Ver más de Nacional

La desigualdad educativa en México

Por Daniela Vanessa Montiel

No es noticia reciente que la educación en México presente un déficit en comparación con otras maneras de enseñar alrededor del mundo. Pero sí es una preocupación que esto todavía sea vigente. De igual modo, no sólo se da de manera global sino a lo largo de la república, pues se puede observar una enorme cantidad de desigualdades en cuanto a la accesibilidad, al nivel de enseñanza, a la disponibilidad y a la situación de la infraestructura. ¿Por qué se da esto y qué repercusiones tiene?

Para empezar, quisiera hablar un poco sobre mi propia experiencia en cuanto al tema en cuestión. Yo soy originaria de Sinaloa, viví y estudié ahí durante mis primeros años hasta los últimos semestres de preparatoria. Ya cuando llegó el momento de irme a la universidad así como la ocasión en la que comencé a entrar en ambiente con mi nuevo entorno y con una ciudad distinta, pues vine a estudiar a la perla tapatía, pude darme cuenta de la gran diferencia que existe entre mi escuela anterior y mi universidad actual.

Por ejemplo, los edificios son más limpios, más espaciosos y muchísimo más impresionantes aquí en Guadalajara; no tengo la urgencia de buscar sillas faltantes, y esto lo menciono porque a veces en mi escuela anterior tenía que ir de salón en salón pidiendo un mesabanco de sobra, pues en mi grupo ya no había lugar para mí; recuerdo también miles de ocasiones en donde un alumno se encontraba con una pierna rota y entre seis lo teníamos que cargar para que pudiera subir al segundo piso, o al contrario, el que bajaran a todo un salón porque un estudiante no tenía las condiciones para usar las escaleras, todo esto por la falta de un elevador; el nivel educativo es mucho mejor aquí, porque durante mis primeras semanas, me acuerdo de no haber entendido algunos conceptos que al parecer todos los demás conocían; la disponibilidad y el uso de la tecnología es muy abundante y de lo más actualizada que puede estar, cosa que en Sinaloa fallaba tantas veces que no se podía confiar en el correcto uso de ella.

Aun cuando yo amé mis años de primaria, secundaria y preparatoria, al mismo tiempo que mis maestros me ofrecieron su atención, su ayuda y su conocimiento; tengo que admitir que si mi colegio, o más bien mi ciudad de origen, hubiera tenido las mismas condiciones y si me hubiera ofrecido las mismas oportunidades que la universidad en la que estudio actualmente le brinda a sus alumnos, no me habría mudado en un principio. Si por algo salí de Sinaloa, fue por la falla en ofrecer un futuro que yo considerara digno para mí así como una escasez de posibilidades. No digo que no se pueda triunfar en el estado del que provengo, pero si es algo difícil.

Y ahora nos queda pensar, si esto de lo que acabo de platicar, pasó en un colegio privado que es considerado de prestigio, ¿cómo estará la situación en una escuela rural?, ¿o en otros estados más pobres?

Con escuelas públicas he tenido un poco de experiencia, estoy al tanto de que es en donde los libreros carecen de la esencia que les da vida: libros; tampoco puedes depositar tu confianza en el aire acondicionado; las computadoras que se prestan podrían ser catalogadas como anticuadas o se dan los casos en los que ni siquiera hay en primer lugar; el suelo no está cementado completamente, lo que representa un peligro a la hora en la que los niños se ponen a jugar; las condiciones de higiene son tan pobres que las epidemias de gripa o de piojos se ha convertido en algo muy común; no existen programas completos de artes o de deporte para que los alumnos se puedan desarrollar plenamente… y la lista podría seguir y seguir.

Pero lo importante aquí es lo que nosotros podemos hacer, lo que podemos contribuir. No hay que quedarnos de brazos cruzados ante una problemática tan grande y tan necesaria de gestionar. Bien pude haber enseñado las estadísticas en este artículo, pero a causa de la razón de que algunas personas no prestan suficiente atención a éstas, decidí detallar lo que mis ojos han visto y comprobado, mi propia experiencia. Opté por retratar la realidad antes que cuantificarla.

Dicho esto, ¿Qué podemos hacer al respecto? Además de demandarle al gobierno que mejore sus programas educativos, también podríamos acudir a ONGs que estén involucradas en el asunto. Mediante el apoyo a maestros y educadores, visitas a escuelas, elaboración de dinámicas para realizar con los niños o jóvenes, donaciones, asistencia; hasta un pequeño cambio hace la diferencia. De igual manera, en la actualidad contamos con la capacidad de iniciar con nuestro propio proyecto o idea, ¿por qué no comenzar ahora?. Si los demás no se mueven, ¿por qué nosotros nos detendríamos? ¡No esperemos que los demás actúen, tengamos la iniciativa! ¡Ayudemos a la juventud mexicana a desarrollarse al máximo!