Monitor Nacional
La historia detrás de filas y desabastos venezolanos
Calidad de Humano | Enya Sandoval
26 de mayo de 2016 - 12:13 pm
columna
Millones de horas en donde la gente podría haber sido productiva se van a la basura en filas esperando comida

Recientemente, Coca Cola ha anunciado su salida del mercado venezolano. Se debe a la renombrada escasez de algunos alimentos tales como el azúcar, lo que hace que la producción de Coca Colas sea imposible.  Esto ocurre después de que la compañía estatal encargada de procesar el azúcar anunciara un corte temporal a la producción de la misma. Varios empleados custodian las plantas productoras de la embotelladora temiendo que el gobierno de Maduro tome las instalaciones de acuerdo con Proceso. La empresa Polar también cerró su producción de cerveza por no poder obtener la materia prima se sus productos y no haber apoyo del gobierno al sector privado en forma de préstamos.

La historia de la escasez venezolana no es nuevo cuento. Mientras una crisis económica severa hunde al país, los primeros afectados son sus ciudadanos. Si bien, hay medios que culpan completamente al gobierno de Maduro, hay otros que culpan a las empresas, según su posición política.

En las noticias se notan las filas de horas de gente esperando comprar los productos regulados y se habla del desabasto de objetos indispensables como papel de baño, pañales, toallas sanitarias o comida. La crisis va a una ideología existente desde que Chávez encabezó el poder en el país sudamericano. La historia de esta crisis será para otro día. Hoy me gustaría enfocarme en entender si el desabasto y las filas enormes son una cosa real y si en verdad son las empresas las culpables de que el sistema económico no esté funcionando.

La primera fila en un mercado venezolano surgió en 1989, cuando los periódicos comenzaban a hablar de desabasto y angustia. En la actualidad sigue siendo una realidad que puede durar desde 20 minutos hasta horas enteras. Los objetos que se terminan obteniendo después de la larga espera son relativamente pocos en comparación de los que podemos obtener nosotros yendo a un supermercado normal a hacer la despensa. Mucha gente acusa a las empresas de tener abastecimiento para abrir las puertas al público en confianza o que sus inventarios terminan por caducarse siendo guardados. Sin embargo, se olvida que, más allá de los intereses de las empresas privadas, hay graves deficiencias en la manera en la que el estado maneja sus recursos.

Venezuela es un país que, en lugar de tratar de economizar recursos, los desperdicia. Tomaremos de ejemplo el petróleo. Básicamente, uno de los lugares con mayores reservas de petróleo en el mundo es Venezuela. Cuando el barril pasaba el precio de cien dólares en el mercado internacional, los que más beneficiados se veían eran los países productores, llámese México o Venezuela. El problema surge cuando las ganancias no son destinadas a cubrir problemas sociales básicos existentes como la educación, la salud o la seguridad. Así mismo, el estado se ha dedicado a la estatización de empresas, bajando su posible ingreso por impuesto de las mismas y administrándolas de forma ineficiente y burocrática. PDVSA, compañía encargada de la extracción de petróleo resulta también ser quien importa alimentos para distribuir y abastecer al pueblo. ¿Es malo? No, por fuera suena bien, pero que una petrolera se encargue de alimentos no tiene sentido. Ese no es su giro y su administración debería enfocarse completamente en obtener un mayor rendimiento en su producción y logística de repartición, no en ver si los alimentos se pueden entregar antes de echarse a perder.

La burocracia también ha vuelto al pueblo ineficiente. Las importaciones se pueden hacer únicamente en dólares, los cuales compras del gobierno, sin antes pasar por una serie de papeleo preguntando las razones y argumentos de tu compra. Las empresas nacionales no llegan a la producción que tenían antes debido a la constante necesidad del gobierno de llenar formas que vuelven su trabajo más burocrático que nada. Entre tantas fallas de coordinación, la corrupción no se absenta de aparecer.

