Monitor Nacional
La “libertad” de ser mujer
Portada | Elisa Sandoval
19 de abril de 2016 - 8:54 pm
columna
Las maneras de agredir a una mujer abarcan violencia física, verbal y psicológica

Cuando somos pequeñas y nuestros padres nos empoderan a salir y hacer cosas nuevas, a desarrollar nuestras habilidades y vencer nuestros miedos, ¿acaso se dan cuenta que el más grande impedimento al cual nos enfrentamos es el ser mujer?

Desde muy pequeñas se nos educa para comportarnos, vestirnos, hablar e inclusive pensar como una señorita. Esto no tiene absolutamente nada de malo, sin embargo lamentablemente y muy frecuente todas estas ideas se transforman en un problema mayor; se relaciona el ser mujer a ser el sexo débil y oprimido.

En un país tan machista como lo es México, el oprimir a las mujeres por su sexo es una practica de lo más común. Lo peor de estas practicas no es que se nos impongan, sino que las aceptemos y veamos como algo normal. Cada vez que se le prohíbe hacer cierta actividad a una mujer por el hecho de que no es hombre, llámese trabajo físico o mental, nos topamos con uno de los casos de discriminación que más impacto tiene pero que sin embargo nadie se preocupa por detener.

La segregación de las mujeres de actividades que deberían ser para ambos sexos, posteriormente recaen en el mismo patrón con el cual ya estamos muy familiarizados: la violencia contra la mujer y los feminicidios.

Según el INEGI 63 de cada 100 mujeres han sufrido un momento de violencia en el hogar, principalmente por parte de la pareja. ¿Y a qué podemos atribuir este maltrato? A que desde pequeños se nos vende la idea de que el hombre debe tener cierto control y superioridad sobre la mujer. Si combinamos en la misma ecuación un país machista como México con la violencia contra la mujer, el resultado no puede ser otro mas que los feminicidios con los cuales ya nos hemos familiarizado últimamente.

El feminicidio se ha naturalizado de una forma indignante en nuestra sociedad y las cifras lo comprueban. Tan solo entre el 2012 y el 2013, fueron asesinadas 3 mil 892 mujeres, de los cuales solo al 1.6% de los casos se les dio seguimiento y sentencia a los agresores. Un aproximado de una mujer asesinada cada cuatro horas. Esta cifra posiciona a México en el top 10 de países en el tema de feminicidios, solo por debajo de países como Honduras y el Salvador. Si actualizamos un poco las cifras, lógicamente, aumentaron. Del 2013 al 2014 fueron asesinadas 7 mujeres por día en nuestro país “defensor” de los derechos humanos.

Para justificar el tema del feminicidio se dan diversas excusas que se resumen a una misma cosa: la mujeres son quienes lo provocan. Éstas justificaciones parten desde que la mujer habla de cierto tema que “no le corresponde” por ser mujer hasta su forma de vestir. En México es común decir que si una persona sufre un atentado en contra de su vida es porque esa persona hizo algo previamente lo cual concluyó en el atentado a su vida. En el caso de la violencia a la mujer, muy comúnmente, se le es atribuida toda la culpa de la de los actos de agresión en su contra. La cultura mexicana gira entorno a que las mujeres deben ser sometidas y restringidas de ciertos derechos, tal y como el de expresión, porque al ser “inferiores” que los hombres, no les corresponde ese papel de expresar su opinión.

Algo que también resulta alarmante es la metódica con la cual se llevan a cabo estos actos de violencia contra la mujer. Las maneras de agredir a una mujer abarcan violencia física, verbal y psicológica. La violencia física va desde una violación sexual hasta el homicidio. La verbal va desde frases denigrantes, como los piropos, hasta el uso de palabras hirientes y denigrantes. La psicológica tiene un amplio repertorio que va desde impulsar la idea del sexo débil hasta la segregación de actividades por razones de género.

Estos viles actos de violencia en contra de la mujer son el reflejo de las malas condiciones en las cuales se encuentra el país, reflejan el déficit en la salud de la sociedad mexicana. También reflejan no la falta de interés, sino la falta de capacidad con la cual cuentan nuestras autoridades para actuar en el proceso resolución del conflicto, llámese prevenir, evitar o castigar el delito.

El empoderamiento de la mujer debe ir de la mano del respeto a la misma. Desde pequeños se debe impulsar el fomento de una cultura que se base en el respeto, la igualdad y la inclusión de las mujeres no como superiores, sino como semejantes a los hombres. Debemos dejar de hacer distinciones entre hombre y mujeres, entre fuerza y debilidad, entre roles de genero; ya que todos estos factores posteriormente pueden escalar de una manera tan grave cuyo desenlace puede llegar a ser la muerte de un ser humano cuyos derechos se vieron violentados por motivos que en realidad no son justificables y mucho menos válidos.

Estas ideas utópicas de un México con igualdad de genero pueden ser posibles siempre y cuando se lleven de la palabra a la práctica. A las mujeres no se les debe respetar por ser la madre de alguien, la hermana de alguien o la hija de alguien; el respeto debe ser brindado simplemente por el hecho de que esa mujer es alguien; un ser humano digno de respeto. La violencia en contra de la mujer en nuestro país esta muy latente y día con día va en aumento. No basta con estar enterados del problema para crear conciencia; se debe actuar a favor del alto a la violencia. Las palabras significan poco si las acciones no las respaldan.

Entonces, ¿como podemos decir actualmente que vivimos en una cultura que ayuda al empoderamiento de las mujeres, si nos encontramos con estas cifras tan alarmantes que demuestran una situación indignante que refleja todo lo contrario? La libertad de ser mujer, con todo lo que esto conlleva, es un término que desafortunadamente se encuentra muy lejos de ser una realidad en México.

Actualmente todo está evolucionando, todo esta cambiando menos la ideológica machista que impera, en especial, en nuestro país. Es tarea de todos, hombres y mujeres, ayudar a esta evolución para así poder llegar a un punto donde la igualdad y el respeto sea la base de la convivencia humana.

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