Monitor Nacional
Incierto inicio económico
Opinión | Eduardo Gonzalez
8 de enero de 2016 - 7:19 pm
cuesta-enero
El comienzo de 2016 no parece respetar el guión escrito y poco respetado por los “gobernantes” durante mucho tiempo

La llamada cuesta de enero forma parte del penoso repertorio económico de las familias mexicanas. Cada arranque de año se materializa con pesadas cargas y pendientes no resueltos del año anterior. Frente a la urgencia cotidiana de los individuos irrumpen en cascada lo buenos pronósticos del “gobierno” que nos promete que el año de arranque será el mejor de la historia.

El comienzo de 2016 no parece respetar el guión escrito y poco respetado por los “gobernantes” durante mucho tiempo. En esta ocasión a la penuria familiar de millones de mexicanos se unen las malas noticias y las famélicas proyecciones de que la economía, sea macro o micro, mejore en los siguientes doce meses. El año pasado, por ejemplo, fue hasta el primer trimestre que los indicadores económicos comenzaron a mostrar las pocas posibilidades de llegar a buen puerto en diciembre de 2015. Hoy las cosas son diferentes. No hemos concluido la primera quincena del año y el futuro comienza a desdibujarse.

Por un lado, la principal fuente de billetes verdes se muestra cada vez más disminuida: el precio de la mezcla mexicana de petróleo disminuye sin parar. El jueves de esta semana el barril de nuestro “oro negro” se cotizó en 24.11 dólares; esto significa que se encuentra 2.08 dólares por abajo de sus costos de exploración, desarrollo y producción, que totalizan 26.19 dólares por barril, distribuidos en costos de exploración y desarrollo de 17.97 dólares y 8.22 dólares por costo de extracción por barril (La Jornada, 8 de enero de 2016). Esto significa que en México un barril lleno de refresco sin importar la marca cuesta tres veces más que uno relleno de petróleo. Tal vez sea el momento de pensar en un cambio de giro en la principal actividad económica en manos del Estado.

Por otro lado, el paridad del nuestra moneda frente a la divisa estadunidense cada día alcanza los máximos históricos. Esta semana cierra al menos en 18 pesos por dólar. La buena noticia de ello la reciben las familias remeseras que subsisten con los recursos llegadas allende el río Bravo. Pero el resto de la población resentimos los estragos de la devaluación del 43.8 por ciento en lo que va del sexenio peñista. Asimismo, la baja inflación reportada por el INEGI el año pasado menor a 3 por ciento necesariamente se verá impactada negativamente por la alza en el precio del dólar.

De frente a esta realidad, el “gobierno” comienza su labor publicitaria con la cual pretende endosar el origen de la nueva realidad económica a otros países, y “calmar” a la población diciendo que lo venidero será menor a un “catarrito”. En primera instancia culpa a China de nuestra realidad: la depreciación de nuestra moneda está relacionada con la caída del yuan; y la baja en el petróleo responde a luchas e intereses encontrados entre los productores de crudo más allá de nuestras fronteras. Según el discurso oficial, el “gobierno” peñista no tiene responsabilidad alguna en el entorno económico.

Viene a continuación la práctica discursiva tranquilizante: la caída de los precios del petróleo no afectará los ingresos fiscales durante 2016, aunque el presupuesto para 2016 considera un precio promedio del petróleo de 50 dólares por barril, gracias a un seguro que garantizará tener recursos económicos como si el costo del barril fuera de 50 dólares. Tampoco habrá recorte del gasto público, “por el momento”; todo ello, porque “México cuenta con la fortaleza necesaria para hacer frente a un entorno internacional muy complejo” (Videgaray dix it).

Ya veremos qué dice la terca realidad al final del primer mes. Solo es cuestión de tiempo.

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