniversario de la migración coreana a México, por el otro, el festival tiene resonancia en los países MIKTA (México, Indonesia, Corea, Turquía y Australia).

La migración coreana a territorio mexicano ha cambiada con el paso del tiempo y los contextos, tanto coreano como mexicano. La primera ola coincidió con el creciente dominio imperial japonés en la península coreana y la visión del gobierno porfirista sobre la importancia de la mano de obra asiática en México. La imagen de los coreanos que se dedicaban al cultivo del henequén poco tiene que ver con las olas más recientes de profesionistas que vienen representando a conglomerados surcoreanos, la imagen del éxito nacional.

La conmemoración migratoria es una celebración del prestigio nacional, de la capacidad de evolución de la sociedad coreana reflejada en su diáspora. Por ello resulta lógico que el discurso global que reviste la fiesta haya tenido como cereza diplomática en el pastel la presencia de los Embajadores en México de los países MIKTA, quienes el 16 de diciembre expresaron discursos en el escenario del Teatro Metropolitan, teniendo que detenerlos tras caer en cuenta que la gente había asistido a escuchar música y no mensajes políticos. El evento presentó al grupo de danza tradicional coreana Lim Hak Sun Dance WE.

Notable fue la presencia del presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico del Senado de la República, el Sr. Teófilo Torres Corzo, con lo cual se corrobora que el gobierno surcoreano busca un especial acercamiento diplomático con las fuerzas políticas de México que podrían ser relevantes para el proceso de ratificación de un TLC bilateral. No cabe duda que el Embajador Chun Bee-ho tiene un claro mandato por parte de la Casa Azul.

Resulta revelador que MIKTA, un mecanismo de consulta de las autollamadas “potencias medias”, involucre el aspecto cultural dentro de su agenda, pues salta a la luz el interés del gobierno en hacer uso de las expresiones artísticas, la identidad nacional y del discurso de la migración para alcanzar metas de carácter económico y político. Hasta aquí los usos oficiales de la celebración.

Hay otras representaciones y apropiaciones que tienen cabida en México y que se relacionan

con la migración, pero no con un afán de crear prestigio u orgullo. Sino a partir de la explotación de la imagen del migrante desprovisto, necesitado, urgido y “centroamericano”. Hay mexicanos que han encontrado en la acción de jugar a ser migrantes una estrategia de captación de limosnas; un empleo de tiempo completo.

Los falsos migrantes, como los llaman los medios de comunicación, han diversificado presencia en diversos puntos de la geografía mexicana. En el 2015, hay reportes por parte de Grupo Milenio sobre este fenómeno en Nuevo León, en donde se encontró que más del 80% de migrantes detenidos son de origen mexicano (del estado en cuestión y del sur del país), mientras 20% provienen realmente de países centroamericanos; también en el sur de México trasciende el asunto, según información de Imagen del Golfo, en el municipio veracruzano de Coatzacoalcos, el Consejo Estatal de Asistencia para la Niñez y la Adolescencia (CEDAS) del DIF municipal detectó la presencia de 70 falsos migrantes en cruceros de la ciudad. En 2014, en Jalisco, el congreso estatal exhorto a las autoridades migratorias para establecer programas para los migrantes que atraviesan por la entidad, asegurando la presencia de falsos migrantes que piden dinero y cometen ilícitos.

Hay más preguntas que respuestas, al menos por parte de este articulista. ¿Cuándo comenzó el fenómeno de la representación de migrantes centroamericanos por mexicanos? ¿Por qué? ¿Cómo estudian los mexicanos las características del migrante hondureño, salvadoreño o guatemalteco para intentar reproducirlas fehacientemente? ¿Son acaso redes de explotación de mexicanos a mexicanos? ¿Sienten los mexicanos más protección y seguridad pretendiendo ser migrantes que siendo mexicanos?

Ante la imposibilidad de la inversión en la promoción y el prestigio nacional por parte de países centroamericanos al nivel de los países MIKTA, en México se observa que la representación de la identidad de los primeros ha sido apropiada, en parte, por mexicanos que reproducen una imagen del migrante que refleja más la desigualdad de los muchos Méxicos que la diversidad de realidades de los migrantes que dicen ser. Existe algo perverso en volverse experto en la falsedad, pero existe cierta lógica en abandonar una identidad que puesta en el mercado local no es rentable.

Finalmente: La necesidad de representar es una lucha por la supervivencia.

TAGS: , , ,