Monitor Nacional
La inconsciencia histórica
Divisadero | Eduardo Gonzalez
7 de junio de 2017 - 12:58 pm
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Sin temor a equivocarme puedo decir que la historia electoral mexicana es la historia de un fraude

Los resultados preliminares de la jornada electoral del fin de semana pasado llevada a cabo en cuatro estados de la República nos vuelven a mostrar la debilidad de la conciencia histórica, política y social de un amplio sector de la ciudadanía.

En esta ocasión no me quiero centrar en las añejas prácticas fraudulentas del Partido Revolucionario Institucional, ni en algunas de las puestas en marcha por el resto de los partidos que tan bien han aprendido del tricolor. El espacio no sería suficiente para deshojar la margarita de triquiñuelas para conseguir los votos ciudadanos. Desde luego, descalifico todas las prácticas antidemocráticas que se utilizan antes, durante y después de la elección para hacerse del triunfo electoral.

Lo que me interesa comentar en esta ocasión son los cientos de miles de sufragios obtenidos por el PRI. Para ponerlo en su justa dimensión estamos hablando de los votos recibidos por los habitantes de entidades que han dado muestras de las peores prácticas de gobierno. Tanto el Estado de México, como Nayarit, Veracruz y Coahuila son estados donde el daño patrimonial producido por el PRI a sus habitantes ha sido mayúsculo.

En las cuatro entidades los ejemplos de rapacidad por parte de la clase política, la violencia, la inseguridad, la corrupción, la impunidad, la violación a los derechos humanos, la persecución de los periodistas, el narcotráfico, la miseria de millones de sus habitantes, el bajo nivel de desarrollo humano, la delincuencia común, nos dejan pasmados frente a la pasividad ciudadana, que pareciera que únicamente se mueve para “agradecerle” al PRI mediante su voto, la miseria en la que viven. Se les olvidó el Veracruz de Javier Duarte, el Coahuila de los Moreira, el Edomex de Peña Nieto.

Cuando se habla de las condiciones necesarias para que exista una revolución social se dice que estas deben ser objetivas: hambre, miseria y opresión; y subjetivas: necesidad, sentido y dirección. Si atendiéramos solamente a las condiciones objetivas no cabe duda que México estaría en una revuelta social permanente; sin embargo, cuando observamos las cualidades de las condiciones subjetivas podemos darnos cuenta de la falta de conciencia social que juega las veces de un pesado lastre que impide construir una mejor ciudadanía.

Sin temor a equivocarme puedo decir que la historia electoral mexicana es la historia de un fraude. Un frade permanente. No solo por las trampas previas y durante la jornadas electorales, sino por la miseria de las promesas de campaña, la flaqueza de argumentos para obtener el beneficio del voto, la debilidad de los proyectos planteados para salir adelante, el bajo nivel de los candidatos, la poca memoria histórica de los electores, el uso del dinero público para comprar los votos, el silencio de muchos medios de comunicación frente a las marrullerías electorales, la parcial actuación de los órganos electorales.

Frente a ello, es de urgente necesidad que los ciudadanos nos expliquen por qué muchos de ellos votan por el PRI. ¿De qué tamaño deberá ser la ofensa del Revolucionario Institucional para que la gente deje de votar por ese instituto político? Pareciera que existe una relación perversa y directamente proporcional entre el tamaño de la ofensa y los votos recibidos.

Al día de hoy, no encuentro otra explicación que la falta de conciencia de los votantes del tricolor.

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