Monitor Nacional
La dimensión cultural en la Alianza del Pacífico
Mar de Memorias | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
3 de noviembre de 2015 - 4:41 pm
AP-MN
Los objetivos de la AP denotan el interés en promover la integración económica como fórmula para el crecimiento y desarrollo en la región

El siglo XXI es “del Pacífico”. Frase confeccionada para proclamar el ascenso de los países asiáticos, especialmente China, su creciente importancia política en el mundo, su trascendencia en la economía regional y global. La pregunta ante la nueva realidad internacional ha requerido una prudente reflexión a la región latinoamericana, sobre su propio lugar en este cambiante orden internacional.

Una respuesta interesante es la llamada Alianza del Pacífico (AP), la cual surgió en 2011 y está integrada por México, Perú, Chile y Colombia. El proyecto es un esquema de cooperación económica, arropado por la comunidad internacional y latinoamericana; los políticos, diplomáticos y empresarios de los cuatros países, lo han respaldado y proyectado de manera exitosa.

Los objetivos de esta cooperación son muestra de la apuesta política al neoliberalismo, como instrumento para salir del atraso:

  • Construir, de manera participativa y consensuada, un área de integración profunda para avanzar progresivamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales, personas y economía.
  • Impulsar un mayor crecimiento, desarrollo económico y competitividad de las economías de sus integrantes, con miras a lograr mayor bienestar, superar la desigualdad socioeconómica e impulsar la inclusión social de sus habitantes.
  • Convertirse en una plataforma de articulación política, integración económica y comercial, y proyección al mundo, con énfasis en la región Asia-Pacífico.

Los objetivos de la AP denotan el interés en promover la integración económica como fórmula para el crecimiento y desarrollo en la región, además de reivindicar Asia-Pacífico como un espacio prioritario en su política exterior económica. La apuesta es sensata si se toma en consideración que, en conjunto, los integrantes representan la octava economía mundial.

Siendo prioritaria la agenda comercial, la cooperación política es punto clave para el avance en los objetivos: la máxima instancia del mecanismo descansa en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno, en donde se decide el rumbo de la Alianza. También es notable, el Consejo de Ministros, integrado por los representantes de los Despachos de Relaciones Exteriores y Comercio, encargados de vigilar el cumplimiento de los acuerdos presidenciales.

Los reflectores han enfocado las dimensiones económica y política, dejando rezagada la cultural, siendo esta primordial para la integración entre sociedades. No obstante, este año, parece haber un giro en la atención hacia esta tercera dimensión. Así, se llevó a cabo el primer encuentro entre Ministros de Cultura, en el marco del XLIII Festival Internacional Cervantino-2015, en el cual los invitados de honor fueron los miembros de la Alianza del Pacífico.

El 7 de octubre tuvo lugar el encuentro. Por parte de Perú, estuvo presente la ministra de Cultura, Diana Álvarez-Calderón; de Colombia, la ministra de Cultura Mariana Garcés Córdoba; de Chile, Rodrigo Espinosa Marty, director general de Asuntos Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores; y de México el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar y de Teresa. Interesante reunión en un momento políticamente complejo para la cultura en México, en el que se debate la polémica propuesta del presidente Peña Nieto, sobre la creación de una Secretaría de Cultura que, argumentan especialistas, “busca desvincular la cultura de la educación” .

La reunión de los líderes culturales de la Alianza del Pacífico es una forma de fortalecer la agenda digital conjunta, apoyar industrias culturales que son importantes en el crecimiento económico y que fomentan identidad, diversidad, creatividad, protección y conservación del patrimonio cultural. Además, en el encuentro surgieron propuestas como: pasantías entre artistas, intercambio de becas, intercambio de información sobre marcos legislativos para la protección de sitios arqueológicos.

Como representantes de los Estados, los encargos de asuntos culturales deben priorizar el beneficio para los ciudadanos, pues si bien la cultura es un bien con relevancia en el mercado, su significado es más profundo e invaluable, en cuanto construye formas de ver el mundo; expresa a la comunidad imaginada; critica el estado de las cosas en las sociedades; y presenta alternativas para la paz.

En México, el presupuesto para 2016 estipula una reducción en comparación con 2015 en el ámbito cultural, por lo que el gobierno tiene aún el compromiso de aumentar la inversión en cultura y los apoyos para los cuerpos creativos que quieren ocupar el espacio público, a fin de crear un frente pacífico y activo ante los aires de muerte que sacuden el país. También, las autoridades requieren pensar en los estados y municipios lejos del centro, a los que apenas llegan murmullos de la grandeza cultural capitalina.

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