La incertidumbre de la democracia latinoamericana

Incertidumbre-latinoamericana

Por Uriel Naum Ávila

Llegan evangélicos al poder, izquierdas, derechas, centros, exgerrilleros y hasta exmilitares. Los vemos en Guatemala, Costa Rica, El Salvador, México, Argentina y recientemente en Brasil, con personajes como Jair Messias Bolsonaro, el militar que genera temor en un segmento de la población brasileña y también latinoamericana.

La buena noticia, más allá de Venezuela y Nicaragua, es que nos gusten los personajes o no, las alternancias se están dando en la región, aunque no necesariamente entre los partidos tradicionales, sino con actores políticos que, incluso, hasta hace poco tiempo eran unos perfectos desconocidos.

Esto se explica, según Rebeca Grynspan, secretaria General Iberoamericana, por el voto de castigo de un importante segmento de la población contra el sistema partidista que ha predominado en las estructuras políticas de la región latinoamericana y los pocos resultados para alcanzar objetivos de desarrollo. Y añado: también por los altos niveles de corrupción que no solo han permitido el cobro de ese ‘impuesto’ ilegal, sino que también incide en los sistemas de justicia, tan vulnerables en América Latina, reflejados en altos niveles de violencia, por ejemplo.

De esta forma, en este confuso panorama político de la región, algo bueno parece suceder: la construcción de una ciudadanía menos tolerante a la corrupción y al statu quo, a los de siempre. ¿Esto significa que vamos hacia sociedades mejores, más incluyentes y desarrolladas?, preguntaba recientemente una periodista en esa misma mesa donde se encontraba Rebeca Grynspan. La respuesta fue lapidaria: No necesariamente.

Crecer en la democracia duele. A diferencia de los sistemas autoritarios, siempre está la sombra de la incertidumbre. Es parte del juego. Eso significa que en ocasiones se gana, pero en muchas otras se pierde.

*Uriel Naum Ávila es periodista de negocios de América Latina

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