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La migración no se atiende con fusiles

En la caravana realizada por “Pueblo sin Fronteras”, denominada Viacrucis Migrante 2018 a través de nuestro país, van mil 500 centroamericanos del llamado triángulo del norte: Honduras, El Salvador, Nicaragua y Guatemala, con la intención de solicitar asilo en Estados Unidos a consecuencia de los altos niveles de violencia y pobreza en sus comunidades. El año pasado, casi 15 mil centroamericanos pidieron asilo, 66 por ciento más que en 2016 y once veces más que hace cinco años, lo que muestra la urgencia social que experimentan esas personas.

La caminata que se realiza desde hace diez años en Semana Santa, también tiene como objetivo visibilizar el fenómeno migratorio y combatir la criminalización, victimización y discriminación que sufren las personas migrantes a lo largo de nuestro país y a su arribo a Estados Unidos.

A diferencia de otros años, el Viacrucis Migrante atrajo con mayor fuerza la atención del gobierno estadunidense; como consecuencia de ello, Donald Trump demandó a las autoridades mexicanas la detención de la caravana por considerar que se nutría de “manadas de migrantes peligrosos camino a la frontera”; la exigencia de la Casa Blanca no paró ahí, pues aseguró el presidente norteamericano que de no detener el andar migrante habría “castigos” en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Las bravuconadas no pararon ahí, el jefe de la Oficina Oval firmó este miércoles una orden para iniciar el eventual despliegue de la Guardia Nacional a la frontera con nuestro país con la intención de “ayudar” a la Patrulla Fronteriza en las tareas de vigilancia y responder al “aumento drástico” de la actividad “ilegal” fronteriza. Esto a pesar de que las leyes federales del vecino del norte prohíben que los soldados participen en operaciones policiales en su territorio, y hagan cumplir las leyes migratorias.

Frente a ello, las autoridades mexicanas respondieron, aunque no con la energía y en el tiempo que debía, que no actuarán en función de las presiones estadunidense. Sin embargo, el día de ayer el Viacrucis Migrante anunció que debido a las amenazas de Trump, la caminata quedará disuelta el próximo lunes, aunque el secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, rechace lo manifestado por los migrantes.

El Instituto Nacional de Migración (INM) ya había entregado 635 oficios de salida para que los migrantes, en un plazo de 30 días, pudiesen moverse por nuestro país, incluso se abría la posibilidad de solicitar asilo en México. Todo terminó luego de las amenazas de Trump.

En este contexto me parece que el “gobierno” de Enrique Peña deberá responder de forma más enérgica y poner sobre la mesa de las negociaciones comerciales las cartas que tenemos para jugar: la lucha contra el narcotráfico y el tránsito de migrantes centroamericanos por nuestro país rumbo a la Unión Americana; de esa manera se podrá presionar a la Casa Blanca para obtener mayores beneficios comerciales y vencer las difíciles condiciones de la renegociación del TLCAN.

No obstante, lo sustancial en estos momentos son las personas migrantes, quienes por ningún motivo deben ser vistos como una amenaza ni para México ni para Estados Unidos, por el contrario, la precaria situación en la que viven debe ser aprehendida como un problema humanitario, y no como un asunto de seguridad para nuestros países. A no dudar, la migración debe atenderse desde un esquema humanitario y no militar. La migración no se atiende con fusiles, se detiene brindando a la gente condiciones de vida digna en las comunidades de origen.