Monitor Nacional
Indignación Partidaria
In-Pulso SocioPolítico | Maria E Plaza
15 de junio de 2015 - 10:35 am
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La realidad es que los partidos políticos en México han sido rebasados por los intereses de sus propios integrantes. Se parecen tanto unos a otros los partidos, que la única manera de distinguirlos es ponerles un color. Rafael Barrett

Y comienza el segundo acto. Sí, el telón ha bajado después de los comicios electorales y, aunque algunas entidades federativas se encuentran en el reconteo, otros ciudadanos en el descontento, y algunos más en la indiferencia, el telón ha bajado para dar paso al segundo tiempo.

Como ciudadanos en proceso de construcción debemos analizar la forma en la que nos relacionamos con este arduo proceso que en México hemos llamado democracia (a como la entendemos), y que no ha terminado de cuajar. Para esta semana queda hacer un análisis de lo que fueron estas elecciones intermedias, y como ya existen demasiados artículos al respecto, el plus será proponer un par de acciones para el siguiente acto que nos espera de aquí, y hasta que termine el 2015.

Como se ha dicho en repetidas ocasiones y por distintos medios, votar no es el último fin ciudadano, sí, el comienzo de las responsabilidades que conlleva esta toma de decisiones. El pasado 7 de junio el motor de los votantes fue en su mayoría la indignación: por la situación y el desencanto político y social que no ha llegado a mermar las situaciones más apremiantes de los habitantes del país. Sin embargo, esta indignación no es del todo el mejor sentimiento, ni el más maduro para emitir un voto. El resultado fue un tanto sorpresivo y otro poco predictivo: las estructuras de los partidos no están dando el resultado esperado, la indignación ganó la pasada jornada electoral.

Retomando lo que hemos visto en la semana, el efecto de los candidatos ciudadanos (que habíamos abordado en ocasiones anteriores) trae con ello retos mayores: revertir la indignación a favor de la participación, transparentar (más y más) los procesos electorales y mermar el voto emocional al crítico y racional. Por supuesto que estos desafíos toman tiempo y viven del ejemplo de nuestra clase política, misma que no es del todo la máxima expresión de la racionalidad.

Recordando el llamado Pacto por México podemos asegurar que ha quedado atrás (por la nueva configuración política). Sumado a ello es importante mencionar que estas elecciones fueron ejecutadas no por los partidos políticos, sino por los personajes que en ellos se encuentran, no sobra decir que la indignación encontró los nombres propicios para votar o no votar por una persona, nada sorpresivo para este momento, por demás, conocido. La reflexión obligada es, ¿estamos conscientes que somos un país con un amplio descontento con los partidos políticos pero cargamos con más de 8 en nuestro actuar electoral? Recordando que un Partido Político es una entidad de interés público que tienen como fin promover la participación de los ciudadanos en la vida democrática, ¿cuántos de ellos lo cumplen?

La realidad es que los partidos políticos en México han sido rebasados por los intereses de sus propios integrantes. El gran problema será en el momento de legislar, ya que los grupos políticos, elites del proceso de poder en las decisiones legislativas, se encuentran fraccionados en su interior, liderados por un par de nombres y no por una plataforma electoral que responda a las necesidades ciudadanas o una estructura partidista. Aquí está nuestro desequilibrio democrático: se ha votado unipersonalmente, no más por el partido político.

 Este desequilibrio democrático perjudica sí, en un principio a las minorías, pero también a los grupos tradicionalmente fuertes que se encontraban unidos por los principios partidarios y que ahora deben integrarse, dentro de su mismo partido, a los líderes unipersonales dentro de sus estructuras.

Así, entonces, lo político y lo social de la indignación partidaria:

Lo político: con este panorama electoral se debe enfrentar el crecimiento de nuevas estructuras dentro de los partidos y la pugna interna que dentro de ellos existirá en los próximos años. Por tal motivo, no será tan sencilla la relación con la Cámara de Diputados, en parte porque el escenario ha cambiado, no por los partidos mismos, sí por el interés de sus propios líderes. Este es el reto mayor: quedan tres años para re-configurar el Gobierno Federal, en vista de este escenario no tan flexible dentro de la Cámara de Diputados y sus Partidos Políticos.

Lo social: como mencionamos, este proceso no ha terminado y si el ciudadano mexicano desea fortalecerse en su mayor expresión debe participar en lo queda de esta obra: nos corresponde buscar los mejores mecanismos para hacerlo. Destaco el mayor detalle sorpresivo en estos resultados electorales: la indignación, misma que trajo consigo un escenario singularmente significativo para el 2018 y seremos nosotros quienes decidamos si así lo queremos conservar para ese momento o seremos capaces de exigir mejores procesos democráticos bajo el Estado de derecho y la legalidad.

Lo que vivimos en México es un realismo casi mágico en el mejor sentido político; casi casi, escenario propicio para escribir una novela.

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