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In Rainbows el disco que sobrevivió al contexto y marcó un parteaguas en la historia de Radiohead

Ciudad de México.- Al principio, el álbum de 2007 de Radiohead “In Rainbows” fue lanzado únicamente como un álbum digital, sólo podía ser descargado de la red. Este hecho fue único ya que el álbum fue lanzado sin ayuda de una compañía discográfica y, además, permitía que el cliente pagara lo que él o ella quisieran.

en 2005. Ha pasado año y medio de la publicación de Hail To The Thief, el último disco que entraba en el contrato con EMI, y la banda se vuelve a ver las caras en su estudio de Oxfordshire después de varios meses de descanso. Sin discográfica, sin plazos y sin productor (deciden no llamar a Nigel Godrich para esas primeras sesiones con el objetivo de “salir de su zona de confort”), la cosa no funciona. “Todos habíamos parado para tener hijos”, declararía Yorke más tarde, “y cuando volvimos al estudio para grabar, aquello estaba sencillamente muerto”. El fantasma de la separación planea quizá con mayor fuerza que nunca en toda la trayectoria del grupo.

Fracasado el intento de trabajar con Spike Stent, Goldrich se los lleva a un caserón viejo (“la mansión de Scooby Doo”), los pone a dormir en caravanas en el jardín durante tres semanas y allí les hace empezar de cero.

Como algo hay que hacer para desatascar la situación, deciden salir de gira para intentar dar vida a ese puñado de canciones (nada remotamente lejano a un álbum) que han esbozado en ese tiempo y la apuesta sale bien: la carretera les llena de energía, les une de nuevo, les da perspectiva y propósito. Al terminar, en octubre de 2006, y fracasado el intento de trabajar con Spike StentRadiohead vuelven con papi: Goldrich se los lleva a un caserón viejo (“la mansión de Scooby-Doo”, como la llaman al recordar esa época), los pone a dormir en caravanas en el jardín durante tres semanas y allí les hace empezar de cero. En julio de 2007 el disco está grabado y terminado, pero no hay acuerdo con nadie sobre cómo lanzarlo. Lo siguiente que sabemos es una de las sacadas de chorra de la pasada década: un post publicado el 30 de septiembre en el blog del grupo donde Jonny Greenwood dice “Bueno, pues el disco está terminado y sale en 10 días. Lo hemos llamado In Rainbows”. Y a continuación el link a inrainbows.com, donde se podía encargar la descarga en MP3 por la cantidad que el usuario desease. Incluidos cero dólares.

Y se monta. Y se convierte en el tema del todo el mundo tiene una opinión. Gene Simmons dice que le tienen que dar al crack, que si no, no se explica, Bono dice que son muy valientes, Lily Allen (porque en 2007 importaba lo que tenía que decir Lily Allen) dice que son unos chulos, que eso lo hacen ellos porque son Radiohead y se lo pueden permitir, pero que una banda pequeña ya tal. El debate es inmenso y hasta algún tertuliano español tiene que dejar de meterse con Zapatero durante cinco minutos para convertirse de repente en experto analista discográfico. ¿Qué queda hoy en día de todo aquello? Pues mucho o muy poco, o ambas. A Radiohead la jugada les salió bien: se calculan unos tres millones de descargas, las ventas del digital (a pesar de que obviamente la mayoría de la gente pagó cero) les dieron más dinero que las de Hail To The Thief y las del formato físico (porque al final, después de tanta zarandaja In Rainbows se editó en formato físico) llegaron a los 1,7 millones de copias. Pero el propio grupo confirmaría cuatro años después que no hay soluciones mágicas al lanzar su siguiente disco en descarga de pago. La táctica era cortoplacista, sí, y qué.

Sorprende hoy en día comprobar cómo las canciones supieron imponerse al contexto y perdurar

In Rainbows, el disco (porque esto al final era un disco) es hoy una cosa absolutamente diferente de lo que era en octubre de 2007. En aquel momento el ruido se tragó por completo al disco en sí, hasta tal punto que sorprende hoy en día comprobar cómo las canciones supieron imponerse al contexto y perdurar: de la misma forma que en su momento casi nadie hablaba de ellas, hoy casi nadie habla ya de una discusión coyuntural plenamente superada (que no resuelta). En un primer momento, los árboles no dejaron ver el bosque (imaginaos si hubiese existido Twitter de aquélla), pero no porque éste fuese especialmente denso. Al contrario: In Rainbows es, de hecho (y con permiso de The Bends) el “disco de canciones” de Radiohead. El que tiene menos coartadas, menos concepto y también menos cohesión: canciones de aquí y allá, grabadas y regrabadas en diferentes sesiones y diferentes años, cortes deslavazados de las distintas vertientes del grupo. Podría llamarse Selected Ambient Works 04–07 y no pasaría nada.

