Monitor Nacional
La economía sigue cascabeleando
Divisadero | Eduardo Gonzalez
25 de agosto de 2016 - 5:12 pm
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Por donde se le mire, la economía mexicana no da color

Por donde se le mire, la economía mexicana no da color. Sin importar de dónde provengan los análisis y las proyecciones, éstas no son las mejores. A pesar de la insistencia gubernamental de maquillar el escenario, la escabrosa realidad sigue haciendo mella en la economía de millones de familias en nuestro país. La pobreza de los más pobres, y la de los no tanto, se agudiza y evidencia la estrategia de borrar a los desposeídos de las estadísticas oficiales, lo cual no detiene la pauperización de amplios sectores de la sociedad y con ello el incremento de pobres en nuestro país. El triunfalismo discursivo de Enrique Peña Nieto languidece de cara a la urgencia económica de millones de mexicanos lanzados cotidianamente a los márgenes ciudadanos inundados por ausencias sin adjetivos que profundizan su desesperación.

Esta semana la agencia Standard & Poor’s Global Ratings (S&P) bajó la perspectiva de la calificación de largo plazo de nuestro país de “estable” a “negativa”. De acuerdo con S&P, la deuda neta del gobierno se ubicó en 42% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2015, y espera que llegue a 45% en 2016; mientras que para el 2018-2019 se prevé se acerque a 48%, mientras en 2005 apenas llegaba a 28% (Proceso en línea, 24 de agosto de 2016). Sin duda, el creciente y descontrolado contrato de deuda por parte de los tres niveles de gobierno deja en claro la incapacidad que tienen las políticas económicas y financieras puestas en marcha para solventar las necesidades de la sociedad y nuestra planta productiva donde se generan pocos y malos empleos, propiciando así las condiciones necesarias para que aumente la informalidad económica.

El reporte de S&P resulta doblemente desalentador porque se presenta en el contexto de la puesta en marcha de las llamadas reformas estructurales, lo que indica, a querer o no, dos cosas: por un lado, fueron mal hechas; y por otro, entraron en vigor en un pésimo momento. No es solo eso, en tanto nuestro sistema político no cuente con el andamiaje necesario que ofrezca viabilidad a los proyectos de nación, ningún cúmulo de reformas sean de telecomunicaciones, educativas, fiscales, energéticas, laborales, financieras, podrán fructificar. Esto no se trata de las reformas, sino del contexto político en el que se generan y de los intereses mezquinos mediante los cuales se elaboran.

En este caldo de cultivo no podemos esperar otra cosa que nuestra economía asista a una muerte lenta, donde en el mejor de los casos tiene un famélico crecimiento de 2 por ciento anual.

Debemos entender que la degradación económica en nuestra República es una consecuencia del desgajamiento ético de la clase política que ha usurpado el poder para vivir de él. En ese sentido, S&P no oculta su desencanto cuando afirma que “en México la democracia ha generado estabilidad y cambios regulares de gobierno, pero no ha derivado en un dinamismo económico ni ha mejorado la seguridad pública”.

A lo dicho por el clásico: “es la economía estúpido”, debemos agregarle: “es la corrupción, la impunidad, la impericia y la rapacidad de nuestros gobernantes” lo que tiene cascabeleando la economía y al país entero.

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