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Implicaciones de la Reforma Fiscal Americana

Hace 18 meses, parecía imposible que Donald Trump pudiera ganar la presidencia de los Estados Unidos. Hace menos de un año, se veía muy difícil que pudiera encontrar el suficiente apoyo legislativo para hacer realidad sus alocadas promesas de campaña. Sin embargo, en el tema de la reforma fiscal, parece haber encontrado lo que será una de sus pocas victorias políticas en este primer año de mandato. Al momento de escribir este documento, el Congreso acababa de aprobar la última versión de la reforma con una votación 224-201, sin ningún voto demócrata y con la negativa de varios legisladores republicanos, pero ya casi como un hecho confirmado que el Presidente Trump firmará el decreto en las próximas horas.
Algunos componentes importantes de esta reforma incluyen:

 Reducción de catorce puntos en la tasa del impuesto sobre la renta para las empresas, al pasar de 35% a 21% a partir del 1 de enero de 2018.

 Eliminación del Alternative Minimum Tax (una especie de impuesto alternativo tipo IETU).  Luz verde a la deducción inmediata de inversiones.

 Un impuesto aplicable a ciertos pagos que empresas americanas realicen a sus partes relacionadas en el extranjero de hasta 20%.  Esquema de repatriación de capitales para empresas.

 Ajuste en las tasas de impuesto para las personas físicas.

Es un momento histórico para Estados Unidos. En al menos treinta años no se habían realizado ajustes tan profundos al sistema fiscal americano. Y por la relevancia que Estados Unidos tiene en la economía global, estos cambios afectan en mayor o menor medida a todos los países con los que se realizan intercambios comerciales. México encabeza la lista.

¿Cuáles son las principales implicaciones de esta reforma fiscal?

Por un lado, no debería de existir un tono demasiado celebratorio en el propio Estados Unidos. Esta es una reforma fiscal que añadirá 1.5 trillones de dólares al déficit fiscal en los próximos diez años. Es decir, debilita la posición financiera de los Estados Unidos en el largo plazo y podría tener consecuencias negativas en la posición del dólar americano como moneda de intercambio global. Desde el punto de vista social, incrementará la desigualdad de riqueza y de oportunidades y contribuirá aún más a la polarización de la sociedad. Desde el punto de vista económico, la evidencia empírica demuestra que, después de un recorte fiscal, no se crean tantas empresas y empleos como originalmente se tenía pensado, debido a que el aspecto fiscal es solo uno de los muchos aspectos que una empresa evalúa al decidir en dónde establecerse. En resumen, no está claro que esta sea una medida positiva para los fundamentales económicos de los Estados Unidos en el largo plazo.

En el caso de México, esto viene a complicar aún más nuestras perspectivas para el año 2018, donde tendremos el impacto de esta reforma fiscal, así como de la renegociación del TLCAN, de los ajustes a las tasas de interés por parte de la FED y Banxico, así como de las elecciones presidenciales de julio. Sin embargo, el escenario no tiene que ser totalmente pesimista, especialmente si, a diferencia de los Estados Unidos, México se enfoca en fortalecer sus fundamentales de largo plazo.

Y es que la reforma fiscal de Estados Unidos no termina de un plumazo con los grandes atractivos que tiene México en materia de costos laborales, apertura a la inversión extranjera, bono demográfico o infraestructura logística. Aún con una tasa de ISR más alta, nuestro país puede seguir siendo muy competitivo cuando se analiza de manera integral. La verdadera amenaza para México es que no terminemos de implementar las reformas estructurales del 2013, o bien, que decidamos cambiar de rumbo y optemos por incluso revertir algunas de ellas. Por ejemplo, una amenaza real de largo plazo es el crimen organizado y nuestra incapacidad para garantizar el Estado de Derecho en todo el territorio nacional. O la corrupción rampante en los tres niveles de gobierno. Esos factores tienen un impacto más importante y más directo en la competitividad de nuestro país que solo el tema fiscal.

El único aspecto positivo de esta coyuntura es que obligará a nuestros líderes a tomar decisiones muy estratégicas que ya venían postergándose de tiempo atrás. México requiere de una reforma fiscal integral desde hace tiempo, que reduzca la informalidad, que distribuya mejor la carga impositiva y, sobre todo, que fomente la inversión. Y al mismo tiempo se requiere de una gran reforma -¿Sistema Nacional Anticorrupción?- que garantice que cada peso que se recauda sea tratado como sagrado, y sea gastado de forma responsable y transparente.

El peor enemigo de México no está afuera ni al Norte. Está dentro de nuestro país y vive con nosotros desde hace tiempo. Es la gran responsabilidad de nuestra generación el limpiar la casa para asegurar que nuestro país pueda alcanzar en los próximos años los niveles de desarrollo que merece. Este será uno de los retos más importantes de quien sea el próximo Presidente de México.

 

Armando Nuricumbo, CPA

Socio Director

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