Monitor Nacional
La gota que derramó el vaso
Desde el Volcán | Miguel Villaseñor
11 de enero de 2017 - 12:40 pm
gas
El descontento no es nuevo, se ha venido acumulando desde tiempo atrás, sólo que ahora se está haciendo presente de manera activa

Marchas, bloqueos de carreteras, tomas de casetas, de gasolineras, de edificios administrativos, saqueos de tiendas departamentales (sobre eso tengo mis reservas), así es como se ha manifestado el malestar ciudadano a lo largo y ancho del país respecto al último aumento al costo de los combustibles. ¿Y qué esperaba el gobierno? ¿Qué la gente se quedara de brazos cruzados resignada viendo cómo le alcanza menos para mantenerse?

Porque obviamente un incremento en las gasolinas significará el aumento en el costo de otros productos y servicios. Pero el gasolinazo no es la causa del malestar que se aprecia en las calles, es más bien el detonante, la gota que derramó el vaso.

El descontento no es nuevo, se ha venido acumulando desde tiempo atrás, sólo que ahora se está haciendo presente de manera activa. ¿La causa de todo ello? Es sencillo dar con ella, basta mirar un poco hacía atrás y apreciar todas las razones que lo justifican: malos gobiernos, corrupción e impunidad descarados, despilfarro de recursos públicos, abusos de autoridad y violaciones a los derechos humanos y lo que ahora nos ocupa, los incrementos a las gasolinas.

¡Ah, pero eso no les bastó! Para echarle más leña al fuego se aprobaron la entrega de vales de gasolina a funcionarios, magistrados y legisladores. Para que se termine de desparramar el vaso, cómo no. Como si sus excesivos sueldos y prestaciones no les ajustaran a los pobres señores para costearse la gasolina de su propio bolsillo. Y todavía se atreven a decir que comprenden el malestar de la población o que el eliminar los vales no resuelve la situación. ¡Descaro total! Tantita progenitora deberían tener y rechazar esa prestación, la cual es una total grosería para la mayoría de los mexicanos, que tendrán que vérselas para que el súper incremento al salario le ajuste para la ola de aumentos que se aproxima.

Ante esta situación, le gente seguramente seguirá saliendo a las calles. Antier lunes se anunció, por ejemplo, el bloqueo a la entrada del puerto de Manzanillo, uno de los más importantes del país. Y esto seguirá por lo que resta del mes y si en febrero si vuelve a dar un aumento, olvídese, ¡la que nos espera! Y por más que intenten justificar los aumentos y tratar de explicar por qué se tomó la decisión, que si el precio del petróleo, que si el IEPS, que el incremento no es efecto de la reforma energética, y un largo etc., la gente ya no está dispuesta a escucharlos. El gobierno tiene tan bajos niveles de aprobación que ya ni las mismas bases de su partido les han de creer.

De esto último, para que se dé una idea, Héctor Aguilar Camín, director de la revista Nexos, mencionó en foro tv que existe una encuesta no publicada que muestra como resultado que la aprobación del presidente se encuentra en 9%. Vaya nivel de legitimidad tendrán sus próximas decisiones. Como lo dije en la columna anterior, el PRI ha cavado su tumba, no veo cómo pueden recuperarse de eso en 2018, menos aún si el próximo mes se viene otro ajuste a las gasolinas. Derramaron el vaso, ahora tiene que buscar la manera de secar el mojadero o correr el riesgo (cada vez mayor) de resbalarse rumbo a la presidencial y quedarse tirados en el camino.

El problema no es problema…

Por último le quiero compartir mi opinión respecto a Pemex. El problema de los combustibles a mi comprensión no es el subsidio, ni el Impuesto Sobre Producción y Servicios, menos el aumento o descenso en los precios del petróleo. El problema aquí es la situación en que ha quedado la empresa estatal más importante que ha tenido y, aunque maltrecha, tiene el país. ¿No cree usted que si desde un principio se hubiese invertido en la refinación y petroquímica no estuviéramos en esta situación ahora? Los gobiernos azules que tuvieron precios del petróleo altos no supieron administrar la abundancia, al contrario, se siguió saqueando las arcas de la paraestatal y se dejó morir. ¿Dónde están las refinerías de Felipe Calderón? Hasta donde sé, ¡sólo la barda perimetral de construyó!

Yo no soy experto, pero creo que cualquier persona con un poco de sentido común podría deducir que si se hubiese hecho lo antes mencionado estuviéramos ahora produciendo nuestras propias gasolinas y no comprando la mitad de nuestro consumo a los Estados Unidos, lo cual, para como se encuentra el dólar, nos está saliendo carísimo. ¡Somos un país petrolero y compramos combustibles! Estuviéramos más bien aprovechando el dólar caro para vender gasolinas y otros productos derivados del petróleo con un valor agregado, por ese lado le estaríamos sacando provecho. Pero no, fue más fácil dejar que Pemex terminará en la ruina para que la inversión extranjera llegará a “salvarnos” y de paso llenar los bolsillos de la clase gobernante del país.

Así pues ahora vemos los efectos de la tan preciada reforma energética, ¿queríamos verlos? Allí están. ¿O qué acaso la reforma no planteaba la liberación del costo de los combustibles?

Pero esto no termina aquí, a mi parecer esto tiene otro fin. Se supone que este año comienzan a participar otras empresas en la venta de combustible, como otro de los resultados de la reforma. Si me preguntan, no creo que las gasolinas vayan a bajar de precio en un futuro, ¿por qué? Por esas empresas que entrarán al mercado, hay que darles certeza de que tendrán buenas utilidades para que inviertan, de lo contrario no se animarían a vender gasolina a precios bajos o a competir con una empresa que subsidia el combustible. Por eso se elimina el subsidio, por eso se liberan los precios, para que lleguen hagan su inversión y se lleven su lana. Le irá bien a FEMSA, por ejemplo, con sus miles de oxxos por todo el país. Aunque bueno, ese es mi interpretación. Lo dejo a su consideración.

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