Monitor Nacional
La diplomacia cultural china: El año nuevo lunar en México
Mar de Memorias | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
9 de febrero de 2016 - 6:30 pm
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La diplomacia cultural se convierte en un medio estratégico para la política exterior del dragón rojo en México

El año nuevo chino se ha convertido en un signo de celebración mundial. La posibilidad de festejar internacionalmente un inicio de ciclo con base en el calendario lunar, prueba que Beijing encuentra en la cultura un motor clave para su proyección en el mundo. La diplomacia cultural se convierte en un medio estratégico para la política exterior del dragón rojo en México, sitio en donde por cierto han resultado fallidos los intentos de emprender obras imperiales: el Dragon Mart Cancún y el Tren México-Querétaro. A propósito, el Embajador de China en nuestro país, Qiu Xiaoqi, deslindó a su gobierno del primer proyecto y argumentó respecto al segundo, que China tiene toda disposición de participar en una nueva licitación.

Mientras las inversiones chinas llegan a México, la fiesta cultural no se hace esperar. En la Ciudad de México se han llevado a cabo varias expresiones de júbilo por la celebración de un segundo año nuevo. Destaco en este texto una de ellas.

Entre el arte y la política

El 4 de febrero, en el recinto de Xicoténcatl, antigua sede del Senado de la República, se llevó a cabo un evento cultural nombrado “China: Tradición y Modernidad”. Un esfuerzo discursivo que plantea el éxito de armonizar la grandeza del pasado con la notable capacidad económica y tecnológica del presente. El título se tradujo en el diseño del programa: la danza del dragón y el león, una exposición fotográfica, presentación de la ceremonia del té y el incienso, además de una muestra de música tradicional y la técnica del papel recortado. Para el asombro de los asistentes, hubo traducción simultánea chino-español. La cereza del pastel sería el espectáculo Mi Sueño.

La muestra cultural que provocó la competencia entre los espectadores fue la ceremonia del té. Pues después de prepararlo con esmero y orgullo, se sirvió en un número reducido de vasos para permitir a los asistentes degustarlo. Ante la escasez, el paso acelerado era la garantía de conseguir un poco de hidratación aromática. Acaso esta imagen citadina metaforiza la fiebre mundial por obtener un poco de China, económica o políticamente.

Otro aspecto que llamó mi atención fue la inusual presentación de la mujer que elaboró figuras con papel recortado. Después de finalizar su trabajo, el cual llevó a cabo en vivo y a todo color, rodeo de norte a sur y de este a oeste el espacio en Xicoténcatl para presentarlo. Tras cada flashazo o vistazo al trabajo, lanzaba un mensaje cívico: ¡Gracias! No cabe duda que la voluntad de China de estar presente en todo sitio posible es una manera de buscar el reconocimiento internacional.

Pero, el espectáculo que se llevó la noche fue Mi Sueño, para el cual uno tenía que trasladarse de Xicoténcatl al Teatro de la Ciudad Esperanza Iris. La presentación estuvo a cargo del Grupo de Artistas con Discapacidad de China (GADC), que tiene una historia que data de 1987 y se ha consolidado a nivel internacional como una imagen para las personas con capacidades diferentes, tanto que ha recibido la caracterización de “Artista por la Paz” de la UNESCO.

Ciertamente, GADC es un hermoso proyecto. Hubo poesía de señas con traducción al español, canciones interpretadas en inglés, chino y español por personas invidentes. Cuando cantaron “México, Lindo y Querido” se hicieron presentes chiflidos y aplausos del público asistente. La danza fue una de las muestras más bellas, en especial el famoso número llamado “Buda de los Mil Brazos”. Un evento lleno de armonía, melodía y solemnidad.

La presentación de Mi sueño, sin embargo, mostró con claridad la dimensión política de la celebración cultural. Pues inició con mensajes de un diplomático chino y un político mexicano, lo cual es parte del protocolo en la promoción gubernamental de la cultura. A esto se agregó la proyección de videos, especialmente en el momento de las canciones, en donde se veía a líderes políticos chinos y mundiales disfrutando de la presentación de GADC. Hubo una saturación de imágenes justificando políticamente el espectáculo, una clara estrategia para socializar la idea de un gobierno chino comprometido con la cultura y los problemas sociales.

Finalmente, es prudente mencionar que los organizadores de los eventos, tanto en Xicoténcatl como en el Teatro Esperanza Iris, fueron la Comisión de Relaciones Exteriores Asia-Pacífico de la Cámara de Senadores de México, quien ha tenido una especial participación como co-organizador de eventos culturales con países de la región Asia-Pacífico, la Embajada de la República Popular de China en México y el Centro Cultural de China. La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México también tuvo participación. En este caso, es evidente que la cooperación cultural tiene a la política como su principal promotor.

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