Monitor Nacional
La corrupción empieza por nosotros
Portada | Sofia Monserrat
3 de mayo de 2016 - 6:58 pm
columna
El año pasado, México fue ranqueado como el país número 95 menos transparente del mundo

Es cierto que siempre que pasa algo malo en nuestra sociedad culpamos al gobierno, pero ¿en realidad es su culpa? En México aún no existe el nivel de transparencia que, como sociedad, desearíamos que existiera y prueba de esto fue la iniciativa de ley 3 de 3, en la que nuestra sociedad exigía a los funcionarios públicos que nos expliquen de donde sacan tanto dinero y cuáles son sus intereses siendo parte del gobierno.

Cada año la organización Transparencia Internacional publica el Índice de Percepción de la Corrupción, en el cual estudian 168 estados. El año pasado, México fue ranqueado como el país número 95 menos transparente del mundo. Este índice también afirma que los países menos transparentes en el mundo, también son los más violentos.

El término de corrupción abarca desde fraudes, sobornos, plagio, uso indebido de información, tráfico de influencias, extorsión. La corrupción no es un problema exclusivamente mexicano, este índice nos explica que el 68% de los países en todo el planeta, son corruptos y no existe estado alguno libre de corrupción. Es decir, más de 6 mil millones de personas en el mundo viven bajo el gobierno de un estado corrupto. El gobierno o estado de cada nación, supone ser el reflejo de la sociedad, si esto es cierto, entonces los gobiernos corruptos son el reflejo de sociedades corruptas. Entonces, ¿Es nuestra culpa?

Desde que somos pequeños nuestros padres nos han enseñado e inculcado el valor de la honestidad, pero muchos padres llevan una vida con una doble moral en la que nos regañan por mentir al mismo tiempo que nos enseñan a mentir a partir de su ejemplo. Cuando creces y entras a la preparatoria, tus padres te presionan para que te conviertas en alguien y estudies algo que te mantenga toda tu vida para que seas independiente o sostengas una familia y para ello te exigen buenas calificaciones, sin embargo a algunos padres no les importa tu desempeño, sólo el número que tus profesores escriben en la boleta, por lo que tampoco les importa el cómo lograste esa calificación.

Recuerdo que cuando me gradué de la preparatoria, a los estudiantes con mejores calificaciones les otorgaban un reconocimiento en la ceremonia de graduación, y yo conocía a una de las que ganaron ese reconocimiento, esa misma estudiante un año anterior me había ofrecido las respuestas de un examen. Ella era una persona muy inteligente y cuando le pedías ayuda en cualquier materia te ayudaba y te asesoraba de manera correcta, pero la presionaban tanto en su casa que aunque tuviera la capacidad de contestar honestamente el examen y lograr una gran calificación, prefería estar segura de que tendría un 100.

Cuando eres chico te dicen que la honestidad es sagrada, uno de los valores más importantes para cualquier persona que deseé una vida digna, pero cuando creces te dicen que si un tránsito te para, le ofrezcas un poco de dinero para que no se lleven tu carro al corralón y te dejen seguir con tu vida en paz, y si decides ser honesto, te dicen que seas realista.

Es cierto que parte de la razón por la que los tránsitos acepten mordida es por lo poco que ganan y que a tus padres sólo le importen las calificaciones es porque a las universidades y a las empresas es lo único que les importa, el número que está en tu boleta. Pero antes de mentir, de convertirte en corrupto, debes reflexionar más allá de tus acciones. Si decides mentir ¿con qué cara les exiges a tus hijos, a tus gobernantes y a la sociedad que sea honesta contigo? Debemos ser congruentes en lo que hacemos con lo que decimos. Creo que si no eres una persona honesta, no tienes el derecho de exigir que los demás sean honestos contigo.

La realidad es una construcción social, no es algo que exista sin una sociedad que la defina, por lo que si la corrupción es una realidad social en nuestro país, es algo que hemos establecido juntos como sociedad, al mismo tiempo que tenemos el poder de cambiar nuestra realidad y establecer otra.

Así como la corrupción empieza por nosotros, también la honestidad. Si queremos que nuestro gobierno sea transparente y honesto, si queremos que la corrupción deje de ser el concepto que defina nuestra sociedad y nuestro gobierno, debemos cambiar primero nosotros. Necesitamos cambiar nuestras propias prácticas, dejar de decir lo honestos que somos y comenzar a realmente ser personas honestas e integras con principios. Debemos dejar de quejarnos por los demás y empezar a cambiar nosotros.

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