Monitor Nacional
L12: Las respuestas que nos deben
Portada | Santiago I. Soriano
30 de noviembre de 2015 - 7:21 pm
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Los sobrecostos posteriores, el dinero que sale de las arcas públicas, termina siendo desembolsado, pero sin responder, ¿a causa de qué y quiénes?

Ciudad de México.- Miguel Ángel Mancera reinauguró 20 meses después, 11 de 20 estaciones que fueron cerradas para reparar una construcción deficiente realizada durante la administración de Marcelo Ebrard Casaubón.

Pese al optimismo derrochado tras la reapertura, hay varias preguntas que deben ser respondidas, pues el trabajo del gobierno encabezado por Mancera Espinosa cumplió, apenas, con la mitad de su responsabilidad.

La urgencia no es menor. En una etapa donde los presupuestos, supuestamente, están siendo sometidos a recortes, ajustes y demás movimientos con la finalidad de hacer (otra vez: supuestamente) el gasto menos oneroso, debería resultar escandaloso que esta obra, que en 2013 el propio GDF admitió que tuvo un sobrecosto de mil 059 millones de pesos, pero que, a finales del año pasado, superó de 45 a 50 por ciento su costo original, que era de 17 mil 583 mdp, ahora vaya a costar año con año de 160 a 180 mdp en mantenimiento permanente.

Debería ser escandaloso porque, el origen te todo, los rieles, el sistema férreo que se utilizó en el diseño y construcción, no era desconocido para Marcelo Ebrard.

En 2007, Francisco Bojórquez, director del Metro durante la gestión de Ebrard, le escribió una carta a su jefe. En simples palabras, le decía que un sistema férreo podría arriesgar la construcción de la Línea 12, “lo que pudiera opacar sensiblemente nuestra administración, dadas las condiciones de inestabilidad de los suelos del Distrito Federal”. Ebrard desoyó la advertencia… ¿por qué? El gobierno actual no ha podido (o querido) respondernos.

Esto se le preguntó ya a Marcelo. En el marco de su comparecencia ante la Comisión Especial que investigaba las fallas de la Línea 12 en febrero de este año, cuando se le citó el documento firmado por Bojórquez se limitó a decir, solamente, que él no decidió que el sistema fuera férreo en vez de neumático como se le había advertido. Hasta la fecha, sigue sin dar mayor explicación, además de que no habido alguna otra autoridad que lo llame a responder por este y otros cuestionamientos.

El ex jefe Ebrard acusa que se le está intentado minar políticamente, que se le está persiguiendo y, en suma, que es víctima de un proyecto en el que, pese a que fue su iniciativa, fue la obra de su mandato, de que él la impulsó, de que él la inauguró, de que él encabezó el plan de principio a fin, no tenía injerencia en decisiones como el origen de todos los males de la Línea Dorada.

Los sobrecostos posteriores, el dinero que sale de las arcas públicas, termina siendo desembolsado, pero sin responder, ¿a causa de qué y quiénes? Y ésa es la segunda parte de la titánica misión que heredó Miguel Ángel Mancera: perseguir e ir más allá de inhabilitaciones e investigaciones que no responden nada, sino consignar a quien haya provocado que miles de millones de pesos, literal, se hayan desperdiciado y, además, resulte en un gasto permanente que nadie pidió.

El jefe de gobierno no se detiene a pensar que fue fiscal durante el sexenio anterior, que debería retomar esa labor y darle esa segunda parte que los habitantes del Distrito Federal necesitan.

DE BOTEPRONTO

De llamar la atención que el defensor número uno de Marcelo Ebrard en el caso de la L12, Cuauhtémoc Velasco (quien también impulsaba la fallida candidatura plurinominal de su amigo en las pasadas elecciones de junio), apareció en la reapertura junto a Mancera y la camarilla del GDF, quien además se subió al mismo transporte al que le hacía falta mantenimiento, como acusó en su momento a Joel Ortega, hoy exiliado de la administración Mancerista. ¿Ya dejó de creerle a Marcelo?

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