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La militarización del país no es la solución

La militarización del país no es la solución, a menos que se pretenda continuar con los paupérrimos resultados conseguidos hasta el día de hoy por los militares y marinos combatiendo el crimen organizado.

La militarización del país no es la solución, a menos que se esté planeando la represión ciudadana frente a la imposición político-electoral de José Antonio Meade en 2018. La militarización del país estaría en la lógica de reprimir y acabar con las manifestaciones pacíficas, investigar, perseguir y detener a civiles; así como intervenir en amplios sectores de la sociedad con el pretexto de la lucha contra el crimen.

La militarización del país no es la solución, a menos que se quiera continuar con las prácticas de violación a los derechos humanos en las que han incurrido soldados y marinos con el falso discurso del combate al crimen organizado.

La militarización del país, no es la solución para fortalecer la democracia y la viabilidad política de la República. La militarización del país, corre en una vía opuesta.

Aunque la militarización del país no es la solución a los problemas de la violencia y la inseguridad, 248 diputados aprobaron la Ley de Seguridad Interior (LSI), contra el rechazo de 115 y la abstención de 48. Con ello, se da entrada a la demanda del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional Defensa, general Salvador Cienfuegos, quien desde hace más de un año pidió que se avalara en la ley la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad.

No obstante que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, afirma que la LSI “no significa militarizar al país, sino dar certeza a los ciudadanos a qué va un militar, un marino o un policía federal en apoyo a los estados, como hoy está sucediendo”, en la práctica estaremos viviendo un recrudecimiento de la militarización de la República.

Como sucede en tantas ocasiones, el gobierno se niega a mirar con ojos críticos los resultados de sus pésimas políticas de seguridad. Resulta un absurdo que la LSI venga a legaliza la participación de las fuerzas armadas en las tareas contra el crimen en lugar de regresar a los soldados a los cuarteles.

No tengo duda que el resultado de ello, será una carta abierta para la discrecionalidad en la lucha contra los criminales, y generará un aumento en la violación de los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas, como se ha venido multiplicando desde 2006.

La solución del país no es la militarización. La solución cruza necesariamente por el fortalecimiento y profesionalización de las policías de todos los niveles; atraviesa por la lucha frontal contra la corrupción y la impunidad, así como el maridaje de autoridades y criminales. Toca obligadamente a las políticas económicas que generen desarrollo social en la población y propicien condiciones de vida diga para miles de mexicanos que buscan en las prácticas criminales la manera de obtener los recursos a los que no pueden acceder por las vías legales. En tanto, los encargados de la seguridad del país continúen involucrados en las actividades criminales, la militarización del territorio nacional lo único que hará es violentar más el país.

Quienes miran en la militarización de la nación la solución a la violencia y la inseguridad, no deben olvidar que a lo largo de tres sexenios los militares en las calles no han dado resultados positivos. En los últimos diecisiete años hemos experimentado la mayor espiral de violencia en la historia reciente de México. Nada más errático para terminar con esa realidad, que legalizar la presencia militar en las calles mexicanas. Debemos parar esta situación antes de que sea demasiado tarde.