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La lección de quien quiere quitarse la vida

Existe un proverbio indio que dice: ‘‘La vida es un puente, crúzalo, pero no construyas nada sobre él’’ la connotación que cada uno quiera darle es algo similar a lo que encontraremos en este croissant francés preparado deliciosamente por Marthe Villalonga y Sandrine Bonnaire.

Es la historia de Madeleine —Marthe Villalonga— una mujer que decide anunciar a su familia en el marco de su cumpleaños número 92 que ya está cansada y está preparada para morir. El duro golpe del anuncio hará que su familia se divida haciendo todo lo posible para disuadirla de su drástica decisión. Su hija Diane —Sandrine Bonnaire— será su más cercana aliada compartiendo los últimos pendientes de su madre con humor y filosofía.

El filme está basado en el libro de Noëlle Châtelet donde narra los acontecimientos vividos al lado de su madre cuando esta decide suicidarse. El ingrediente principal de este bocadillo titulado ‘‘La Dernière Leçon’’Mi última voluntad en español— no es fácil de preparar, y mucho menos de digerir, porque aborda el tema de la muerte digna, mencionar la palabra suicidio resultaría ofensivo, vulgar y hasta inoportuno para muchos. Su directora Pascale Pouzadoux coloca este delicado tema tan discutido entre la comedia y el drama para poder verle desde diferentes perspectivas a través de los ojos de su familia, pero no desde el punto de vista éticamente correcto, aunque cada uno se formará su propia opinión, hay algo que sobresale y se muestra indeleble a lo largo de la historia, y es el respeto a las decisiones de los demás.

A pesar de que Mady goza de buena salud física y mental, salvo los propios achaques de la edad, ella no quiere convertirse en una carga para su familia, el trajín de la vida, los amores, y los hijos la han dejado sumamente exhausta por lo que desea morir de una sola pieza. Entonces ¿por qué no planificar la muerte, así como se hace con la vida?, suena duro, pero pone en el tintero una opción ante las vicisitudes que resultan de vivir, sin importa lo hagas bien o lo hagas mal.

La película resulta un buen ejercicio para darnos cuenta —volviendo al proverbio indio— de que nada es para siempre, vivimos planeándolo todo como si fuéramos eternos, postergamos viajes, trabajamos más de la cuenta y todo para olvidarnos de lo verdaderamente importante. Aquí es donde hace su aparición Diane, la hija que se encargará de apoyar incondicionalmente a su madre en todo lo que necesite para este viaje eterno, y más que una hija, se convierte en su cómplice de aventuras, a pesar de no haber aprobado la decisión en un principio, terminará respetándola con total solemnidad y entereza.

El suicidio es abordado con clase y gallardía, desprovisto de moralidad y falsa vanidad, la emotiva lección de la última voluntad de Mady exige admiración y respeto, ese que se otorga a quien ha logrado todo lo que se ha propuesto y decide entonces marcharse con la frente en alto, conmovida por lo que fue su vida. Al final lo único que nos llevaremos es lo que hemos vivido y lo que hemos comido.