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La historia de las calaveras literarias

Ciudad de México.- Todos en México hemos leído alguna calaverita literaria, incluso las hemos escrito porque nos las dejaron de tarea en la escuela. Pero ¿de dónde surgen estás composiciones poéticas?

Las calaveritas literarias son una tradición mexicana relacionada con el Día de Muertos. Sin embargo, a pesar de su amplia difusión actual, la referencia más antigua que registran las hemerotecas es un texto que se publicó en 1849 en el periódico El Socialista, que editaba el médico italiano José Indelicato en Guadalajara, Jalisco.

El experto Adán Cabral Sanguino nos dice que la costumbre tiene sus orígenes en la época colonial e incluso se vincula con ciertas expresiones de religiosidad ibérica de la alta Edad Media.

Se enriqueció después en la Nueva España con elementos prehispánicos, como el culto a Mictlantecuhtli (dios de la Muerte), los tzompantlis (troncos de cráneos de sacrificados y posible origen de las calaveritas de dulce) y la poesía precortesiana.

En la época novohispana, se relacionó a las calaveras con la supuesta madre Matiana o del Espíritu Santo, a quien le atribuían profecías y epitafios que se transmitían oralmente. De acuerdo con registros históricos, esta mujer nunca fue monja. Lo cierto es que ingresó al Convento de San Jerónimo para servir de criada a una religiosa que sufría demencia.

Hay también quien señala que en el Virreinato era muy usual utilizar largos y ostentosos nombres y alabanzas para los epitafios de los nobles y poderosos de abolengo monárquico o aristocrático.

Ante la proliferación de esta cursilería, los escritores mexicanos comenzaron a utilizar sus propias rimas satíricas a modo de burla de estas exageradas ponderaciones de las virtudes de los nobles.

Por lo general se trataba entonces de una crítica social dedicada a algún miembro del Estado burlándose, o bien reclamando a la persona hechos en favor de la comunidad.

Desde luego que la censura colonialprohibió la libre circulación de estas composiciones en las gacetas y otros medios impresos, por considerarlos irreverentes.

Otros autores comentan que ese tipo de versos se conocieron antiguamente como panteones o versos asesinos, que nacieron a modo de epitafio burlesco y como modo de expresar ideas o sentimientos que en otras oportunidades seria impropio o grotesco.

Con información de Milenio