La comida y nuestra sociedad

 

En nuestra cultura, la comida juega un rol muy importante. Sirve como motivo para reuniones con pareja, amigos, familiares, trabajo, etc.

Si quieres quedar bien con algún chic@ l@ invitas a comer o cenar, ¿no? Es por todos sabido que “El amor entra por el estómago”, ¿cierto? O que alguien me diga si durante el proceso de enamoramiento, su pareja ¿l@ invitó a una carrera?, ¿a pasear en bici por Reforma?, ¿a caminar en Chapultepec?.

 

Es innegable que la manera de demostrar afecto está ligada en muchísimas ocasiones con los alimentos. Quién no recuerda los domingos en casa de la abuela, quien te preparó ese platillo delicioso que te encanta. Es la forma en que por generaciones hemos aprendido a consentir a nuestros seres queridos. 

 

Todas las celebraciones, independientemente del tinte emocional, están rodeadas de alimento, es decir, comemos cuando estamos contentos, tristes o enojados. Si alguien nace, dependiendo de si es niño o niña, ya sabemos qué toca llevar. Si alguien se muere, durante la ceremonia de velación te pueden dar desayuno, comida y cena, dependiendo de la región del país, o por lo menos, servicio de café ¡con galletas o pan, por supuesto! “Las penas con pan son menos”.

 

Las cantidades de comida que nos sirven en los restaurantes, también ha ido aumentando con el paso de los años. Por ejemplo, el tamaño de los platos, que en algunos lugares parece de tamaño “familiar” y se sirve para una sola persona. Aunado a este aumento en las porciones, por “costumbre” sentimos que debemos acabarnos forzosamente todo el platillo, debido a ese reforzamiento negativo que a muchos nos grabaron como tatuaje desde la infancia, cuando tus mayores prácticamente te obligaban a terminarte el plato completo de comida “porque los niños de África no tenían qué comer”, sin al menos revisar que probablemente la cantidad de alimento que se te sirvió fue igual al resto de los adultos de la mesa y no necesariamente debías terminarlo. 

Entonces, empezamos con hábitos alimenticios como seguir comiendo a pesar de estar satisfechos, lo cual hoy en día es parte de una alteración alimentaria llamado trastorno por atracón, en el que la persona puede seguir comiendo hasta quedar desagradablemente lleno.

 

El momento de alimentarnos debe ser en un escenario ideal, un espacio de mucha consciencia, donde utilicemos todos nuestros sentidos para comer, mastiquemos despacio y que por lo menos tardemos entre 20 y 30 minutos comiendo, ya que es el tiempo en que teóricamente se tarda en llegar la señal de saciedad desde el estómago e intestino hasta el cerebro para dejar de comer. Si lo hacemos más rápido, comemos una mayor cantidad de alimento. 

 

Evitar distracciones como ver televisión, celular, computadora, etc. nos ayuda a estar más atentos a lo que comemos y en cuánto tiempo lo comemos.

 

Dra.Ruth Cruz Soto

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