La búsqueda de algo mejor

En las últimas semanas una de las noticias más importantes e impactantes que ha surgido es la del turbulento trayecto de la “caravana de migrantes” proveniente de Honduras. Se puede dicr mucho de la crueldad de los eventos sucedidos, de las amenazas del gobierno estadounidense, de las acciones del gobierno mexicano o las razones de su partida.

Se habla de más de 7000 personas que partieron de sus hogares, de la tierra que les vio nacer, hacia la búsqueda de algo mejor. Salieron de un Estado en donde su gobierno no les provee de las necesidades más básicas como la salud, la alimentación, la educación, la seguridad etc. Salieron de una situación en la que si se quedaban tenían una muerte asegurada, y si salían, por más peligroso que fuera, tendrían alguna –la más mínima– oportunidad de vivir mejor.

Si bien, no está en las manos de la ciudadanía tapatía resolver los problemas que enfrenta su país de origen pero, como individuos, sí podemos ayudar a hacerles más ameno su camino o al menos no dificultarles el paso. Podemos empezar por ofrecerles el trato que muchos les han negado, el de la dignidad y el respeto. También podemos ofrecerles una actitud cálida, sin victimización o criminalización. Porque, al final de cuentas, debemos recordar que las personas y los problemas de Latinoamérica nos son mucho más cercanos de lo que pensamos.

Así también, no podemos dejar de hablar de la facilidad con la que los mexicanos olvidamos y repetimos vicios. Somos muy buenos para hacernos de la vista gorda y para comprar discursos baratos. Hace unos años el vecino del norte no paraba de llamar a los mexicanos en Estados Unidos rateros y violadores. Sus discursos de odio despertaron, con muchísima razón, en las ciudadanía mexicana y latina un fuerte repudio y enojo: no paraban los mensajes en contra de los comentarios racistas del ahora presidente Trump. Hoy nos enfrentamos nuevamente con un Trump que desacredita la lucha y la búsqueda de miles de personas, llamándolos terroristas y una amenaza. La diferencia es que ahora nosotros los mexicanos nos hemos compramos este discurso de odio, creado por una élite privilegiada que jamás se ha tenido que enfrentar por un momento al hambre y al miedo de estas personas.

La caravana de migrantes ha sido tomada por el presidente de los Estados Unidos como un peligro para su presidencia; para Aldo, padre de dos hijos, es un aire de esperanza. Para los líderes mexicanos la caravana representa una amenaza en su relación con Estados Unidos; para Carlos, esposo y padre, es una posibilidad de una vida mejor. No podemos ni debemos dejar de lado ni un segundo que esta caravana está compuesta por miles de personas cuya decisión no fue tomada por gusto, sino porque de ello depende su posibilidad de vivir con dignidad. Esta caravana de migrantes es una caravana de personas con nombre y apellido, con sueños y derechos, con debilidades y problemas, es un éxodo que ha creado el hambre, el miedo, el agotamiento. Y ahora, como mexicanos, no nos toca hacerles el trayecto y la vida mucho más complicada de lo que ya ha sido.