Monitor Nacional
La gira de Francisco o el arte de quedar en medio
Divisadero | Eduardo Gonzalez
25 de septiembre de 2015 - 8:56 am
Papa-MN
El Papa se envolvió en los lugares comunes: recordar al vecino del norte su origen migratorio y la riqueza que producen las manos exiliadas de otras latitudes

La gira del Papa Francisco, realizada por Cuba y Estados Unidos durante esta semana, nos ha dado muestra suficiente de la estrategia política llevada a cabo por el jefe de la Iglesia Católica para quedar en medio de varios bandos encontrados y evitar los encontronazos; sentar a la mesa a comensales de diversa naturaleza y ofrecerles un menú que satisfaga las diversos paladares; cobijar a un bando sin desnudar a otro; lanzar guiños a un lado y a otro; todo ello utilizando la estrategia del espaldarazo cordial a los miembros de las diferentes aceras políticas con los que interactuó.

Los alcances de la gira son diferentes dependiendo el divisadero del que se mire. Si lo hacemos desde lo que pudo ser, desde el lugar al que pudo llegar y la fuerza del discurso que pudiera haber emitido, la gira quedó corta. Si lo hacemos desde el lugar de arranque tomando en cuenta las vicisitudes históricas en la relación Estados Unidos-Cuba y Cuba-El Vaticano, los cubanos y los estadunidenses podrán sentirse satisfechos; asimismo los católicos de ambos países. Quizá este era el primer objetivo a cumplir por el Pontífice. No tratar de apretar más de lo que podía abarcar. No hablar más de lo que en la práctica podría materializar.

En la isla del caribe, Francisco no se reunión con la disidencia, tampoco se pronunció contra el régimen castrista, ni mucho menos mencionó la defensa de los derechos humanos. Su recorrido fue una muestra de “buenos modales” haciendo las veces de un embajador cómodo y un líder religioso que busca el entendimiento entre las diferencias privilegiando el diálogo que pudiese sonar fuerte pero no decir nada. Al final de su visita cubana la Iglesia católica de la isla salió fortalecida. Seguramente, a partir de este momento su presencia e influencia en algunos asuntos públicos tendrá mayor relevancia que la experimentada desde el triunfo de la revolución; sin que esto signifique que el gobierno de Raúl Castro le abra las puertas para visitar los entretelones de la política isleña. En este sentido, tendríamos que preguntarnos si la visita quedó corta o ese fue el objetivo primigenio. Solo Francisco lo sabe.

En su paso por Estados Unidos el Papa se envolvió en los lugares comunes: recordar al vecino del norte su origen migratorio y la riqueza que producen las manos exiliadas de otras latitudes; combatir el cambio climático; defender su posición contra el aborto; reconocer la “valentía” del clero estadounidense para “enfrentar” los casos de pederastia; defendió el matrimonio y la familia. Muchos de los temas fueron tocados de manera tangencial y utilizando un velo lo suficientemente traslúcido para dejar entrever algunas ideas pero no la esencia de los mensajes con la finalidad de navegar por las agitadas aguas utilizando velas políticamente correctas.

La gira que terminará el fin de semana en la Gran Manzana con un mensaje en la Asamblea de las Naciones Unidas, agrega elementos para pensar que Francisco más que un reformador, es un político conciliador de visiones encontradas. No es el liberal que los conservadores señalan, tampoco es el conservador que sigue la línea de Benedicto XVI y Juan Pablo II como lo quieren ver los liberales; es un Papa que camina en medio de la vereda para no generar demasiadas enemistades; y en todo caso, su visión liberal o conservadora se puede medir a partir de lo hecho por los anteriores jefes de la Iglesia sin negar que su papado no ha rebasado los límites permitidos por el Vaticano.

Al fin y al cabo la Iglesia Católica es una Iglesia política, y en honor a su naturaleza juega con maestría distintas cartas en cada mano.

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