Este fenómeno parece no acabar cuando se traduce a las grandes filas en los mercados y tiendas de abastos. Millones de horas en donde la gente podría haber sido productiva se van a la basura en filas esperando comida, que, aunque sean veinte minutos diarios, se traducen a semanas enteras en un año laboral. La gente cuando tiene la oportunidad de comprar, compra lo más que pueda de esos objetos ante la falta de comida suficiente, fomentando más el fenómeno del desabasto.

El esfuerzo del gobierno en vigilar que la gente no compre más de la cuenta es gasto público de dinero y recursos malgastado que bien podría ser utilizado en mejorar la calidad general de vida y no de oprimir y causar especulaciones falsas de la gente en el valor de su moneda que está ya, de por sí, devaluada. Estos controles utilizan tecnologías que parecen absurdas para proteger un kilo de pollo, por ejemplo.

El problema de los gobiernos completamente centralizados en países enteros es que poner a toda la gente a luchar por un mismo objetivo es muy difícil, ya que cada quien tiene intereses propios que cumplir. La intención de querer administrar todo desde una persona que no está familiarizada con todas las industrias termina por reflejarse en un desperdicio de esfuerzos y recursos.

Como parte de las medidas económicas de un gobierno centralizado, entra el establecer precios fijos a productos regulados. La intención de esto era garantizar que, sin importar el estatus socioeconómico de una persona, esta iba a ser capaz de comprar cualquier producto regulado que se considere básico. Y, en teoría, suena fabuloso, pero aunque el gobierno trató de asignar precios “justos”, la economía del país no se veía muy bien. Estos precios se actualizaban de manera tardía a la inflación existente.

Permítanme poner un ejemplo para ilustrar esto. Imaginemos que somos dueños de una tienda que vende quesos, uno de los tantos productos regulados de Venezuela. El queso me costó 20 bolívares y el precio asignado es de 40 bolívares. Dentro de un mes, yo debo mantener el mismo precio al público por el queso, pero la inflación ha subido a tal nivel que el costo real es mayor a 40 bolívares y venderlo implica una pérdida para mi negocio. Esto me haría imposible que después llenara mis inventarios y pudiera volver vender queso. Por consecuente, opto por guardar los quesos hasta que los precios del gobierno cambien de acorde a la inflación.

De igual forma, el ingreso nacional ante la caída de los precios internacionales de petróleo, las estatización de empresas privadas y los impuestos, no llegaba a cubrir el gasto público necesario, por lo que al gobierno de Maduro se le hizo sencillo imprimir más dinero para poder sobrellevar las cuentas nacionales. Esto generó una inflación que el Fondo Monetario Internacional ha clasificado como la más alta registrada en los últimos años.

La inflación se genera cuando hay un exceso de dinero circulante en una economía a la que, naturalmente, los precios también subirían, ya que sigue habiendo la misma producción. Sin embargo, como los productos controlados no permitían ese incremento de precio, el quiebre de muchas empresas era inevitable. La producción se cayó y la nacionalización masiva de empresas seguía en pie para subsidiarlas y hacer un intento por mantenerlas a flote. No obstante, el gobierno no tenía el conocimiento o la experiencia de administrar la producción de las granjas adquiridas.

La situación por la que vive Venezuela parece ser un espiral sin salida que a la larga va a ocasionar hambre y desempleo si no se toman las medidas necesarias. Se debe considerar la apertura del mercado y el cambio de las políticas exteriores para evitar que la miseria invada más a las familias venezolanas. Los cortes a la electricidad van a seguir, el desabasto de mercados y de hospitales también. El presidente no está dispuesto a asumir la responsabilidad y se niega al cambio. Es el poder a coste de la vida de sus ciudadanos. Ellos abren sus refrigeradores buscando comida y lo único que encuentran es un cartel que dice “tenemos patria”, el cual nunca los va a alimentar.

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