La Cumbre de las Américas

La octava Cumbre de las Américas, una conferencia a la que asisten los líderes del sur, centro y el norte del continente americano, comenzó en Lima, Perú el pasado viernes, en medio de las tensiones y la inestabilidad política que se presenta en la región.  En esta ocasión, estuvieron ausentes el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente venezolano Nicolás Maduro. Supliendo al presidente Trump asistió el vicepresidente Mike Pence.

La Casa Blanca informó el martes previo al encuentro que el líder norteamericano no asistiría, pues tendría que monitorear las acciones que se llevarían a cabo en Siria como respuesta al ataque químico perpetrado por el régimen de Bashar al-Ássad en Duma, Siria. Como ahora sabemos, dichas acciones se realizaron el sábado 14 de abril: misiles de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia atacaron supuestas plantas químicas del régimen sirio.

La falta del presidente Trump en el encuentro marca la primera vez en 24 años en el que un presidente norteamericano no asiste. La ausencia significó también una oportunidad de negociación y acercamiento pérdida para el presidente, en un momento donde la influencia china crece enormemente, especialmente en Latino América.

El no haberse presentado al encuentro de este fin de semana, no ayudará a los Estados Unidos a mejorar las relaciones con los países de Latinoamérica, especialmente con México; sobre todo teniendo en cuenta la sensible relación que existe entre el país norteamericano y el resto del continente desde el comienzo de la presidencia Trump y sus constantes comentarios en contra de la población latinoamericana.

El tema de este año fue la lucha contra la corrupción, razón por la que se emitió el “Compromiso de Lima: Gobernanza democrática en contra de la corrupción”. Esta declaración incluye 57 puntos de acción, los cuales, según el presidente Martín Vizcarra, asegurarán la base para prevenir la corrupción. Sin embargo, analistas aseguran que esto no llevará a ningún cambio tangible.

De manera destacable, países asistentes lanzaron un comunicado dirigido hacia el gobierno venezolano. La declaración fue firmada por al menos 16 países latinoamericanos, así como los Estados Unidos, y se advierte a Venezuela que las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el siguiente mes serán vistas como ilegítimas por la región, al menos que sean restablecidos los estándares y principios democráticos.

En general esta cumbre representó una oportunidad perdida para el presidente estadounidense para lograr trabajar más allá de la hostilidad con el continente; pero también, representa una cumbre en donde los acuerdos a los que se llegan y por los que se trabajan, terminan siendo más normativos que prácticos. Pareciera paradójico que aquellos líderes que se comprometen a erradicar la corrupción en el continente, tales como México, han demostrado no tener el interés real en cumplirlo, e incluso se han demostrado incapaces de hacerlo. Asimismo, resulta contradictorio que los Estados Unidos, así como muchos de los otros países asistentes, exijan valores de democracia, cuando dentro de los mismos países se vive una crisis interna de las instituciones de poder, que en teoría deberían proteger los valores de la democracia y la libertad para todos. Sin embargo, esta situación no quiere decir que no se deberían tomar medidas para aliviar la tensión en Venezuela o impedir la impunidad, al contrario, lo que quiere decir es que debe de existir un compromiso real y tangible de los países firmantes para actuar bajo los valores y las estructuras liberales de manera externa pero también de manera interna. Recordemos que la política exterior de un país no es más que un reflejo de las situaciones internas de un país.