Monitor Nacional
La descomposición de los penales en México
Divisadero | Eduardo Gonzalez
11 de febrero de 2016 - 4:43 pm
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Los centros de “readaptación social”, cada día se encuentran más lejos de los fines para los cuales fueron creados

El motín en el penal de Topo Chico en la ciudad de Monterrey este jueves por la madrugada que dejó un saldo de al menos 52 reos muertos y unos 70 heridos, algunos de gravedad, sin la certeza gubernamental de que no hubiese sucedido una fuga de prisioneros, es un botón más de muestra de la peligrosa descomposición que existe al interior de los centros de “readaptación social” estatales y federales a lo largo de la República Mexicana. Lo sucedido en el penal regiomontano no es la excepción, lamentablemente es la regla de los penales en nuestro país.

Las causas de los cada vez más frecuentes motines se encuentran en los altos niveles de corrupción e impunidad de algunas autoridades, así como las prácticas de los grupos delincuenciales quienes han sentado sus reales al interior de estos lugares. Desde luego, sería ingenuo suponer que el “negocio” de la delincuencia al interior de las cárceles mexicanas sea exclusivo del crimen organizado.

Los centros de “readaptación social”, cada día se encuentran más lejos de los fines para los cuales fueron creados, que era lograr la readaptación de los internos a la sociedad. La realidad es que esos lugares de reclusión se han vuelto escuelas del crimen, donde todo es susceptible de negocio: la comida, un lugar para dormir, el agua, la salud, el derecho a las visitas, el acceso a la justicia. Son lugares donde campea el tráfico de drogas, armas y todo tipo de objetos prohibidos a quienes se encuentran recluidos. Además de ser centros de extorsión telefónica donde “trabajan” con completa libertad varios de los detenidos.

Motines como el de Topo Chico o Apodaca en 2012 donde hubo 44 muertos y la fuga de 29 reos, son solamente la punta del iceberg sentada sobre una larga y profunda cadena de corrupción y “negocios” ilegales al amparo de las autoridades en los tres niveles de gobierno. De qué otra manera podríamos explicar lo sucedido en Topo Chico.

La lucha por el control de las plazas realizadas en las calles de diferentes ciudades se vive también al interior de los penales. Según la versión oficial del gobierno de Nuevo León, la riña comenzó con el enfrentamiento entre bandas rivales, lideradas por Jorge Iván Hernández Cantú, el Credo —del cártel de Sinaloa—, y Juan Pedro Saldívar Farías, el Z-27 —del grupo Los Zetas—. Como ha sucedido en otros casos de motines efectuados en las prisiones, tendremos que esperar para conocer exactamente qué sucedió y saber si en esta ocasión, como en otras tantas, no se trató de una masacre planeada para debilitar a un determinado grupo criminal. Además, en toda esta tragedia los parientes de los detenidos no cuentan con la información necesaria para saber qué sucedió con su familiar.

Desde luego, no debemos descartar que el motín sea una respuesta a los reacomodos de las autoridades a partir de la llegada del nuevo gobernador, Jaime Rodríguez Calderón, quien ordenó a principio de su administración cambiar la custodia militar por elementos de la Fuerza Civil. A querer o no, lo sucedido en Topo Chico es la primera crisis que enfrenta el primer gobernador independiente de nuestro país.

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