Y sin embargo el disco sale a flote (y mucho más que eso) por una razón muy sencilla: esas canciones son espléndidas. Después de firmar el disco más largo de su carrera, aquí optan por ir a lo sencillo y reunir sólo diez temas que aprueben todos los miembros de la banda. Una austeridad excesiva que se acerca a la racanería (¿por qué no incluir las notables ‘Bangers and Mash’ o ‘Last Flowers’, por ejemplo, que datan de esa época y acabaron escondidas como bonus tracks en la edición especial?), pero que acaba dejando un álbum increíblemente conciso, sin pizca de grasa, que deja entrever una banda que quizá no sepa exactamente qué quiere hacer en concreto, pero que sigue haciendo bien todo lo que intenta. Alguno dirá que por primera vez en doce años no se salen de su zona de confort en lo musical y puede que sea verdad, pero claro, cuando uno tiene al menos media docena de zonas de confort, la parcela es lo bastante amplia como para seguir ofreciendo mucho.

Salta ‘Bodysnatchers’ y… ¡Guitarras! ¡Guitarras! ¡Guitarras!

Porque es que el tracklist no tiene desperdicio. Comienza con la marciana ’15 Step’, hipnótica y de alguna retorcida manera bailonga pese a tener un ritmo completamente imposible. Salta después ‘Bodysnatchers’ y… ¡Guitarras! ¡Guitarras! ¡Guitarras! Ahí estábamos como yonquis, esperando un riff que creíamos que ya nunca más llegaría y de repente Radiohead plantan su primera canción rock (rock-de-verdad, si queréis) en diez años. Después de esto ya podían hacer lo que quisieran, que el fan medio les iba a perdonar cualquier cosa, pero es que llega ‘Nude’ y uno ya no sabe qué hacer: definitivamente, al oyente de In Rainbows le vienen de todas partes y no puede ni empezar a defenderse. Grabada en la época OK Computer, interpretada intermitente desde entonces en directo y jamás grabada en condiciones, es una de las canciones más elegantes que hayan escrito nunca y se ha convertido en un auténtico clásico de la banda contra todo pronóstico. Tres canciones, tres soles.

El siguiente paso se encuentra con uno de los problemas del álbum de cara al seguidor de clase media-alta: ya conocíamos la mayoría de estas canciones, algunas de ellas ya tenían vida propia, ya teníamos una imagen preconcebida de ellas. A mí me pasa con ‘Arpeggi’, aquí rebautizada ‘Weird Fishes/Arpeggi’, que siempre me ha parecido mucho más interesante en versión orquestal (es algo así como la banda sonora del fondo del océano) que en el enfoque que decidieron darle en el estudio. Peguitas de nivel avanzado, supongo. Porque del resto (epílogo lentorro y algo prescindible de ‘Videotape’ aparte) poco malo hay que decir: ‘Faust Arp’ es una J-O-Y-A con todas las letras, ‘Jigsaw Falling into Place’ habría sido el (buen) single de adelanto que hubiera tenido este álbum en una forma tradicional de hacer las cosas y a ‘House of Cards’ la puso en el lugar que merecía aquel premiado videoclip de James Frost and Aaron Koblin que se rodó con sensores en vez de cámaras.

8.8/10

In Rainbows es, pues, el supermercado autoservicio de Radiohead, el lugar al que todos (aficionados ocasionales, fans de línea dura, haters y gente que pasaba por allí) pueden acudir y encontrar lo que necesitan. Es también su pequeño Frankenstein, un disco de transición con todas las letras (de transición a qué, visto The King of Limbs, es otra historia), pero de transición bien entendida. Un álbum que dispara a todas partes, pero a base de hacerlo con sentido común, vuelve a casa con trofeos. Un álbum hecho (y recibido) casi de casualidad que quién nos iba a decir que iba a estar tan bien. Tan, tan bien.